Amalia Acuña Calviño ya tiene cien años. Esta conocida vecina de Marín se convirtió este fin de semana en la nueva centenaria de la villa y, como no podía ser de otro modo, lo celebró con los suyos.
Es común escuchar su apellido como De Muñoz, herencia de su estancia en Venezuela, donde lo habitual era perder el segundo apellido después de casarse.
Desde muy pequeña, se dedicó a impartir costura donde hoy está el Bar Umia, en la Rúa Almuiña.
Junto con su marido Gabriel, tuvo tres hijas: Amalita, Beatriz y Aída.
Emigrados a Venezuela, su marido trabajaba en una mina de diamantes y ella seguía con la costura, alternando las clases con su trabajo en un taller de moda.
Ese fue el germen de su propio atelier, "Confecciones Ambaida", en honor a los nombres de sus tres hijas, y creó su propia línea de ropa.
Sus diseños se vendían en varias boutiques de Caracas.
Siempre viajó a su Marín natal, al que logró volver pasados los años, y gracias a su trabajo, esfuerzo y adicación se convirtió en el sostén principal de su familia.
Alegre y sonriente, va dos días a la semana a las clases de gimnasia del centro social. Vive con una de sus hijas quien, junto con su nieta, está totalmente pendiente de ella.
La alcaldesa de Marín, María Ramallo, no dudó en acercarse a su casa y felicitarla por cumplir esos cien años tan bien llevados.