La ciudadanía de Caldas de Reis se ha unido con fuerza para plantar cara al proyecto de la variante oeste. Cuatro plataformas vecinales, nacidas recientemente en las parroquias de Godos, Bemil, Santa María y Arcos, están trabajando codo a codo con un objetivo claro: lograr la paralización total del actual proyecto y exigir una alternativa que escuche y respete las demandas del vecindario y del propio Concello.
La preocupación entre las parroquias afectadas es creciente. El proyecto que está siendo evaluado por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha despertado una oleada de rechazo, reflejada en las casi 3.000 alegaciones presentadas en tan solo diez días. La razón, según explican, está en los "graves perjuicios" que podría causar en múltiples niveles: social, económico, ecológico y patrimonial.
De salir adelante el proyecto tal como está planteado, se demolerían 16 viviendas y otras 24 quedarían seriamente afectadas. Además, la Variante Oeste partiría las parroquias, aislando aldeas enteras al proyectar una vía tipo "cerca", sin accesos, que interrumpe la comunicación entre núcleos y empeora la calidad de vida de sus habitantes. Todo esto, según las plataformas, no haría más que acelerar la despoblación del rural gallego, un problema que ya se sufre desde hace años.
A nivel económico, se estima que más de 30 empresas locales podrían verse afectadas. Muchas de ellas dependen directamente de la actividad en torno a la N-550 y la N-640. Cambios drásticos en estas vías podrían poner en riesgo más de 500 puestos de trabajo.
Y no menos importante es el impacto sobre el medio ambiente: la variante atravesaría numerosos cauces, incluida la cuenca del río Umia, un ecosistema que podría quedar gravemente dañado.
También el patrimonio está en riesgo, según señalan estas plataformas, pues el trazado propuesto afecta directamente al Camino de Santiago, tocando elementos de gran valor histórico como cruceiros, petos de ánimas y una iglesia de origen románico. El impacto patrimonial preocupa tanto como el humano y ambiental.
Las plataformas vecinales cuestionan la lógica del proyecto. Señalan que, aunque el objetivo declarado es mejorar el tráfico en el centro de Caldas, el Ministerio impone unir esta variante con el acceso al puerto de Vilagarcía desde la AP-9, algo que no tiene relación directa. Además, el propio estudio reconoce que una vía tipo ronda abierta sería la mejor solución para Caldas… y, sin embargo, opta por un trazado más costoso y perjudicial.
Los vecinos reclaman una vía "blanda", con accesos y aceras, que conecte la N-550 y la N-640, consensuada con el Concello y sin arrasar el entorno rural. También piden excluir el acceso al puerto de este proyecto, ya que solo ahorraría menos de un minuto en el recorrido y generaría mucho más daño que beneficio.
Además, exigen la liberalización del tramo de la AP-9 entre Saiar y Carracedo, lo que sí reduciría el tráfico en el núcleo urbano, y recuperar el proyecto paralizado de la AG-47, que conectaría eficazmente el puerto con la AP-9 sin duplicar infraestructuras.
Desde las plataformas agradecen el respaldo del Concello y de todas las fuerzas políticas de Caldas de Reis, y se comprometen a seguir trabajando juntos para defender su territorio. Anuncian que solicitarán reuniones con todos los organismos implicados y, si sus demandas no son escuchadas, no descartan movilizaciones y acciones de protesta.