Julia Varela: "Al perder a un padre o a una madre es cuando te das cuenta de que la vida va muy rápido"

Pontevedra
05 de febrero 2026
Actualizada: 19:42

La periodista pontevedresa ha vuelto a casa. Lo ha hecho para presentar su segunda novela, 'Todo por hacer'. Un libro que nos habla de la vida, de la pérdida y del amor. Pero, sobre todo, del duelo

Julia Varela, en el Café Moderno

A Julia Varela (Pontevedra, 1981) escribir la novela Todo por hacer le ha servido para “completar la manera de honrar a mi madre”. En esta historia, ambientada en Galicia, Blanca -como ella misma en su día- pierde a su madre de manera repentina y se replantea su propia vida.

Es, sobre todo, un libro sobre el duelo que abraza las diferentes emociones por las que todos, en algún momento de la vida, debemos transitar. Reconoce que escribir este libro “ha sido duro”, pero lo hizo consciente de que “con todo este dolor se podía hacer algo bonito”.

En plena gira de presentación de este nuevo trabajo, la periodista pontevedresa ha vuelto a casa. Lo ha hecho, primero, para mantener un encuentro con los lectores en Cronopios y, después, para hablar con PontevedraViva del momento vital en el que se encuentra.

¿Qué supone para ti volver a Pontevedra?

Pontevedra es mi familia, es mi casa. Siento aquí un calor muy especial, la verdad es esa. Y también por eso la costa gallega es uno de los escenarios de esta novela. Era inevitable. Galicia, y Pontevedra en concreto, me conduce a todo lo que entiendo yo que es la familia.

¿En qué momento nace Todo por hacer?

La editora de mi primera novela me llamó hace dos años. Creía que tenía que escribir de nuevo. Empezamos a hablar de lo que había ocurrido, el duelo por mi madre y mi propia enfermedad. Me dijo que ahí había algo que resolver y que podría llevarlo a la ficción.

¿Cuándo fuiste capaz de transformar el dolor y el duelo en escritura y en una historia como esta?

Cuando ella me lo propuso yo todavía estaba transitando el duelo por mi madre. No podía hacer nada con ello. Tuve que esperar un año o año y medio y digerir todo ese dolor. Ahí, ya con la emoción medianamente masticada, me sentía capaz de llevarla a la literatura.

Al principio, no puedes hacerlo. Con una muerte reciente de un ser querido es imposible. Hasta te atenazas físicamente, te impide escribir. Pero con el tiempo, empiezas a pensar en si con todo este dolor se puede hacer algo bonito o construir una ficción que camine hacia la luz. 

¿Hay mucho de Julia en Blanca, la protagonista de esta historia?

Bastante. Y en otros personajes también. Hay mucho de mí porque yo solo puedo hablar de lo que veo, de lo que siento. Y, de alguna manera, lo voy diseminando por todos los personajes. Pero hay mucho en ella de la mujer contemporánea o de mis amigas.

También me han influido historias que he leído a lo largo de este tiempo. De secretos que se descubren cuando un familiar fallece. Esas huellas en las que empezamos a indagar, conociendo a la persona de otra manera. En cierta manera, es bonito descubrir esos silencios.

Julia Varela, en el Café Moderno con su novela 'Todo por hacer'Cristina Saiz

Cuando alguien se va esos silencios se diluyen, ¿no?

Es curioso eso, sí. Hay silencios en la familia, por ejemplo en el caso de una madre que fallece, que se guardan para proteger a alguien. O porque en ese momento, por la presión social, no pudo contarlo. Incluso por la situación misma de la mujer en el pasado.

Pero hay otros silencios, que yo creo que hay que respetar mucho, que son cosas que no han querido contar. Esos silencios son los más bonitos. Nos descubren facetas de esa persona que quizás no te imaginabas. Albergan algo bonito. Está bien que haya esos silencios en las familias. 

¿Y cómo se transita por ese proceso? Porque también puede haber momentos de enfado

Mucho enfado, sí. De por qué nunca me contó eso. Lo refleja también la novela. En esos momentos de duelo, cuando esa persona ya no está y empiezas a ver indicios de cosas que no sabías y no comprendes, hay momentos de rabia y de ira. 

Pero luego también llega el momento de la culpabilidad. Quizás no me lo contó porque yo no estaba ahí cuando debería estar. Hay una serie de fases en ese duelo por los seres queridos que solo conocemos de una manera abrupta cuando sucede ese acontecimiento grave.

