Este sábado ha sido el primero de los 30 días de cierre forzoso de bares y restaurantes en sesenta concellos gallegos.
En Pontevedra fue una jornada de contrastes con mucha actividad en las calles por la mañana, con supermercados y tiendas llenas, y una tarde de paseos, compras pero sin cervezas ni terraceo.
La lluvia contribuyó a adelantar el toque de queda y pronto quedaron vacíos y en silencio los espacios públicos de la ciudad, especialmente en el centro histórico.
Si se apreció un constante ir y venir de las motos de reparto de pedidos, fundamentalmente de pizzas.
Pocos bares permanecieron abiertos para atender los servicios a domicilio y despachar consumiciones para llevar. Las panaderías con servicio de cafetería tienen más experiencia en la venta de cafés para consumir fuera del local e incluso han visto como ayer crecía la demanda.
El resto improvisaron mostradores a la puerta del establecimiento pero ya admiten que desistirán en su empeño después de esta primera jornada en la que el trabajo no alcanzó para cubrir gastos.