Este 2025 Leonor de Borbón puso fin a su etapa de formación en la Escuela Naval Militar de Marín.
Entre enero y julio, la heredera al trono se embarcó en el crucero de instrucción del Juan Sebastián de Elcano, siete meses de océanos y puertos que la llevaron por casi una decena de países, con escalas en Uruguay, Chile, Perú o Estados Unidos. Una vuelta al mundo en versión guardiamarina, con maniobras, guardias y aprendizaje a golpe de salitre.
El 13 de julio, Marín la recibió de vuelta como se recibe a quien ya es de casa, esto es, bajo la lluvia, con emoción y con familiares y amigos aguardando en el puerto. El regreso cerraba su etapa naval y abría el capítulo de los reconocimientos. Solo tres días después, el 16 de julio, Leonor recibió su Despacho Real de manos del Rey en la propia Escuela Naval, en una ceremonia solemne que puso broche de oro a once meses de formación.

Pero si algo recordó internet este verano fue el ya famoso resbalón del Elcano. Al descender del buque, la princesa estuvo a punto de perder el equilibrio. No pasó nada, recuperó la compostura y siguió adelante.
En julio, Leonor recibió la Medalla de Oro de Galicia y poco después fue nombrada hija adoptiva de Marín. El acto en el Concello fue breve, pero intenso, con más de doscientas personas esperándola, saludos uno a uno, fotos, aplausos y un pergamino artesanal ilustrado con símbolos muy locales, desde la danza de las espadas hasta las hierbas de San Juan. En el libro de honor dejó una frase que resume su paso por la villa: “Para todos los que pasamos por la Escuela Naval Militar, Marín se convierte en nuestra casa”. Morriña oficializada.
La jornada tuvo incluso una melodía propia. La Banda de Música de la Escuela Naval estrenó 'La joven guardamarina', una pieza compuesta en su honor, con guiños al folclore gallego, a la Armada y hasta al himno de Asturias. Detalles que explican por qué Leonor confesó sentirse en Galicia "como una gallega más" y recordó con especial cariño los furanchos y el ambiente de la ría de Pontevedra.

El capítulo más solemne llegó con la imposición de la Gran Cruz del Mérito Naval, que le entregó su padre, el rey Felipe VI, en el acto de entrega de reales despachos a los nuevos oficiales. Miradas cómplices, abrazo contenido, saludo militar y una escena que quedará para el álbum familiar e institucional. Leonor ascendía además a guardiamarina de segundo, como el resto de su promoción.

Y cuando parecía que Marín quedaba atrás, llegó el epílogo deportivo. En octubre, la princesa regresó a la villa sin uniformes de gala ni discursos, volvió en chándal, integrada en el equipo de esgrima del Campeonato Interacademias 2025. Compitió con normalidad, convivió con sus compañeros y confirmó que su vínculo con la ría no era solo protocolario.