Cada primer viernes de marzo, Pontevedra revive uno de sus ritos religiosos más singulares. Este 6 de marzo, numerosos fieles acuden a la iglesia de San Bartolomé para cumplir con la tradición de pedir las conocidas como "tres gracias" al Nazareno, una práctica devocional profundamente arraigada en la ciudad.
El ritual tiene su origen en las tres caídas que, según la religión cristiana, sufrió Jesucristo durante el camino hacia el Calvario, un episodio recordado en el Vía Crucis.
Los devotos formulan tres peticiones, habitualmente relacionadas con la salud, el trabajo o asuntos personales, con la creencia popular de que, en esta jornada, al menos una de ellas será concedida.
La celebración ha cambiado de escenario en los últimos años. Hasta la pandemia del coronavirus, el centro de esta devoción se encontraba en la pequeña capilla de la rúa Tetuán, junto al Teatro Principal. Ese espacio, que fue la antigua sacristía del desaparecido templo de San Bartolomeu O Vello, conserva todavía en su fachada una discreta imagen pétrea de la Virgen incrustada en la estructura barroca.
Para evitar largas colas en un lugar reducido, la imagen del Nazareno se trasladó a la iglesia de San Bartolomé, parroquia a la que está vinculada la capilla, al igual que el santuario de la Virgen Peregrina. El templo parroquial ofrece mayor amplitud y permite organizar mejor la afluencia de público, con accesos diferenciados para la entrada y la salida de fieles.
Algunos devotos mantienen otra opción tradicional que es acudir al convento de San Francisco, donde se expone también una imagen del Nazareno con notable veneración en la ciudad.
La imagen ante la que hoy oran los fieles no es la que recorre las calles de la Boa Vila durante la Semana Santa. En las procesiones, la Cofradía del Espíritu Santo porta a hombros una réplica del Nazareno original que permanece en la capilla de la rúa Tetuán. Ambas figuras comparten el característico atuendo morado, color asociado a la Cuaresma, la penitencia y la vigilia.
Aunque la tradición pontevedresa es una de las más conocidas, no es la única en Galicia. Celebraciones similares congregan a numerosos fieles en localidades como Cangas, en el convento de San Francisco de Vigo, en la capilla de la Misericordia de Viveiro o en la festividad popularmente llamada Nazareno de Invierno en Santiago do Deán, en A Pobra do Caramiñal. En el resto de España destacan también devociones como el besapiés al Cristo de Medinaceli o a Jesús el Pobre en Madrid, el Cristo de las Tres Caídas en Málaga o el Cristo del Rescate en Granada.
Durante esta jornada, un grupo de voluntarios se encarga de atender a los fieles y de organizar el flujo de visitantes en el templo, que permanece abierto durante trece horas consecutivas. Su labor incluye guiar los momentos de oración y velar por el cumplimiento de las normas, especialmente en lo relativo al uso de velas.
A lo largo del día, la iglesia recibe a personas de todas las edades que acuden con peticiones muy diversas, casi siempre íntimas y personales. En ese gesto silencioso, repetido año tras año, se mantiene viva una de las tradiciones más singulares de la Cuaresma pontevedresa.