A Malena Alterio (Buenos Aires, 1974) no le gusta hablar mucho de Aquí no hay quien viva. No porque reniegue de ella, todo lo contrario, está muy orgullosa de ese trabajo. Sino porque fue tal el éxito que la abrumó un poco. Y porque veinte años después, reconoce, raro es que alguien no le pregunte por ella.
Reivindica, y con razón, que su carrera va mucho más allá de su recordado papel como Belén López. Antes y después de aquella serie. Aunque su cara se asocia a comedias de éxito, tanto en cine como en televisión, ha demostrado que, cuando hay se pone seria, también lo borda.
El Goya -y el Feroz- le llegó en 2024 con Que nadie duerma, una película que, para ella, fue "un antes y un después" en su trayectoria. De todos estos años sobre los escenarios ha hablado en Pontevedra, en el marco de las actividades previas a los Feroz 2026.
¿Habías estado alguna vez en Pontevedra?
Yo creo que sí, pero no logro recordar cuándo ni con qué. ¿Sabes qué me pasa? Que con el teatro he girado mucho. Y a no ser que sean sitios a los que voy mucho, hasta que llego y estoy en ella no me doy cuenta. Mi cabeza no es muy rápida en reconocer los lugares.
Este es el segundo año que vienen los Feroz a Pontevedra. En la anterior edición no pudiste venir, ¿te veremos en la gala de 2026?
Pues no lo sé porque, justo en ese momento, empezaremos a ensayar una obra de teatro y no sé si la agenda me lo permitirá. Pero si hay hueco lo voy a intentar. Son unos premios tan divertidos y rompedores que siempre me apetece ir.
Estás en la ciudad para participar en un ciclo sobre la comedia. ¿Qué tiene este género que tanto gusta al público? ¿Por qué crees funciona tan bien en España?
Yo creo que lo que queremos es reír y pasárnoslo bien aunque lo que nos cuenten sea tremendo. Llega de forma muy directa al espectador. Si funciona, la gente se ríe y esa risa se ve, se percibe. A mí, si me dan a elegir, me quedo con la risa.
Me imagino que también ayuda a que hay muy buenos creadores de comedia. Y muy buenos intérpretes, ¿no?
Totalmente, así lo creo. Hace poco he visto Poquita fe o La vida breve -ambas en Movistar Plus- y fui de carcajada en carcajada. Hay unos guionistas que están llegando al público de manera muy rotunda y muy divertida. Están funcionando mucho y yo me alegro.

¿Ahora se hacen comedias más arriesgadas o transgresoras?
Desde luego. Muy arriesgadas y muy divertidas. Y, además, comedias que no tienen nada que ver entre ellas. Hay un abanico muy amplio y eso está muy bien.
Y además, la gente necesita reírse y evadirse del día a día…
Del ajetreo diario y de la vida que nos rodea. Del mundo en el que vivimos o en el que nos ha tocado vivir. Mires hacia donde mires ves horror, injusticias, robos… Poder reírte es sanador y terapéutico. Es una manera de canalizar y de entender lo que pasa y lo que nos pasa.
Una vez, a la salida de un bolo, varias personas me dijeron que se lo habían pasado pipa, que se habían reído un montón y que esa obra la tendrían que recomendar los médicos. Es uno de los mejores piropos que, haciendo comedia, te pueden decir a la salida de un teatro.
¿Y no crees que, a pesar de ese respaldo del público, la comedia todavía está un poco infravalorada? Sobre todo entre la crítica o en los premios.
Siempre parece que se valora más un trabajo dramático, pero hacer comedia es mucho más complejo. Depende de muchas cosas que hacen que funcione o que no funcione. No es fácil. Pero compensa. A lo mejor no es tan premiado pero sí suele ser más visto.
Hace más de veinte años triunfaste con Aquí no hay quien viva. Cuando tienes un éxito tan arrollador, ¿es difícil pasar página? ¿Cómo se consigue que la gente te vea en otros roles?
Eso no está en mi mano. Yo no puedo hacer nada. Aquí no hay quien viva es una serie que está conectando ya con una tercera o una cuarta generación. Es algo que sigue vivo. Conquista a diario a nuevos espectadores y yo ya hace veinte años que no trabajo allí.
No puedo hacer nada más que seguir mi camino y tratar de elegir nuevos trabajos en función de lo que me apetece o de lo que yo entiendo que necesito para seguir creciendo como actriz.

