Manuel Jabois: "Todas las familias tienen secretos, misterios y silencios. Siempre hay una bomba lapa adherida en ellas"

'La víspera' es la nueva novela del escritor pontevedrés. En ella, en torno a una madre y su hijo, Jabois indaga de manera incómoda en la institución de la familia y los silencios que la envuelven

Manuel Jabois, con su libro 'La víspera'
Manuel Jabois, con su libro 'La víspera' / Sergio Guillermo Lourés Miranda

Tres años después del éxito de Mirafiori, Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) vuelve a la carga. Lo hace con La víspera, un libro con el que invita al lector a un viaje sin límites hacia el corazón de la institución más compleja de todas: la familia.

"Una familia sobrevive si no se hace preguntas", reflexiona el autor en esta novela centrada en la perturbadora historia de una mujer, Amalia Fontenla, en plena travesía por el sacrificio, la culpa y la redención en la víspera de su 75 cumpleaños.

Jabois, en esta entrevista con PontevedraViva explica que "me interesaba muchísimo poder escribir del silencio", de esas cosas que entre aquellos que se quieren "no se pueden nombrar o no se pueden citar". Y hacerlo, sobre todo, con una historia entretenida.

La víspera transcurre prácticamente en un solo día. Pero contiene décadas de silencios.

Sí. Silencios heredados y también sobreentendidos. Son cosas que se dicen con la mirada. Hay un pacto tácito en la familia de no comentar nada sobre el estado de su madre. Todos lo saben pero entre ellos tampoco lo hablan. Es como un secreto dentro de un misterio.

¿Qué parte de la novela apareció primero: la historia de Amalia, el misterio que rodea al pueblo o la idea de la víspera como estado emocional?

Apareció Amalia. La idea de que Patrick Bateman, el famoso psicópata americano de Bret Easton Ellis, fuera una ama de casa gallega. Empecé a dibujar sus rasgos y me enamoré muy rápido de ella. Es una persona con un lastre emocional muy grande.

No sé hasta qué punto tiene rasgos psicopáticos, pero tiene una dificultad tremenda para llorar. Es una mujer absolutamente entregada a los demás, pero porque entiende que eso es lo que está bien, no porque a ella le salga de una forma natural. 

Amalia es un personaje complejo y lleno de zonas oscuras. ¿Qué era lo que más te interesaba transmitir de una mujer como ella?

Su fuerza para sobreponerse a algo con lo que ella ha nacido. Esa lucidez de saber que, gracias a su esfuerzo, ha sido querida toda la vida pero nunca ha sido admirada. Y de pensar que tiene que hacer algo para que alguien desee cambiarse por ella. Ser heroína por un día.

Aspira, como dices, a algo muy concreto: no ser querida por compasión, sino admirada. ¿Dirías que el deseo de admiración es más poderoso que el deseo de amor?

Sí, porque el deseo del amor lo tiene saciado. Ya ha sido muy querida, pero no ha sido nunca admirada. Nadie ha querido cambiarse nunca por ella.

Manuel Jabois, na redacción de PontevedraViva
Manuel Jabois, en la redacción de PontevedraVivaSergio Guillermo Lourés Miranda

La novela arranca con una imagen muy poderosa: Amalia despellejando un conejo mientras fuera el pueblo entero está pendiente de una desaparición. ¿Te interesaba ese equilibrio entre lo doméstico y lo extraordinario?

Me gustaba la idea de confrontar lo que estaba pasando dentro de una casa y lo que estaba pasando fuera. Y, al mismo tiempo, con la televisión encendida con las noticias de lo que estaba pasando a veinte metros. Eso genera una atmósfera muy complicada.

Esa sensación de que tu pueblo está siendo invadido por extraños, Desaparece alguien y, de repente, todo el mundo pasa automáticamente a ser sospechoso. Un pueblo que es invadido así para mí siempre tiene algo especial que me gusta narrar.

"Una familia sobrevive si no se hace preguntas". Es una de las ideas centrales del libro. ¿Hay verdades que una familia necesita no mirar para seguir adelante? Si hubiera que elegir, ¿crees que las familias prefieren quererse o conocerse realmente?

Yo creo que prefieren quererse. Conocerse es algo que da un poco de miedo. Yo creo que no se conoce a nadie del todo. Nunca quieres a nadie del todo y nunca odias a nadie del todo. Y los silencios pueden cubrirse con muchas palabras y con mucha ficción.

