El sector del mar, en jaque por el coronavirus: "Los precios son horribles. Es una barbaridad"

Pontevedra
28 de marzo 2020

A los problemas para aplicar las medidas de seguridad y protección ante el coronavirus o la falta de concreción de las ayudas anunciadas está sumándose la caída de los precios en primera venta de pescados y mariscos, por lo que a muchos ya no les compensa asumir los riesgos de salir a faenar

Trabajadores de un barco pesquero
Trabajadores de un barco pesquero / CEMMA

No hay ni una sola actividad económica que no se haya visto afectada por el coronavirus. Todos los sectores, en mayor o menor medida, están sufriendo una parálisis que amenaza el futuro de miles de empleos. Y la gente del mar no es ajena a esta situación.

Cada día tienen más razones para amarrar la flota y esperar tiempos mejores. El sector, considerado fundamental por el Gobierno como proveedor de alimentos de primera necesidad, tiene muchas dificultades para trabajar en condiciones adecuadas.

A los problemas para aplicar las medidas de seguridad y protección ante el coronavirus o la falta de concreción de las ayudas anunciadas está sumándose la caída de los precios en primera venta de pescados y mariscos, por lo que a muchos ya no les compensa asumir los riesgos de salir a faenar.

"Los precios son horribles, históricamente nunca se vieron precios como estos. Es una barbaridad", explica la presidenta de la cooperativa San Miguel de Marín, Beatriz Vázquez. Sobre todo, afirma, en el conocido como en el pescado fino. El rape, el rodaballo o el lenguado "no tienen salida porque son de restaurante y estos están cerrados", lamenta.

El patrón mayor de Portonovo, Juan José Besada, también confirma que jamás habían visto una caída "tan brutal" de precios y que hay género que no tiene salida porque "nadie compra un rodaballo a 30 o 40 euros kilo porque no están los tiempos para comprar esas cosas".

Todo el sector coincide en que, desde que se decretó el estado de alarma en nuestro país, las ventas de pescado y marisco descendieron, así como también cayeron las cotizaciones en lonja y algunas en Galicia incluso decidieron cerrar. 

Entre las mariscadoras, según la patrona mayor de Lourizán, hay una "gran preocupación" y los ánimos "están muy bajos" porque, explica Mari Carmen Vázquez, "en el marisqueo se vive día a día y van a ser meses muy fastidiados".

Dentro del sector, el marisquero es el que se lleva la peor parte. Son productos que tienen que comercializarse rápidamente, que en muchos casos no son congelables y que no son considerados por los consumidores como artículos de primera necesidad.

Además, tradicionalmente la mayor parte de los productos del marisqueo estaban destinados a la restauración pero con ésta cerrada se está perdiendo el producto. Así, en Lourizán cerraron el marisqueo a flote y a pie en la tercera semana de marzo.

Desde la cofradía pontevedresa piden el cese de actividad pero los requerimientos para poder hacerlo son complejos. Además, como explica Vázquez "hay gente que está yendo al mar para otro tipo de artes" porque el mar "no está cerrado al 100%".

A este respecto, el secretario de la cofradía de Bueu, José Barreiro, lamenta que no existe demanda para productos como bivalvos, percebes, erizos y navajas. "No hay quien compre porque gran parte iba para restauración y si está cerrada, ¿a quién le vendes?", afirma.

Para la responsable de la cooperativa San Miguel en este momento "los que se lucran" son los intermediarios porque "compran el producto baratísimo" y el consumidor lo compra "con los mismos precios de siempre"

Pero la caída de los precios, sin embargo, no se traslada al consumidor. Para la responsable de la cooperativa San Miguel en este momento "los que se lucran" son los intermediarios porque "compran el producto baratísimo" y el consumidor lo compra "con los mismos precios de siempre".

La patrona mayor de Lourizán también es consciente de que en esta crisis "hay cierta picaresca" para sacar provecho de la situación. "No puede ser que la gente venda a precio normal el recurso del mar y lo compre a precios de risa", recalca.

Toda esta situación está provocando, de manera paralela, que la gente acuda menos a las plazas de abastos, los lugares donde más pescado y marisco fresco se vende en Galicia.

"Ahora es difícil que la gente vaya la plaza", explica el patrón mayor de Portonovo, Juan José Besada, que considera que estos mercados "son espacios para socializar, hablar, mirar el pescado, tocarlo... y ahora eso no lo podemos hacer", por lo que para el consumidor "es mucho más sencillo ir a un supermercado y coger el primer congelado que vean y llevarlo para casa".

Con todo, en localidades como Bueu las plazas siguen siendo lugares de paso obligado porque "hay especies a las que se les está dando salida porque se consideran de consumo diario como puede ser la maragota, el abadejo o el choco", según José Barreiro.

En la zona de Portonovo, el patrón mayor también ve movimiento en el pescado del cerco -el pescado de valor más asequible - pero los pescados caros como rodaballo, lenguado, lubina o robalo "no tiene salida porque la gente no va a la plaza a comprar estas cosas".

Desde el sector trasladan la necesidad de que la población continúe a consumir pescado y marisco durante la cuarentena, no solo ya por lo que supone para el mantenimiento del empleo y de la actividad económica del sector sino también por una cuestión de salud alimentaria.