Un 'Arca de Noé' vegetal y otros secretos que convierten la Misión Biológica en garantía para un futuro habitable

Pontevedra
18 de agosto 2025
Actualizada: 7:13

Nos adentramos en el recinto de 12 hectáreas que tiene este centro del CSIC en Salcedo. Tras sus muros, tres edificios, una finca de experimentación y 150 personas trabajando, 40 de ellas investigando

Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en Salcedo
Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en Salcedo / Cristina Saiz

Dejas atrás la ciudad de Pontevedra, coges rumbo a Vigo por la carretera N-550 y, en el lugar de A Carballeira, en Salcedo, a mano derecha, un portalón da acceso a un mundo totalmente desconocido para buena parte de los pontevedreses y pontevedresas que, en silencio y de forma constante, trabaja para generar conocimiento y contribuir a un futuro habitable para todas e todos. 

Un cartel visible desde la carretera lo anuncia: Misión Biológica de Galicia. Un centro de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que desde hace casi cien años tiene su sede en Salcedo (nació en 1921 en Santiago y en 1927 se trasladó) y que vive actualmente el momento de mayor expansión de su historia. 

La mayoría de los vecinos y vecinas de Pontevedra nunca han cruzado sus muros a pesar de estar a apenas tres kilómetros en línea recta de la Praza da Peregrina y, sin embargo, hacia su interior miran científicos e investigadores de otras partes de España y otros países de Europa.  

Tras sus muros de piedra esconde un recinto de 12 hectáreas, tres edificios y una finca experimental y, contando esta sede y la que tienen en Santiago de Compostela, trabajan 150 personas, 40 de ellas personal investigador.

La actividad es intensa, incluso en verano, cuando la vida y el trabajo suele ralentizarse. Este centro, el único del CSIC en Galicia y el de referencia en el noroeste de la Península, está especializado en ciencias agrarias, ambientales y forestales y muchos de sus grupos de investigación tienen en esta época su momento álgido de trabajo. 

Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en Salcedo
Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en SalcedoCristina Saiz

Por poner un ejemplo, el de genética y mejora de maíz estudia los mecanismos genéticos que controlan la resistencia a estreses, la calidad y la producción del cultivo de maíz y una de sus líneas de trabajo ahora es su adaptación a las altas temperaturas que están llegando con el cambio climático.

Este verano, reproducen las condiciones de calor y sequía en esta finca de Salcedo para conocer cómo afectan a la planta y al grano y día tras día van estudiando la evolución. Es un proyecto de investigación que han compartido con Marruecos, Turquía, Argelia y Túnez, si bien actualmente solo está activo con este último país.  

Tampoco para la actividad en una de las 'joyas de la corona' de la Misión Biológica, el banco de semillas, oficialmente conocido como banco de germoplasma, que albergan en el edificio Miguel Odriozola.

Nació con la idea de recuperar variedades de plantas en proceso de desaparición y darles valor, evitando que se pierda biodiversidad y garantizando que, en caso de catástrofe natural o conflicto bélico, podrán volver a plantarse todas las especies. 

Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en Salcedo
Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en SalcedoCristina Saiz

El modelo recuerda a un 'Arca de Noé' como la bíblica, pero de especies vegelaes, y es el mismo que la famosa Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, que guarda un ejemplar de cada semilla existente en los bancos genéticos de todos los países, una especie de copia de seguridad de todas las semillas del planeta que permitiría replicarlas si hubiese necesidad, como ya ha ocurrido con la guerra de Siria en 2015.

El banco de Salcedo ha enviado algún ejemplar a Noruega y atesora sus semillas con sumo cuidado. Externamente igual a una cámara frigorífica organizada en botes cuidadosamente colocados e inventariados, se vigila que se conserve en condiciones de humedad y temperatura idóneas. A 4,6 grados y humedad por debajo de 40 es lo ideal y ahí esperan al futuro más de 1.500 variedades de maíz, leguminosas o brásicas. 

Pedro Peón, vicedirector técnico del instituto de investigación, explica que este banco es un herramienta y un recurso que permite avanzar en la línea de "luchar contra la uniformidad de cultivos, contra la uniformidad de productos que llevan a una pobreza de los suelos, a una pobreza de la biodiversidad y que nos pone en peligro".

