En marzo de 2019 comenzaban las obras de reforma de la carretera provincial entre Campelo y Lourido en el municipio de Poio. La Deputación tenía previsto llevar a cabo un cambio de imagen con mejores accesos, creación de sendas peatonales y de espacios de convivencia vecinal.
Sin embargo, residentes de cuatro propiedades de Campelo se muestran preocupados por la ejecución de estas obras. Alertan de la falta de aceras por uno de los laterales de la carretera, precisamente por el margen en el que se encuentran sus viviendas. Juan es uno de los vecinos afectados y no entiende por qué razón no se construyen aceras en la zona por donde los vecinos caminan para entrar y salir de sus propiedades. Afirma que esta carencia provoca inseguridad: "Eu teño fillos pequenos e xa non os podo mandar sós para tirar o lixo ao contenedor tal e como queda a carretera".
Señalan que, además, la calzada se ha desplazado cerca de un metro hacia las viviendas de ese lado dejando menos margen, en algunas zonas, para el paso de los peatones por este tramo. Los residentes afirman que se han quejado a la Deputación y a los ingenieros que visitan las obras sin que sus demandas tuvieran éxito.
El proyecto contempla además una plataforma única sin diferencia de altura entre la calzada y los carriles de los bordes, una situación que es criticada por los vecinos ante el temor de que los vehículos puedan golpear a los viandantes.
Los vecinos reconocen que la obra era necesaria porque supone mejora del alumbrado público, saneamiento y sistema de pluviales, entre otros aspectos, pero entienden que estos trabajos con un presupuesto total que supera los dos millones de euros deberían atender las demandas vecinales en cuanto a seguridad en los accesos a las viviendas.