Cuando la falta de libertad te da la oportunidad de construir un nuevo futuro

A Lama
16 de noviembre 2025
Actualizada: 11:09

Visitamos el módulo Nelson Mandela de A Lama, concebido para lograr la reinserción ampliando habilidades personales y laborales. "Yo en la calle andaba bastante tirado y ahora tengo ganas de trabajar"

Curso de albañilería  en el programa Nelson Mandela en el módulo 13 del centro penitenciario de A Lama
Curso de albañilería en el programa Nelson Mandela en el módulo 13 del centro penitenciario de A Lama / Cristina Saiz

Dos frases dan la bienvenida al módulo 13 del centro penitenciario de A Lama. Nada más acceder, un cuadro del activista sudafricano Nelson Mandela reza "soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma".

Un par de metros después, pegado a la cabina de seguridad, un rótulo añade "la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo".

Dos mensajes que son toda una declaración de intenciones y que resumen la filosofía de un programa penitenciario creado en 2020 y bautizado Nelson Mandela II porque recoge el testigo del abierto en la cárcel de Teixeiro diez años antes.

Está concebido para que las personas privadas de libertad amplíen su formación y competencias laborales y mejoren habilidades personales y profesionales con un objetivo final: mejorar sus opciones de reinserción e inclusión social. El fin último de las penas de prisión.

Busca, en definitiva, prepararles para que, una vez que cumplan su condena, tengan en su vida en libertad más oportunidades que antes de cruzar los muros de la prisión.

El camino es duro y exige implicación de los propios internos y del personal que les acompaña en su itinerario formativo y personal, pero también satisfactorio para unos y otros cuando se escuchan historias como la de David, de apenas 22 años.

Programa Nelson Mandela no módulo 13 do centro penitenciario de A Lama
Programa Nelson Mandela no módulo 13 do centro penitenciario de A LamaCristina Saiz

"Yo en la calle andaba bastante tirado y ahora tengo ganas de trabajar", explica a PontevedraViva este joven que lleva un año y ocho meses en A Lama y cumple con el perfil más habitual en este módulo: joven, con escasa formación y deseoso de dar un vuelco a su vida una vez cumpla su deuda con la sociedad. 

Es, en noviembre de 2025, uno de los internos más jóvenes de este módulo. Entró sin apenas formación y ahora ha aprobado la ESO, ha realizado un curso de instalación de placas solares y otro con certificado de profesionalidad en soldadura y se ha apuntado a un ciclo medio.

A David le quedan cuatro años y medio de condena y piensa aprovecharlos para, cuando salga, tener las herramientas necesarias para construirse un nuevo futuro. "Cuando salga, además de trabajar de soldador para tener mi propio dinero, quiero hacer un FP para trabajar en un gimnasio". Fue siempre su sueño, pero estaba tan perdido en la vida que nunca hizo nada por perseguirlo. 

Entrar en prisión le privó de toda su vida anterior, pero le hizo madurar en todos los sentidos. Y también le rompió todos los esquemas. "Pensé que íbamos a estar aquí pasando el tiempo y pasando la condena", confiesa, pero se ha encontrado con que estar en este módulo "es una oportunidad importante". 

En A Lama se potencia la formación en todos los módulos, la gran mayoría son ya terapéuticos y de respeto y tanto la dirección como el conjunto de la plantilla hace ya años que tienen en su ADN la búsqueda de la reinserción sociolaboral de las personas reclusas, pero este módulo da un paso más.

Equipo técnico do módulo 13 do centro penitenciario de A Lama, coa directora e as traballadoras da Xunta
Equipo técnico do módulo 13 do centro penitenciario de A Lama, coa directora e as traballadoras da XuntaCristina Saiz

Ofrece a los internos itinerarios personalizados con formación para facilitar su inserción en el mercado laboral y un seguimiento psicológico para dotarles de competencias para la vida en sociedad.

Para hacerlo realidad, al equipo técnico multidisciplinar habitual del resto de módulos -educador, psicóloga, jurista y trabajadora social- se suman dos técnicas en inclusión sociolaboral del Consorcio Galego de Igualdade e Benestar, en este caso, Carmen Martínez, educadora social, y Rosi Gómez, psicóloga.

Es resultado de un convenio de colaboración entre la Secretaría General Instituciones Penitenciarias y la Xunta de Galicia.

Teresa Delgado, directora de la prisión, destaca la "importancia" de esta colaboración entre instituciones, pues "la reinserción social es importante para nosotros, pero tiene que haber un compromiso social" y exige el compromiso de otros actores sociales.

Que otras administraciones "pongan el foco" en esta nueva vida tras la condena puede marcar la diferencia, ayudando a cumplir con el artículo 25.2 de la Constitución Española, que establece que las penas privativas de libertad deben estar orientadas a la reeducación y reinserción social. 

La adhesión al programa es voluntaria y, en la actualidad, lo siguen alrededor de 65 de los 90 internos de este módulo. No solo la participación es mayoritaria, sino que detectan un gran compromiso.