Reconoce que puede sonar "alarmante" hablar en estos términos, pero quiere llamar la atención sobre el hecho de que "cuando dependemos de muy pocos cultivos, de muy pocas variedades, estamos poniéndonos en riesgo", pues "están apareciendo y se están extendiendo plagas y enfermedades que no había en estas áreas" y "por temas asociados a los cambios de temperatura, a los cambios del clima, se están expandiendo", generando un problema que tan solo la variedad y la biodiversidad pueden frenar.

"Cuanta más biodiversidad, cuantos más productos podamos utilizar, va a ser mejor y ahí los bancos de semillas, como los que tenemos en la Misión Biológica y en otros centros de investigación, son un recurso que nos puede dar bastantes alegrías en el futuro", señala Peón, también responsable de la unidad de valorización que asume el reto de trasladar al exterior el trabajo de la Misión.

Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en Salcedo
Instalaciones de la Misión Biológica de Galicia en SalcedoCristina Saiz

Ese trabajo para la adaptación del maíz al cambio climático o el banco de semillas son solo dos de los ejemplos de la actividad que realiza la Misión, que aunque realice un trabajo especializado y desconocido, tiene un impacto directo en la sociedad, en la pontevedresa que lo tiene cerca y en el resto de Galicia

Y es que "investigar,  generar conocimiento nuevo siempre tiene impacto en la sociedad", destaca Pedro Peón, y si ese conocimiento es en ámbitos como la agricultura, forestal y ambiental, "es aún más directo, sobre todo, en el momento actual, en el que nos estamos dando cuenta como sociedad de que todo lo que nosotros hacemos tiene un impacto sobre el ambiente y sobre el entorno en el que nos movemos". Conocer más esas interacciones con el entorno resulta "fundamental".

A nadie le resulta ajeno, en pleno siglo XXI, que el impacto de los modelos económicos y sociales están generando repercusiones negativas en aspectos como la polución o el incremento de temperaturas, visible, sobre todo, en las áreas que explora la Misión Biológica, de ahí la importancia de su trabajo para determinar, por ejemplo, "cómo el mundo de la agricultura puede ser más respetuoso con el medio ambiente" o "cómo la gestión forestal puede ser más respetuosa, más sostenible".

Así, el trabajo que se realiza desde este rincón de Salcedo resulta crucial para buscar fórmulas, técnicas y herramientas que "permitan tener un mundo más habitable y que el futuro en el que queremos que crezcan nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas pueda tener, al menos, las mismas oportunidades que nosotros. O más". 

En ese futuro más habitable será fundamental cada una de las áreas de trabajo de la Misión, como luchar contra la uniformidad en los cultivos y generar más biodiversidad, pues significará "tener más diversidad de alimentos de origen vegetal" o "buscar suelos más saludables y entornos verdes en los que podamos disfrutar de bosques y de diferentes ecosistemas cerca de las propias ciudades o integrados en ellas"

Una de sus líneas de investigación más recientes es la centrada en los incendios forestales, centrada en buscar fórmulas que permitan que "sean menos intensos y menos destructivos desde el punto de vista ya no solo de la flora o de la fauna, sino también del propio suelo, que se degrade menos y que tratemos de recuperarlo de forma más rápida".

En todo eso trabajan, además, desde edificios que forman parte de la propia historia de Pontevedra, como el Pazo de Gandarón, una construcción del siglo XVIII restaurada en 2007 preservando todos los elementos originales y que deja imágenes como laboratorios científicos en paredes de piedra o un microscopio sobre una pieza original con tres siglos de antigüedad; el edificio Cruz de Gallástegui, primera obra arquitectónica de Alejandro de la Sota; o el edificio Miguel Odriozola, que nació como una piara y ahora alberga oficinas y laboratorios. 

La Misión Biológica vive el momento más dulce de su historia, con un crecimiento especialmente visible en los últimos cinco años y en condiciones de convertirse en centro de referencia. Aspira a ser un centro de investigación de referencia desde una perspectiva atlántica.