¿Crees que nos cuesta hablar de la muerte y del duelo?

Vivimos de espaldas a la muerte, es así. Y más en la sociedad contemporánea. Vivimos como si nos fuéramos a morir, como si la muerte no estuviera ahí. Es más cotidiano de lo que creemos y, a veces, sucede por azar. Cuando llega es duro y no tenemos herramientas para afrontarlo.

Antes era natural explicarle a los niños que la muerte es parte de la vida. Les llevábamos a los velatorios de la mano. Lo veían y lo asumían desde el principio. Ahora queremos protegerles, pero cuando les ahorras esa realidad si llega de una manera imprevista es más duro para ellos.

Nadie nos prepara para la muerte…

Nadie, es verdad. No sé si debería incluso haber una asignatura en la educación. Pero creo que deberíamos ser más claros desde el principio. Con explicaciones asequibles para su edad, pero sin ahorrarles ese sufrimiento porque los hacemos frágiles. Y, sobre todo, sin mentirles.

Dices en la novela que la muerte de una madre no se supera nunca

Creo que no. Las madres justifican nuestra asistencia. Que estemos aquí. Creo que lo son todo, independientemente de cómo te lleves con la tuya. Cuando llega ese momento, te das cuenta que ellas lo son todo. Son calor, son nuestro refugio.

Cuando se van, te enfrentas a un sentimiento de orfandad nunca visto y desconocido. Te sientes más solo y desorientado. Sientes que todo va a cambiar porque ella ya no está ahí. Luego ese duelo se transforma. En un echarle de menos siempre, en convivir con esa ausencia.

Al principio, es un poco paranormal. Piensas que va a entrar por la puerta en cualquier momento. Sentimos hasta su olor. Utilizamos todos sus objetos materiales para sostenernos y conectarnos con ella. Buscas luz en todas las huellas que ha dejado. Yo lo sentí así.

Julia Varela, en el Café ModernoCristina Saiz

Hablabas antes de la culpabilidad. También la vive Blanca, ¿no? El sentirse mal por seguir viviendo e intentar ser feliz

Piensas en que si eres feliz de nuevo y te reincorporas a la vida, te vas a olvidar de esa persona. Eso no ocurre. A mi me daba miedo que el recuerdo de mi madre con el tiempo se diluyese en mi memoria. Pero tenemos mecanismos para no olvidar nunca a los que queremos.

Y claro, desde el principio hay culpabilidad por todo lo que no hiciste, por las palabras que no dijiste, por no acudir a tiempo, por la llamada que no respondiste… Pero me di cuenta con el paso del tiempo, una vez digerido el duelo, que esos errores hay que asumirlos.

En la novela, abordas también la dinámica de Blanca con su hijo. ¿Qué era lo que más te interesaba de ese ángulo narrativo?

Me interesaba reflejar algo que vi, sobre todo, en mi hijo mayor cuando falleció mi madre. Cómo ellos van asumiendo ese duelo y cómo aunque nosotros queremos protegerles de esa mirada hacia la muerte, si lo hacemos bien ellos lo encajan de una manera natural.

Le dije que su abuela estaba en el cielo. Con el paso de los días, al darse cuenta de la ausencia de su abuela, me dijo que sabía que no la iba a ver más. Que yo nunca podría volver a tomarme un café con ella. Y comenzó a llorar. Lo había asumido. No hizo falta nada más.  

¿Y algo así te cambia el comportamiento con los hijos?

Hay una reacción inmediata que te lleva a sentir esa necesidad de protección, de querer salvarles de ese sufrimiento. Y también te hace envejecer más rápidamente. Cuando pierdes a un padre o a una madre, te das cuenta de que la vida va muy rápido. Si tienes hijos, mucho más.

Quería preguntarte también por el título del libro. Ese Todo por hacer. Refleja una dualidad. Ese vacío por lo que no he hecho y esa necesidad de seguir viviendo. ¿Era esa la intención?

Tal cual. Quería jugar con eso. Por eso en las presentaciones le pido al público que me escriban sus planes por hacer. Procrastinamos demasiado. Creemos que nunca nos vamos a morir y que tendremos tiempo de hacer todos esos planes bonitos o ilusionantes que tenemos.

Pero, por otro lado, esos planes son el verdadero motor de la vida. Siempre tenemos que tener ese listado. Esos planes por hacer es lo que mantiene la ilusión en las vidas de todos. No podemos renunciar a ellos, pero tampoco es bueno demorarlos para siempre.

