Aún con la resaca emocional del homenaje que recibió en el festival Novos Cinemas latente, Carla Simón (Barcelona, 1986) quiso compartir con el público pontevedrés su última película, Romería, el film con el que cierra la trilogía familiar que inició con Estiu 1993 y continuó con Alcarràs.
Nominada a seis Premios Feroz, es, sin duda, la película más 'gallega' de esta realizadora, que reconoce que rodar esta historia Galicia, de donde procede su familia paterna, ha sido "reparador". Siente que, a partir de ahora, "me siento con más capacidad de jugar".
En esta entrevista con PontevedraViva, Simón reflexiona acerca de su trayectoria cinematográfica o sobre su papel, como el de muchas de sus compañeras, como referente de un cine en el que las mujeres "abordamos temas que nunca se habían abordado desde nuestra perspectiva".
¿No habías vuelto a Galicia desde que estrenaste Romería?
Sí, no venía desde agosto.
¿Cómo ha sido este regreso?
Bien, pero ha sido muy exprés. Siempre me hace ilusión, la verdad. Aunque esta vez no voy a poder pasar por Vigo. A Pontevedra me gusta venir. Ya había estado en Novos Cinemas con Estiu 1993. Hoy han venido a verme actrices de Romería. Estoy muy contenta.
¿Por qué dices que Galicia es tan importante para ti?
Mi padre era gallego. Su familia también. Es un sitio que se relaciona mucho con mi historia familiar. Mi madre le conoció en Vigo en los 80. Vivieron una gran historia de amor. La cuento en la película. Al final, entre los viajes previos y el rodaje, he vivido aquí medio año de mi vida.
¿Romería te ha servido para sanar, para reconciliarte con tu pasado?
Sí, ha sido una película muy reparadora. Nació un poco de la frustración que yo sentía por no poder entender o no saber cómo fue la historia de mis padres. Inventar esas imágenes que me faltan, me ha ayudado a dejar ir y a cerrar todas las preguntas que tenía sobre mi historia familiar.

¿Ha sido más emotivo para ti escribir la película o rodarla?
Toda la historia de mis padres es una historia que tengo ya muy bien colocada. Digamos que es un material con el que trabajo que, evidentemente, me emociona mucho pero no me causa dolor. Sí esa frustración de la que hablaba, pero no un dolor difícil de gestionar.
Y claro, luego pasa también que cuando estás rodando estás casi en un modo de supervivencia. Intentas irte a casa con todo el material que necesitas. Toda esa parte como más emocional de conectar con una misma es más difícil. Pero sí, hubo momentos muy mágicos. De tener la sensación de estar filmando aquello que tanto deseaba conocer sobre mis padres.
Decías que al público gallego siempre le resonó tu cine. ¿Con esta película lo has notado más?
Claro. Primero porque se rodó aquí, Pero creo que todavía más porque habla sobre una cosa que en Galicia fue muy fuerte, que son todas esas muertes en los años 80 relacionadas con la heroína. Tocó en todas partes de España, pero aquí provocó muchas pérdidas.
Cuando vine con Estiu 1993 tenía mucha curiosidad para ver cómo resonaba esa historia. Ahora, ocho años después, hay una voluntad más generalizada de hablar de esa generación desde otros sitios que no sea el castigo, la culpa y la vergüenza. De hacerlo desde un sitio más luminoso.

¿Esta experiencia gallega crees que enriquecerá tu cine?
Yo siento que Romería, de alguna manera, me ha liberado mucho, me ha dado alas para volar y para usar el cine también con otros fines, a lo mejor de una manera un poco más poética que ese compromiso que yo tenía antes con la realidad, tanto en Estiu 1993 como en Alcarràs. Creo que ha sido un paso hacia esas nuevas exploraciones que vendrán.
¿Sientes vértigo al enfrentarte a esta nueva etapa personal y profesional?
Cuando empiezas un nuevo proyecto, vértigo siempre hay. Pero lo siento en positivo. Ni tengo miedo ni siento presión. Es, más bien, ganas de explorar cosas nuevas. También de parar y de sentirme afortunada de poder estar en un momento en el que todo puede ser.
Algo se ha cerrado y me siento con más capacidad de jugar. De tomarme las cosas desde otro lugar, que es algo que me apetece mucho. No sé si tiene que ver con la maternidad y con mis hijos o con haber hecho esas películas que necesitaba contar.
¿Crees que, en general, el público está ahora más preparado para un cine más arriesgado, más pausado y más adulto como el tuyo?
Yo creo que hay un deseo de la gente por un cine más independiente, por esas películas que te hacen pensar y debatir. Estamos en un momento dulce, pero eso siempre es muy frágil. De repente va bien en taquilla y al día siguiente va mal. Tenemos que defender este cine. Es una buena alternativa a cierta manera que hay de consumir el audiovisual de hoy en día.

Ha sido un año espectacular para el cine español. Y, sobre todo, para el hecho por mujeres...
Estamos en el camino hacia la igualdad, pero nos falta aún bastante. Yo siempre quiero verlo en positivo. Hay algo que se ha movido para decir, estamos aquí, aquí nos quedamos y seguiremos haciendo cine, que hasta ahora no era así. Pero siento que es un equilibrio muy delicado.
Hay que seguir contando historias desde nuestro punto de vista. Siento que estamos en una especie de reparación temática, abordando temas que nunca se habían abordado desde nuestra perspectiva. Vamos llegando a una mejor situación, pero aún queda mucho camino
¿Vendrás a los Feroz? ¿Qué esperas de esa gala?
Los Feroz es una cita que me encanta y que me hace muy feliz. Son los premios de la crítica y como cineasta eso tiene mucho valor. Y siempre es la gala más divertida. Siempre he sentido que no es una reunión entre colegas. Es, sobre todo, un lugar de celebración.