Más que claro resulta para cualquier aficionado taurino que el número de trofeos conseguidos por los diestros en un festejo no siempre guarda la lógica proporción con el espectáculo presenciado. Distintas circunstancias pueden influir en que ese número sea más o menos elevado, independientemente de la calidad y del arte exhibido en el ruedo.
El ambiente más o menos festivo que se viva en los tendidos, el favor de la afición hacia determinados diestros a los que se les mira de forma mucho más indulgente, o la distinta vara de medir que utilice la presidencia y sus asesores al juzgar las faenas, son factores que hacen subir o bajar el número de apéndices logrados, aunque no necesariamente sean reflejo exacto de la calidad y del buen toreo.
Pero sobre todos ellos, hay una 'suerte' determinante en el arte taurino. Por algo se le llama la 'suerte suprema'. El acierto con el acero ha marcado desde siempre la diferencia entre el éxito, entre la salida a hombros por la puerta grande, y el abandonar el coso a pie, aunque se haya realizado una faena para enmarcar.
De lo que dejamos dicho pueden dar buena fe 'El Juli' e Iván Fandiño. El primero realizó una faena descomunal en el que abrió plaza, pero se tropezó con una presidencia tan exigente como indulgente había sido el día anterior. Le negó una más que merecida segunda oreja, y luego, en su segundo enemigo, el acero le cerró la posibilidad más que merecida de abandonar San Roque a hombros.
Todo lo contrario que Fandiño. Lo hizo todo bien en su primero, pero no acertó con el estoque y lo que debían ser dos orejas se quedó en ovación. Pero luego, en el que cerraba plaza se vio compensado, incluso en exceso, con dos orejas que le abrieron la puerta grande, conseguidas exclusivamente merced a una de las mejores y más certeras estocadas que se recuerdan en el coso pontevedrés en muchos años.
Completaba terna Miguel Ángel Perera, que estuvo gris y desafortunado en su primero, desquitándose a medias en el quinto de la tarde, un sobrero que quizás fue el que, aunque difícil y complicado, dio mejor juego de toda la corrida, logrando una merecida oreja.
En total fueron cuatro orejas entre los tres diestros. Una menos que en la corrida que abrió feria. Menos trofeos, sí, pero infinitamente más toreo, y no sólo de los matadores, sino también de las respectivas cuadrillas de subalternos, que realizaron una lidia sensacional en todos los tercios, hasta el punto de ser ovacionados en bastantes ocasiones tanto los picadores como los banderilleros. Mención especial, en este apartado, para la cuadrilla de Iván Fandiño, que estuvo soberbia toda la tarde.
Julián López 'El Juli' lo hizo casi todo bien en el toro que abrió plaza. Estuvo lucido con la capa. Realizó un trabajado quite por chicuelinas. Cuidó a su enemigo con mimo en la lidia al observar que no estaba sobrado de fuerzas y cuajó una faena profunda, madura, acariciando con la derecha y dibujando al natural una estampa perfecta entre toro y torero. Técnica y estéticamente fue una labor redonda, fruto del arte y el sabor de un diestro en su mejor momento, que ha optado por espaciar sus apariciones, pero posiblemente con la intención de disfrutar y hacer disfrutar de cada una de ellas. Merecía las dos orejas, pero la presidencia en una decisión muy protestada y difícilmente entendible, visto lo visto la tarde anterior, dejó en un único apéndice.
Y si la presidencia le dejó sin una oreja, el acero le quitaría otra en el cuarto de la tarde. El diestro madrileño se encontró con un toro peleón, con poca clase, pero que fue capaz de hacer medianamente bueno a base de envolverlo en la franela en una faena trabajada, voluntariosa, en la que cuando la calidad no fue posible sacó a relucir sus ansias de agradar y de triunfo, recordando a aquel Juli que comenzaba, cuando su valor empequeñecía cualquier otro aspecto de su arte. No acertó con la espada. El toro, que por entonces no dejaba de caminar, le obligó a una estocada casi al volapié. Luego los nervios y el ansia por terminar le llevaron a equivocarse con el descabello. Y se esfumó la segunda oreja y la posibilidad de salir por la puerta grande, homenaje que se había merecido con creces.