¿Y cómo está siendo el encuentro con el público? ¿Te ha sorprendido la respuesta?

Mucho. Está siendo muy bonito. Una de las cosas que perseguía con esta ficción es que la gente se sintiese parte de la historia. Creo que una de las cosas que realmente emocionan en la literatura, es sentirte identificado con los personajes.

Y el duelo es un tema tan universal que Blanca podemos ser todas las mujeres o todos los hombres en un determinado momento de sus vidas. Lo más gratificante es que se te acerque alguien y te diga que ha pasado por lo mismo y que ha encontrado en el libro cierto consuelo.

¿Se adivinan las ojeras en otro huérfano como reflexionas en la novela?

Hay una especie de solidaridad que, la verdad, es un poco macabra. Pero el sentimiento de orfandad es único. Conectas con la gente que ha pasado por eso. En la forma de sentir, en los miedos, en la desorientación…. Hay algo bonito en reconocerse en la fragilidad de los demás.

Julia Varela, en el Café Moderno con su novela 'Todo por hacer'Cristina Saiz

¿Y tú en qué momento te encuentras ahora? 

Estoy en un momento muy luminoso, aunque es verdad que esta historia me ha costado mucho por todo lo que ha supuesto en la esfera personal. Ha sido un proceso duro pero el libro, de alguna manera, me ha ayudado a completar la manera de honrar a mi madre.

Y también es buen momento en lo profesional. Estoy muy contenta con todo lo que hago, a pesar de que este año no voy a trabajar en Eurovisión. Me siento en calma, en paz. 

¿Te gustaría que esta novela se pudiera adaptar al cine o a la televisión?

Estaría muy bien. Por mi trabajo, pienso mucho en la literatura como algo televisivo. Sé que a veces peco de eso. Pero esta historia es universal, nos atañe a todos. Podría ser un gran producto audiovisual. Sí que lo veo. Me encantaría.

Dentro de ese futuro laboral, lo más inmediato es el nuevo programa cultural para las tardes de La 2, Sukha. ¿Qué nos puedes contar de ese proyecto?

Va a estar muy bien. Recomiéndaselo a todo el mundo. Es un programa muy necesario. Empieza el 16 de febrero. Hablaremos de literatura, de música, de arte… pero también de bienestar, de salud. O de gastronomía. Vamos, de todo lo que nos hace más felices.

Es un espacio que tiene que existir en una tele pública y en un canal como La 2, que creo que está cobrando cada vez más fuerza. Va a ser un programa diario en directo, con mucha conversación con la gente de la cultura y del conocimiento. Ojalá dure mucho.

¿Te da pena no poder estar este año en Eurovisión?

Sí, claro. Entiendo y comparto la postura de RTVE. Es coherente. Pero tras diez años como comentarista, ya casi eurofán, no puedo evitar que me dé mucha pena que no estemos. Es un programa que nos hace conectar mucho con la familia, con amigos… A diferentes generaciones.

¿Sientes, de alguna manera, que lo que dijisteis Tony Aguilar y tú sobre la participación de Israel removió conciencias?

Creo que sí. Fue una postura coordinada con la cadena, pero si no hubiéramos creído en ello no lo hubiéramos dicho. Dijimos la verdad. No podíamos negar que, en torno a la representante de Israel, había un ambiente especial. La gente en sus casas debía saberlo.

Meditamos mucho lo que íbamos a decir. Aunque luego se cortó en redes sociales, empezamos hablando que era una mujer que había sobrevivido en los atentados brutales de Hamás. Y luego nos limitamos a narrar los hechos y a decir la postura de la cadena. Creo que no inventamos nada.

No me siento culpable ni responsable por contar la realidad. Aunque la repercusión en lo personal fue dura. Con las redes sociales todo se amplificó y nos llegaron muchos golpes. 

¿Volveremos a Eurovisión algún día?

Ya te digo que sí. Volveremos con fuerza y creo que ya va siendo el momento de volver a ganar. Creo que el Benidorm Fest está sirviendo para apuntalar eso.

Y después de diez años siendo parte del festival, ¿ya sabes qué vas a hacer el día de la final?

Es una buena pregunta. Todavía no lo sé. Creo que es un pequeño duelo que tengo que pasar también. No lo sé. Hablaré con Tony y algo coordinaremos. A mejor la tenemos que comentar en privado con nuestro Víctor Escudero. Quizá sea una manera bonita de sobrellevar este año.