"Ofreces un curso con 15 plazas y te salen 20 interesados", resume Pablo, el educador del módulo, "todo lo que se ofrece de formación, te salen candidatos".

Nada más llegar un nuevo interno -todos son hombres- al módulo, primero pasa por el equipo técnico y, una vez aclimatado, lo valoran las trabajadoras de la Xunta, que les diseñan itinerarios personalizados, con herramientas a nivel laboral, pero también educativas y sociales para "prepararles para la vida en libertad".

Carmen y Rosi les dan cursos de habilidades sociales, búsqueda activa de empleo, gestión de las emociones o toma de decisiones y, sobre todo, están siempre "disponibles para ellos, para poner la oreja y darles apoyo psicológico". Confirman esa implicación de los internos, que "siempre están dispuestos a hacer cosas" y recogen el guante cuando les insisten en que "es el momento, es la oportunidad, aquí tienen tiempo".

Desde la experiencia que le da su dilatada trayectoria como educador en la prisión, Pablo valora lo "satisfactorio" que resulta este módulo en tanto que cogen a chicos de apenas 19 años, sin apenas formación y que, antes de entrar en prisión, no tenía perspectivas de futuro y "lo dejas encaminado"

"No están pensando en salir, están pensando en formarse para salir mejor, están sintiendo que están mejorando aquí"

Esa es la "la clave de este módulo, encaminarlos", como lograron con Juan Carlos, un joven que era "muy conflictivo" y llegó sin la ESO y, durante su estancia, llegó a presentarse a la ABAU. "El caso de Juan Carlos te da energía para seguir trabajando", valora Pablo, que aprecia que, en el Nelson Mandela, "no están pensando en salir, están pensando en formarse para salir mejor, están sintiendo que están mejorando aquí".

Les ofrecen cursos disponibles para el resto de la prisión y otros específicos, dos por año, asociados al programa Nelson Mandela. Este año está en marcha uno de albañilería y en los próximos meses habrá otro de electricidad, pero desde que funciona esta iniciativa ya han formado a los participantes en forestales, energías renovables, jardinería o carretillero. 

Fernando y Pedro son dos de los 15 alumnos de albañilería y cada tarde de lunes a viernes aprenden con Jesús Meda, su monitor, "tareas básicos de una obra".

Les enseña "un oficio", a colocar ladrillos, sacar niveles, hacer pisos o interpretar planos, todo muy práctico y ameno y, sobre todo, muy "útil" para labrarse un futuro laboral. 

Lo destaca Pedro, de 27 años: "nos están aportando una experiencia laboral". Para él, que ya trabajó en el pasado en el sector de la construcción, resulta esperanzadora esta formación de cara a su inminente puesta en libertad en febrero, pues "veo que tiene salida a día de hoy" y, además, la formación le ayuda a sobrellevar la vida en prisión. "El día que tienes curso es un día diferente. No es talego, talego, nos dan un trato muy humano". 

Para Fernando, de 37, poder formarse en este curso es positivo porque "por lo menos, tienes conocimientos y te prepara para el futuro laboral". Además, en su caso, le ha venido bien "tener una rutina de cara a cuando salgamos". En breve, saldrá en tercer grado y se lleva también una formación hacia la que confía en poder orientar su futuro laboral.

"Estar en este módulo te da muchas herramientas que puedes coger y usar para crecer laboralmente y como persona"

Los hay que se apuntan a todo cuanto curso le ofrecen, como José Manuel, de 31 años. En el año y ocho meses que lleva dentro acumula más cursos que meses. Se apuntó a costura, "no tenía ni idea de coser y ahora puedo arreglar cualquier prenda, soy el costurero del módulo". Se formó en cocina y, además de sumar un certificado de profesionalidad y experiencia, ha descubierto su vocación y, cuando salga, "es a lo que me voy a dedicar". 

Primeros auxilios, habilidades sociales o informáticas son otras de sus formaciones, que hacen que esta etapa en prisión sea muy diferente a la anterior que pasó en A Lama, en 2018 y 2019.

Estuvo en el mismo módulo, antes del programa Nelson Mandela, y ahora "cambió mucho, hay más cursos" y el entorno le empuja a tener más ganas de retomar una vida plena en la calle. Nota que es "un módulo inclusivo" en el que cuentan con un banco LGTBIQ+ y agradece cursos como el de la UNED de ‘Poesía sobre los muros’ o el de la entidad ‘Rejas Rosas’ de apoyo LGTBIQ+.

Ahora enfoca la condena desde otra perspectiva, como Mirco, de 31 años y que cree que en este programa les dan "las oportunidades que necesitamos para la reinserción, para prepararnos para la vida en libertad"; o Silva, de 26, que en un año y dos meses ha aprobado la ESO y destaca que "estar en este módulo te da muchas herramientas que puedes coger y usar, tienes muchas oportunidades para hacer cursos para el día de mañana crecer laboralmente y como persona".

Este programa incluye iniciativas de voluntariado como esta de Asvigal.