La historia de una clase y un profesor que nunca dejaron de encontrarse

Pontevedra
31 de agosto 2025

Para muchos, lo que hacen no es algo extraordinario, pero en un mundo donde lo habitual es olvidar y pasar página, esta pequeña historia cobra un valor especial

La clase A de Quinto de Primaria del colegio de Barcelos con su profesor
La clase A de Quinto de Primaria del colegio de Barcelos con su profesor / PontevedraViva

Todos los años, sin falta, un grupo de jóvenes que hoy tienen entre 20 y 21 años se reúne para compartir una comida muy especial. Son los antiguos alumnos de la clase A de Quinto de Primaria del colegio de Barcelos, en Pontevedra. Y el motivo de estos encuentros va mucho más allá de la nostalgia: se trata de celebrar una amistad que nació en las aulas y que, diez años después, sigue tan viva como entonces. El corazón de esta historia tiene nombre: Martín, su antiguo profesor.

Un primer día... incierto

Todo comenzó con nervios en el patio del colegio, como suele pasar en el primer día de curso. Los niños esperaban atentos a que les asignaran profesor. Les tocó uno nuevo: alto, delgado, con una barba espesa y sin esa sonrisa típica de los maestros experimentados. "Supongo que él también estaba nervioso", recuerdan.

Al principio, la impresión no fue precisamente buena. Venían de tener al mismo profesor durante años, alguien que había dejado el listón muy alto. Martín, con su aspecto serio y su manera directa de hablar, no les resultó precisamente entrañable. "Pensábamos que iba a ser muy estricto", confiesan. Su aspecto de señor barbudo imponía, y en una clase ya de por sí complicada, eso no ayudaba mucho.

Una clase difícil... que solo pedía ser entendida

La suya no era una clase fácil. "Éramos un grupo muy diverso, casi cosmopolita para un cole de Pontevedra", cuentan. Con diferencias culturales, religiosas, sociales y emocionales, con estudiantes que arrastraban desde Infantil etiquetas difíciles y situaciones personales complejas: TDAH no diagnosticado, problemas de conducta, dificultades de aprendizaje, trastornos alimenticios, altas capacidades...

Durante años, pocos profesores quisieron hacerse cargo del grupo. Uno de ellos, antes de Martín, fue el primero que decidió apostar por ellos. Pero fue Martín quien realmente los entendió, quien les dio la oportunidad de empezar de nuevo, sin prejuicios. "No vino a enseñar solo a los mejores. Respetaba el ritmo de los que más lo necesitaban. Y eso lo convirtió en un gran profesor".

Un profe diferente

Martín no enseñaba desde el estrado, sino desde el juego, desde la escucha, desde la empatía. Plantaron juntos macetas, compartieron una librería, montaron una cooperativa y hasta impulsaron un proyecto de arquitectura escolar que acabaría por influir en la remodelación de la plaza de Barcelos. "Aportamos más a la ciudad que muchos adultos", dicen con orgullo.

Martín supo ver lo que había detrás de sus defensas y su caos: un grupo de niños que solo necesitaban alguien que creyera en ellos. Que los escuchara de verdad. "Llegó y nos hizo sentir como en casa. Se emocionaba con nosotros. Nos entendía. Y todavía lo hace".

Recuerdan con especial cariño cómo ayudaba a un compañero todos los días, incluso comprándole el bocadillo si hacía falta. "Era como un padre y un amigo al mismo tiempo. Y lo sigue siendo".

Las comidas con Martín

Todo comenzó el primer año de instituto, cuando decidieron que no querían perder el contacto con él. "Le propusimos quedar a comer y aceptó encantado". Desde entonces, una vez al año, se reúnen en lo que llaman cariñosamente "las comidas con Martín". A veces son muchos, otras veces menos. Algunos ya no viven en Galicia o no pueden asistir por trabajo. Pero siempre queda ese núcleo que mantiene la llama viva.

"Es como volver a tener 10 años por un día. Hablamos de cosas más profundas, sí, pero la dinámica sigue siendo la misma. Volvernos a ver es como si no hubiera pasado el tiempo".

Muchos siguieron juntos en el instituto, otros se ven solo en esta ocasión del año. Pero no hay incomodidad, solo complicidad. "Nos conocemos como solo puede conocerse a alguien con quien compartiste la infancia. Y Martín nos sigue tratando con el mismo cariño y respeto de siempre. Se nota que se alegra de vernos crecer".

Las comidas con Martín
Las comidas con Martín

El valor de lo normal

Para muchos, lo que hacen no es algo extraordinario. "Nos parece lo normal: mantener el contacto con alguien que marcó tu vida". Pero en un mundo donde lo habitual es olvidar y pasar página, esta historia cobra un valor especial.

"Martín sigue igual. Siempre está contento de vernos, sigue pagando la cuenta –aunque ya le decimos que no hace falta– y mantiene esa sonrisa eterna que lo define". Para ellos, Martín no solo fue un profesor. Fue ese adulto que, cuando nadie más apostaba por ellos, les dio la mano. Que los eligió.

"Sabemos quién merece estar en nuestra vida, y él lo merece. Nunca lo vamos a olvidar".

Una clase especial… y un profesor aún más

Martín no solo enseñaba a conjugar verbos. Enseñaba a confiar, a colaborar, a escucharse. Hoy, más de una década después, todavía recoge los frutos de esa siembra.

"Quizá no somos extraordinarios, pero sí sabemos valorar a quienes sí lo son. Y Martín lo es. Por su manera de enseñar, por cómo nos miró, por cómo nos sigue mirando".

Y es que, aunque el grupo haya cambiado, crecido y madurado, aunque hoy cada uno esté en su propio camino, hay algo que permanece: las ganas de volver a encontrarse. De compartir, reírse y recordar que, un día, en una clase difícil de un colegio en Pontevedra, alguien creyó en ellos. Y eso basta para no dejar de celebrar, al menos una vez al año, todo lo que vivieron juntos.