La verdad puede romper una relación. Ya sea familiar, de amistad o sentimental. Y la mentira, que es lo peor que puedes hacer, te mete por un carril equivocado hasta que te estrellas. Entre el silencio y la mentira, es mejor siempre el silencio.

Hay una reflexión muy sugerente: que no existe el verbo "verdadear", mientras que sí existe "mentir". ¿Qué te interesaba explorar sobre la relación entre verdad, ficción y autoengaño?

Yo quería contar un día en una familia con una singularidad muy acusada, que es la singularidad de tener a Amalia dentro. O la idea del hijo, de esa estrella del fútbol que hace ese viaje de vuelta a casa. Pero, sobre todo, contar una historia que fuera entretenida.

Quería tocar varios temas que, de algún modo, nos obsesionan un poco a todos. Y abordar el tema de la familia, del que se ha escrito mucho, de una forma más o menos original. Hacerlo a partir de una imagen que me perturbó lo suficiente como para escribir de ella. 

Hay una frase en la sinopsis que habla de familias "empapadas en gasolina" esperando una chispa. ¿Crees que todas las familias tienen algún punto de combustión latente?

Todas las familias tienen secretos, misterios y silencios. Siempre hay una bomba lapa adherida en ellas. En toda comida familiar hay cuatro o cinco temas que no se pueden nombrar porque si no la bomba estalla y salta todo por los aires. Eso me interesaba mucho.

Y también me interesaba muchísimo de esta novela poder escribir del silencio, de las cosas que no se pueden nombrar o que no se pueden citar. Ya lo hice con Malaherba pero con un niño. En este caso, son personas adultas y eso da mucho más miedo.

Manuel Jabois, co seu libro 'La víspera'
Manuel Jabois, con su libro 'La víspera'Sergio Guillermo Lourés Miranda

Tanto Amalia como Chami, su hijo, son personajes que viven pendientes de la mirada ajena. Chami necesita la aprobación constante y Amalia lleva décadas construyendo una imagen de normalidad. ¿Somos lo que somos o somos la versión que proyectamos?

Somos la versión que proyectamos y cuanto más nos acercamos a lo que somos, más naturales y originales somos. Pero eso es muy difícil, sobre todo en este tiempo. Estas dos personas, por ejemplo, están absolutamente obsesionadas con eso.

La principal misión de Amalia, que arrastra un pecado original que lo perturba todo, es que la familia está reunida en la mesa en su cumpleaños. No le preocupa otra cosa. Y Chami se mueve en un equilibrio muy precario en el que está a punto de derrumbarse ya del todo. 

¿Y con Chami querías retratar también cómo es una crisis masculina contemporánea?

Hay algo de eso, sí. No solo en la búsqueda de la prolongación del pene, que funciona como metáfora, sino también el hecho de que cualquier lío con una chica le obsesiona hasta el punto de pensar que le van a denunciar. Empieza a darle vueltas a las cosas, a obsesionarse. Hay un punto del desquiciamiento masculino de hoy en día, sí.  

En La víspera recurres también a ese humor tan característico tuyo, ¿no? Ese aire gamberro e irónico que, a veces, no todo el mundo entiende...

Sí, es probable. Pero yo ya he renunciado a que la gente me entienda. Entender está sobrevalorado. Estamos demasiado preocupados porque se nos entiendan las cosas. Es mi humor. Es el humor que mucha gente entiende y no lo voy a cambiar.

Me he sentido muy cómodo escribiendo con ese sentido del humor. Yo sé que, a lo mejor, habrá gente que no lo pille, pero ¿qué hago? No puedo poner asteriscos en los pies de página, ni puedo poner notas de voz, ni puedo hacer nada. Si no se entiende, mala suerte.

Los personajes de La víspera parecen debatirse entre la culpa y la redención. ¿Te interesan más las decisiones que toman o las razones que encuentran para justificarlas?

Me interesan más las decisiones que toman. Al final, ese es el último paso. Como decía Felipe González, tu teléfono es el último que suena. Ser presidente es que tu teléfono es el último que suena. Me interesan más las decisiones, sí.

