Los Lunes de Pascua se cumple en la parroquia pontevedresa de Tomeza con la tradición de San Cibrán, el santo que elimina el mal de ojo. Pero este año, la romería mostró una imagen decadente. