No es que tenga valor doble, pero casi. La permanencia en la Segunda División B lograda por el Pontevedra Club de Fútbol en la última jornada de liga tiene más importancia de la imaginada inicialmente ante la cada vez más probable reestructuración de la categoría.
Si la asamblea de la Real Federación Española de Fútbol ratifica la propuesta aprobada en el Congreso Nacional de Fútbol Aficionado, el nuevo formato de competición con un grupo único de 20 equipos más otra Segunda B 'serie 2' con tres grupos y 60 clubes (en la práctica una cuarta categoría) será una realidad en la temporada 2019/2020.
Si los granates hubiesen descendido, como el caso por ejemplo del vecino Racing de Ferrol, por mucho que la próxima temporada consiguiese salir de la Tercera División se encontraría igualmente en la cuarta categoría, a la misma distancia del fútbol profesional, al crearse una nueva por encima.
Ahora el Pontevedra tiene la opción de pelear al menos por entrar en la Segunda B 'serie 1', en la que se colarían los 5 mejores de cada grupo la próxima temporada, un año que se antoja como clave ya que aunque no se lograse el ascenso a 2ª, estar en los primeros puestos supondrá un ascenso en la práctica, mientras que la Tercera División pasará a ser la quinta y sexta categoría.
De esta importancia que adquiere el próximo curso, teniendo en cuenta que la asamblea de la RFEF rara vez tumba las propuestas que le llegan, es consciente un Pontevedra que deberá hilar fino en la composición del equipo para no repetir lo vivido este curso.
En este aspecto la presidenta del Pontevedra, Lupe Murillo, señaló tras el encuentro ante el Atlético B que "necesito una semana de tranquilidad para poder volver a empezar con muchas ganas, quiero borrar todo lo pasado, lo vivido en estos diez meses y empezar con la misma ilusión que he empezado todas las temporadas". En sus manos, y en los responsables de la planificación deportiva, está confeccionar una plantilla de nivel que vuelva a pelear por meterse en los primeros puestos.