Después llegaron series como Señoras del (h)AMPA o Vergüenza, que también triunfaron. ¿Cómo consigues acertar tanto con los papeles que aceptas?
He tenido mucha suerte pero no creas, también he estado en cosas que han durado una semana. Mi compañera Nathalie Seseña siempre dice que los éxitos perduran y que las cosas que no funcionan se olvidan muy rápido. Lo que hay siempre es mucho trabajo detrás.
¿Y te veremos pronto en televisión de nuevo o ahora mismo estás más centrada en el teatro?
Voy al 'tran tran'. Acabo de terminar una gira de teatro y ahora estoy metida de lleno en el estudio de otra. Parece que me estoy sacando una oposición (se ríe). En televisión, tengo pendiente un episodio de una serie catalana que se llama Citas. Y haré más cosas si me apetecen. Siempre busco proyectos que me nutran y que sean divertidos.
Con Quien nadie duerma, entre otros premios, ganaste el Goya y el Feroz. Ya habías hecho drama antes, pero para muchos fue como una revelación. ¿Lo sentiste así?
Es que claro, la gran mayoría del público me tiene ubicada en la comedia y, de repente verme en otro lado, a lo mejor fue novedoso para ellos. Me alegro. Si se sorprenden para bien, siempre está bien. Lo peor sería que se sorprendieran para mal.
Con Quien nadie duerma tuve dos años maravillosos. Fue un bombazo y, sobre todo, muy nutritivo para mí. Fue un antes y un después también la forma de trabajar. Fue un trabajo creativo entre todos. Me siento muy orgullosa y muy feliz de haber formado parte de ella.
Y en tu caso, pertenecer a una saga artística tan importante como los Alterio, ¿abre más puertas o las cierra?
Las abre. Al principio yo estaba un poco acomplejada. Tenía cierto pudor. Me estaba metiendo en un mundo en el que estaban mi padre y mi hermano. Iba casi pidiendo permiso y pidiendo perdón antes de entrar. Pero con los años te das cuenta de que cada uno hace su camino.
Tenemos un aire familiar pero cada uno tiene su estilo y sus trabajos. El hecho de llevar el apellido Alterio para mí es un orgullo. Voy con la cabeza muy alta porque pienso que el trabajo de mi padre es inmenso. Y ahora viene también mi sobrina Lola. Así que, yo muy orgullosa.

Hasta hace no mucho, muchas actrices denunciabais que a partir de los 40 los teléfonos dejaban de sonar. ¿Sigue pasando?
Va avanzando poco a poco. Estamos mejor que hace diez, veinte o treinta años atrás. Hay un fuerte movimiento feminista del que me siento muy orgullosa por todo lo que está logrando. Pero aun así, creo que hay que seguir insistiendo. Que no se quede en una mera anécdota.
¿Y a ti qué te queda por hacer? ¿O qué te gustaría hacer?
Pues ahora mismo, me gustaría aprenderme todo el texto que me tengo que aprender para la obra que voy a hacer ahora, La vida extraordinaria. Es de Mariano Tenconi Blanco, que es un autor argentino. Estrenaremos en marzo en los Teatros del Canal. Espero que vaya fenomenal y que me divierta muchísimo
¿Tienes alguna espina clavada en todos estos años de carrera?
Creo que no, la verdad. Estoy contenta con cómo me han ido las cosas y con el trabajo que he ido haciendo. No te sabría decirte. A lo mejor hablamos dentro de unos años y te digo, ¿te acuerdas de esa pregunta que me hiciste? Pues ya sí. Pero ahora mismo no.
¿No ha habido algún papel que te hubiese gustado hacer y que no conseguiste? ¿O alguno que hayas rechazado y luego acabó siendo un éxito para quien lo hizo?
No, porque yo trato de pensar que si no lo hago es que no era para mí, que la persona que lo ha hecho lo ha hecho mejor de lo que lo habría hecho yo. Siempre pienso que todo tiene un por qué y que si no sale algo, pues saldrá otra cosa.