El banderillero de Perera, Joselito Gutiérrez, fue corneado leve en la parte posterior de la rodilla por el segundo toro
No estuvo bien Miguel Ángel Perera en su primer enemigo. Le tocó en suerte el toro mejor presentado, un animal de precioso aspecto, pero que le planteó unos problemas que no fue capaz de resolver. Puede que condicionado por el percance que sufrió uno de sus banderilleros, Joselito Gutiérrez, que tuvo que ser llevado a la enfermería tras sufrir una cornada de unos cuatro centímetros y trayectoria ascendente en la parte posterior de la rodilla izquierda, afortunadamente parece que sin mayor importancia. El diestro despachó al toro tras una faena en la que apenas pudo trenzar algunos pases y series cortas, sin ligazón, y en la que el toro dio la impresión de superarle casi siempre.
Mejoró en el quinto de la tarde, un sobrero que fue lidiado tras devolver a corrales al morlaco que salía en ese orden de lidia, y que saltó al ruedo con el pitón derecho roto. El diestro pacense se encontró con un rival de embestida limpia y larga, pero que se apagó demasiado pronto para sus ambiciones de triunfo. Aún así, mientras las fuerzas del toro aguantaron, Perera supo sacarle partido, venciendo las dificultades que la planteaba por el pitón izquierdo, para terminar rozando lo temerario, cruzándose en la cara del toro y metiendo su cuerpo entre ambos pitones, a escasos centímetros, levantando el fervor de los tendidos. Logró una oreja, que pudieron ser las dos de haberle durado un poco más el gas al bicho.
El quinto fue devuelto a corrales por tener un pitón roto
Iván Fandiño armó el taco en el tercero de la tarde. Tanto él como su cuadrilla dejaron claro que por algo miran hacia lo más alto del escalafón y en camino están de conseguirlo con todo merecimiento. Le sobra valor y tiene calidad y arte de sobra. El diestro vizcaíno con ascendencia gallega justifica en cada tarde el precio de una entrada, lo mismo que el temor que algunas figuras tienen a compartir terna con él. Porque es un torero que se exige y exige al máximo a los que le acompañan.
Desde el primer lance de capa levantó al tendido. Grandioso y espectacular su quite en los medios. Ovación a su picador por una excelente y cuidada vara. Y ovación repetida a sus banderilleros por un excelente tercero con los palitroques. Brindó la muerte del morlaco al maestro Palomo Linares (a quien luego pediría humildemente perdón por no haber podido redondear la faena con la espada). El comienzo con la franela fue a lo grande. En los medios, con una serie combinada de pases por la espalda y estatuarios.
Hizo un toreo serio y valiente. Arriesgándose hasta la temeridad, con una tanda de manoletinas final en la que lo puso todo. Condicionada su faena por dos revolcones que sufrió el toro y que le mermaron considerablemente las fuerzas y su calidad en la embestida. El éxito era suyo, pero se le escapó con la espada.
Iván Fandiño corta dos orejas, 'El Juli' y Perera una cada uno
Y la espada, caprichosa ella, sería quien le diese las dos orejas en el que cerraba plaza. La espada y esa casi "tradición" local en la que parece que no se sale contento de la plaza si al menos uno de los matadores no la abandona a hombros y por la puerta grande. Cierto que lo intentó de mil maneras, pero el toro se le apagó pronto impidiendo todo lucimiento. Entonces llegó ese momento mágico. Una estocada sensacional, espectacular y fulminante, que hizo saltar al tendido y hasta al segundo pañuelo del bolsillo de un presidente ansioso por congraciarse con el público, que antes le abucheó por haberle negado a 'El Juli' lo que le correspondía. Exageradas eran, sin duda, las dos orejas, pero venían a premiar a un torero que es todo un soplo de aire fresco en el panorama nacional.
FICHA DE LA CORRIDA:
JULIÁN LÿPEZ 'EL JULI': Estocada ligeramente trasera (una oreja y fuerte petición de otra). Estocada tres cuartos y descabello al quinto intento (palmas, tras escuchar un aviso).
MIGUEL ÁNGEL PERERA: Estocada tendida y ligeramente desprendida (ovación con tímida petición de oreja). Estocada trasera (una oreja).
IVÁN FANDIÿO: Dos pinchazos, media estocada y descabello al segundo intento (ovación y saludo desde el tercio, después de escuchar un aviso). Estocada sensacional y fulminante en todo lo alto (dos orejas). Sale a hombros por la puerta grande.
Tres cuartos de entrada en los tendidos
Incidencias: Segunda corrida del ciclo taurino de la Peregrina. Cinco toros de la ganadería de Victoriano del Río y un sobrero de Toros de Cortés, que salió en lugar del quinto de la tarde, devuelto a corrales al saltar al ruedo con el pitón derecho roto. Bien presentados en líneas generales, complicados para la lidia, pero justitos de fuerzas. Casi tres cuartos de aforo cubierto en los tendidos.