Los altos precios del alquiler y la inflación están detrás del ocaso comercial de la plaza de Curros Enríquez

Pontevedra
06 de octubre 2022

El goteo de cierres de comercios en la emblemática plaza pontevedresa es incesante desde hace años y, tras la clausura de la cafetería El Pecado, el número de bajos comerciales sin actividad en esta plaza alcanza la docena. 

Bajos comerciales cerrados en la plaza de Curros Enríquez Mónica Patxot

Dos locales cerrados, con sus escaparates forrados con papel dan la bienvenida, desde la calle Michelena, a una de las plazas más emblemáticas del centro histórico pontevedrés. El goteo de cierres de comercios en la plaza de Curros Enríquez es incesante desde hace años y, tras la clausura de la cafetería El Pecado, el número de bajos comerciales sin actividad en esta plaza alcanza la docena.

En los últimos meses han bajado la verja de forma definitiva, además de esta cafetería, el restaurante Pizza Nación, la Farmacia Herreros, una peluquería, la droguería Moderna y la farmacia contigua, el edificio comercial de Peral, la ferretería Varela y la relojería Tempus, que se ha mudado unos metros más bajo en la calle Don Gonzalo. Sin citar los bajos en ruinas contiguos al ya extinto restaurante de pasta y pizza. 

"La plaza se está quedando muy pobre. Te hace plantearte cosas porque si no tienes locales abiertos alrededor, la gente no pasa", reconoce el propietario del estanco ubicado en la parte alta de la calle Real, que asiste desde hace un lustro a un éxodo comercial imparable. Pero no todos los que han cerrado lo han hecho porque sus negocios no funcionaran, un ejemplo de esto es la Farmacia Esteban, que se ha tenido que trasladar a la Avenida de Uruguay, frente al Puente de las Corrientes, para poder prosperar.

Los empresarios que todavía resisten tienen muy claro cuáles son las causas de esta decadencia: los precios del alquiler, en primer lugar, y los efectos de la inflación, como detonante. "Todo sube y no podemos repercutírselo a los clientes. Al final no vas a poner en juego tu empresa, a tus empleados por sacar 1.000 euros limpios. Es mejor cerrar y trabajar para otro", explica Toño Pérez, el propietario del restaurante Borona. 

Y es que muy pocos emprendedores pueden asumir cuotas de alquiler que superan los 2.000 euros mensuales. En algunos casos alcanzan los 7.000. "Los propietarios tienen que poner los pies en el suelo, saber en qué mundo vivimos porque no se pueden asumir alquileres tan altos", reconoce el hostelero.

Una argumentación similar defiende el último empresario en echar el cierre definitivo. "Mantener un negocio después de la pandemia es más caro que antes. Subió todo una barbaridad, de gas y luz estamos pagando el doble que antes. Las cervezas, los refrescos o la bollería también ha subido y los precios de venta al público no los puedes subir. Los márgenes se reducen", relata Víctor Pampín, quien asegura también que "los alquileres están muy altos, algunos fuera de mercado, y a muchos propietarios les cuesta bajar".

En este sentido, muchos emprendedores critican que en plena crisis los arrendadores se empeñen no solo en mantener los precios, sino en algunos casos incrementarlos. "Cierran tiendas de todo tipo, ahora mismo faltan pisos de alquiler, pero sobran bajos", expone el hostelero.

Consciente de esta situación están en la institución más importante ubicada en esta plaza, el Casino Mercantil e Industrial de Pontevedra. "Hay quien alquila a un precio demasiado elevado, puede ser una de las causas. Hay locales pequeños que deberían ser más económicos para dar oportunidades a los emprendedores", sugiere el presidente Roberto Vega.

Pero ni esta institución escapa a la crisis inmobiliaria que asola a la plaza de Curros Enríquez. Desde hace años, el Casino Mercantil tiene su sede a la venta. Han recibido ofertas, pero por el momento no hay avances. "Seguimos estudiándolas, no tenemos prisa", resuelve el dirigente.

A pesar de la larga noche en la que está sumido el tejido comercial de esta plaza, hay motivos para la esperanza. El chef Pepe Vieira sigue avanzando en la remodelación de la antigua ferretería Varela para abrir un asador y el antiguo local que ocupaba la franquicia 100 Montaditos también regresará pronto a la actividad con un nuevo negocio hostelero. Unas aperturas que, si el mercado se estabiliza, pueden servir de impulso para el resurgir comercial de la plaza de Curros Enríquez.