Esta es una historia que empezó a escribirse a bordo de un barco en la zona de las Islas Malvinas el 25 de julio de 1999 y encara sus últimas líneas en un piso del centro de Marín. Arrancó con Cándido Juncal lanzando al mar un mensaje en una botella. Continuó el 7 de enero de 2016, cuando Alex Mitham, el administrador de Tristán de Acuña, localizó la botella tirada en una playa de ese archipiélago británico ubicado en el Atlántico sur. El siguiente episodio lo escribió el 21 de enero Maica Juncal, tras leer en PontevedraViva que estaban buscando al autor de ese mensaje y desvelar que era su padre. La última entrega hasta el momento la escribió este fin de semana el propio Cándido: llegó por sorpresa a su casa desde Namibia y, con su mujer y su hija, empezó a redactar un correo electrónico con el que ponerse en contacto con quien encontró su carta. ¿El final deseado? "Quizáis me gustaría ir alá. Por que non?".
El misterio sobre quién es Cándido Juncal lo resolvió, en parte, su hija Maica al ponerle cara facilitando fotos, pero quedaban muchas dudas sin responder sobre el mensaje que llegó 16 años y medio después a Anchorstock, una playa de difícil acceso en la isla de Tristán de Acuña, inscrita en el libro Guinness de los récords como el lugar habitado más alejado de cualquier otro lugar habitado de la Tierra.
Este periódico ha estado con él y su familia en su piso de Marín, a dónde llegó este fin de semana por sorpresa, pues inicialmente la marea que le mantenía embarcado en aguas de Namibia estaba previsto que durarse hasta marzo. No es sencillo encontrar respuestas. Cándido es parco en palabras. Curtido en 35 años de pesca en alta mar, en mareas de medio año echando de menos a la familia, ha desarrollado el sentido de la introspección y medita cada frase.
Si en la botella que apareció en Tristán de Acuña da rienda suelta a su vena literaria, en persona mantiene la reserva de quien está acostumbrado a pasar largas horas en la soledad de un camarote. "O mar é unha vida dura. Dáche, por un lado, un traballo e unha satisfacción para ter a familia ben, pero, por outro, quítache media vida". Y él, a un año de jubilarse, le ha dedicado ya más de la mitad de sus 56 años de vida.
Desde Tristán de Acuña persiguen desde principios de enero ponerse en contacto con él "para completar su encantadora historia". En los últimos días correos electrónicos enviados desde Marín les está ayudando a resolver sus dudas. Cándido estaba aquel 25 de julio de 1999 embarcado en un pesquero de la compañía viguesa Hermanos Touza en la zona de las Islas Malvinas. Llevaba en alta mar apenas unas semanas, desde junio, pero en esa ocasión se le hicieron eternas y sintió morriña. "Non recordo todo", indica, pero sí que metió sus sentimientos en una botella de champán vacía de la marca Freixenet y la lanzó al mar.
No era, ni mucho menos, su primera botella. Ha lanzado "máis de cen, catro ou cinco en cada marea", desde México, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Ciudad del Cabo, Dakar, las islas Malvinas e incluso desde cerca de la Antártida, pero hay dos que recuerda de una forma especial y esta es una porque "naveguei cuns amigos" y, como "galeguista convencido" que es, en el Día de Galicia añoró aún más su tierra. No olvida tampoco la última, pues la lanzó hace escasos días, desde aguas de Namibia contando esta historia. "A ver se chega", confía.
No recuerda cómo empezó esa costumbre de lanzar botellas al mar, de la que sus amigos han hecho muchas bromas, pero sí por qué lo hizo: "A nosa vida é un pouco solitaria, hai días que estás un pouco máis sensible ca outros e, bueno, escribes o que che ven á mente". Y solo falta cubrir los papeles con un plástico, usar "un bo corcho" y ahí se quedan los sentimientos, flotando en el océano. En su caso, muchos poemas y mensajes evocando su añorada Galicia.
"Cando botas algo é con idea de que salga por algún sitio", relata, sin poder contener la emoción que le hace temblar la voz y a punto está de hacerle asomar una lágrima. No es muy efusivo en sus comunicaciones, pero sí una persona sensible y se emociona con solo pensar en que uno de esos poemas y cartas que se llevaron las olas llegó a tierra firme. No le extraña que terminase varada en Tristán de Acuña, pues "esa é unha zona de correntes que é propicia para que chegue alí todo, redes…".
En los próximos días seguirá en contacto con el responsable de la web local de Tristán de Acuña e intentará ayudarle a aclarar todo el contenido del mensaje, a pesar de que le ha enviado una foto del original y "hai palabras que non se ven porque están entre as arrugas. Vese que a plancharon, pero algunhas faltan". Y piensa, quizás, en ir a conocer a Alex Mitham, pues "cando escribo, penso en quen a vai recibir" y, en este caso, tiene la posibilidad e saber quién ha sido. Gracias a Breogán y el Apostol Santiago, a quienes invocaba en su mensaje, o, quizás, gracias solo al mar, porque, como bien recuerda su esposa, Dolores Cabaleiro, "as cousas do mar non se poden controlar".