En tus novelas suele haber fantasmas, pero aquí los fantasmas no son sobrenaturales: son secretos, recuerdos y zonas de sombra

Son peores, son reales.  Los otros pueden ser producto de una ilusión o de la imaginación o producto de cualquier tipo de sustancia química. Estos son fantasmas que,  en algunos casos, somos nosotros mismos veinte años atrás. Eso siempre da un poquito más de miedo.

Tus personajes suelen escapar de los juicios morales simples. ¿Te incomoda la literatura que divide con claridad entre culpables e inocentes?

A nadie le gusta que esté todo muy simplificado. Tiene que haber muchas rugosidades, muchas dobleces. Nosotros también somos así. Siempre hay una acción buena en alguien malo y siempre hay una acción mala en alguien bueno. 

Me gusta que esta novela procure preguntas, no respuestas. No hay ninguna lección ni ninguna enseñanza. No vas a salir mejor o peor persona por leerla, pero sí te puede dejar en el aire preguntas acerca de un amor que tú creías intacto y puro y, a lo mejor, no lo es tanto.

Manuel Jabois, co seu libro 'La víspera'
Manuel Jabois, con su libro 'La víspera'Sergio Guillermo Lourés Miranda

Tras Mirafiori, decías que te apetecía alejarte de Galicia en tu siguiente novela. No lo has conseguido. Vuelves a tu tierra. ¿Qué te ofrece que no encuentras en otros escenarios?

La víspera habla de la familia. Y no tengo familia en Madrid. Me resultaba más cómodo que fuera aquí. Y luego hay coloquialismos y mi propia forma de escribir. Si quiero que los personajes hablen de una determinada manera voy a tener que cambiar bastante.

Me doy cuenta que con los diálogos me sale de forma natural el castellano de aquí, o sea un castellano muy particular. Me encontré mucho más cómodo escribiendo de mi tierra y estando otra vez entre las mismas voces narrativas de siempre.

Como periodista, trabajas con hechos; como novelista, con posibilidades. ¿Cómo dialogan esas dos formas de mirar el mundo cuando escribes ficción?

Tengo una libertad más salvaje a la hora de escribir ficción. No me sujetan tantas reglas. Puedo utilizar ese humor del que hablábamos, puedo no tener ataduras, puedo endosar a mis personajes ciertos comportamientos irresponsables o ilícitos de lo que sea…

Es algo que, de ningún modo, puedo hacerlo en mis columnas. Tiene un punto divertido. Me sigue gustando más el periodismo. Tienes más relación con los hechos y con personas reales. Tienes la capacidad de impactar en la gente cuando cuentas una gran historia.

Y, a mayores, está la adrenalina de publicar cuanto antes. Esto de escribir, darle a enviar y que de repente se publique la historia y empiece a tener repercusión es como una droga instantánea. Me sigue seduciendo muchísimo. 

¿Cuando terminas un libro eres capaz de pasar página o eres de los que te quedan un tiempo inmerso en ese universo?

Hay escritores que dicen que escriben muy solos. Yo estoy acompañado de todos mis personajes. Me divierte incluso escribir lo que podrían estar haciendo y sin que eso vaya a entrar en la novela. Me lo paso muy bien con ellos y los echo mucho de menos cuando acabo.

Si los lectores cerraran el libro haciéndose una sola pregunta, ¿cuál te gustaría que fuera?

Si seguirían queriendo a su familia si les hubiese ocurrido lo mismo. Esa es lo que me gustaría saber, aunque yo no tenga respuesta para ella lo cual es bastante monstruoso. Pero sí, si les seguirías queriendo igual si fuesen los protagonistas de esta historia.

Después de Malaherba, Miss Marte y Mirafiori, ¿sientes que La víspera cierra alguna etapa?

No sé si la cierro o la abro. No tengo ni idea. Depende del siguiente. Pero sí es cierto que los otros tres tenía un hilo conductor que unía varios personajes y varias escenas. Transcurrían también en espacios temporales más o menos parecidos. Podría hablarse de una trilogía aunque sean completamente independientes entre sí.

Pensé que La víspera iba a ser otro tipo de libro, pero estoy muy contento. Es una novela muy desapacible. Me gusta mucho que la gente se ría con libros así, que te cuentan algo especialmente perturbador y con los que no puedes evitar la risa. Me gusta contar historias más o menos oscuras pero que tengan siempre humor y un punto de entretenimiento.