El mirador de A Peixeira, una nueva vida que rompe los límites entre Portonovo y el mar

Sanxenxo
16 de junio 2025
Actualizada: 17 de junio

Los arquitectos responsables desgranan el alma del proyecto de transformación, que renaturalizó la costa y reconcilió la zona con su origen marinero reutilizando el muro de hormigón original

Alberto Campos, Gabriel Alarcón, Luciano González y Miguel Estévez
Alberto Campos, Gabriel Alarcón, Luciano González y Miguel Estévez / Mónica Patxot

El mirador de A Peixeira, en Portonovo (Sanxenxo), llevaba años languideciendo, alejado de los estándares actuales de diseño urbano pensado para las personas y poniendo una barrera (literal) entre el pueblo y el mar. El tráfico rodado lo comía, un muro de hormigón producía un enorme impacto visual desde el mar y apenas tenía uso como espacio de convivencia. 

Con esta situación como punto de partido, el Concello de Sanxenxo y la Deputación Provincial impulsaron un proyecto de transformación integral que, tras una inversión de un millón de euros y dificultades para cumplir los plazos por el cambio de empresa constructora, se inauguró en abril.

Esta actuación ha dado una nueva vida a la zona, que tiene unas vistas privilegiadas sobre la Ría de Pontevedra, pero apenas se usaba por su degradación. Para analizar su impacto, sus responsables desgranan todos los detalles.

El proyecto es obra de Crudo Arquitectura (Gabriel Alarcón) y Estévez y González Arquitectos (Luciano González y Miguel Estévez), con la colaboración de Alberto Campos y Zaraida Martínez y, en las fases iniciales de ejecución, incorporó propuestas aportadas por vecinos y vecinas, con los que impulsaron espacios de diálogo.

Antes e despois no proxecto do miradoiro da Peixeira, de Crudo Arquitectura y Estévez y González Arquitectos
Antes e despois no proxecto do miradoiro da Peixeira, de Crudo Arquitectura y Estévez y González ArquitectosPontevedraViva

Su objetivo, que todos consideran alcanzado, era la "recuperación del litoral y su homogenización costera" y el cambio más radical que impicó fue eliminar el muro de contención de hormigón armado creado en una zona que todo apunta que nació como una escombrera y que, además de generar ese impacto desde el mar, actuaba de barrera que impedía incluso ver el auga desde algunos puntos del entorno. 

Se trata de un espacio ganado a la costa a través de un relleno y un muro de contención de hasta 6 o 7 metros de altura que, según explican sus responsables, presentaba "estado de deterioro" y quisieron convertirlo en un entorno "más amable" a base de "renaturalizarlo".

Ese muro que "era un poco agresivo, casi como un límite con el mar" se derribó de manera parcial y sirvió como punto de partida para conectar esa línea de costa con Portonovo, una villa de origen marinero que apenas conservaba, en ese espacio, esa conexión con el mar.

Se creó una conexión cómoda entre la carretera de acceso, las rocas y el mar. Una conexión en forma de rampa de unión; y no de muro. El resultado es un espacio en ladera que recrea ese borde costero previo al muro, y que ahora la ciudadanía puede disfrutar, además, garantizando la accesibilidad. 

Alberto Campos, Gabriel Alarcón, Luciano González e Miguel Estévez
Alberto Campos, Gabriel Alarcón, Luciano González e Miguel EstévezMónica Patxot

Ese muro desapareció, pero no sus materiales. Se apostó por una demolición controlada, se despedazó, realizaron cortes que recuerdan a una cantera y se reutilizaron los restos para para hacer diferentes desniveles y en forma de pavimento, mobiliario o bloques para estructuras.

El proyecto buscó conectar ese mirador de A Peixeira con el campo de San Roque, pues se detectó un "problema de accesibilidad hacia la parte superior". Para ello, sustituyeron las escaleras previas y diseñaron una serie de plataformas, enlazadas mediante rampas y escaleras, en forma de zigzag, que conectaron ambos espacios.

"Ahora, esa bajada va adquiriendo una tipología más de villa marinera, que es como realmente sería el origen de Portonovo, con espacios, recorridos, zonas de de estancia, zonas de pequeños miradores, zonas verdes", explican estos arquitectos pontevedreses.

El proyecto dio gran protagonismo a la iluminación. El sistema previo era más invasivo y se optó por uno más tenue, con luz más contenida e integrada en los suelos y muros, en los huecos creados entre los distintos bloques de hormigón y piedra, buscando "evitar la contaminación lumínica" y poner en valor el espacio.

Para completar la recuperación de la zona, se mejoró la avenida de Pontevedra, una vía con gran volumen de tráfico para acceder a la zona. De ser una zona invadida por los coches, se pasó a dar protagonismo al peatón, reduciendo la cantidad de coches que llegan a la zona y su velocidad para que "no tuviera tanta presencia dominante el coche".

El protagonismo pasó a ser para el peatón con un trabajo de calmado de tráfico, con cambio de material por adoquines e instalación de badenes en la entrada y salida del área. 

Por el camino se perdieron plazas de aparcamiento que generaron tensiones vecinales en su momento, si bien los últimos tiempos parecen ya superadas.

En esa filosofía de diálogo con la población, incorporaron su petición de cambiar una plantación de pinos prevista entre las rampas por una de laurel y escharon las peticiones vecinales para situar donde ellos consideraban más adecuado tres elementos etnográficos y patrimoniales que había en el entorno.

Se trata de un crucero, un ancla y la famosa estatua de A Peixeira obra de Alfonso Vilar que desde 1994 coronaba el mirador como un homenaje a las mujeres que salían del puerto con su cesta de pescado en la cabeza.

Impulsaron un proyecto "coherente hsta el final" con el objetivo de la renaturalización y lograron convertir la zona en un espacio de convivencia y socialización que recupera ese espíritu de villa marinera y también su valor como punto de encuentro y para disfrutar de vistas al mar para vecinos y turistas.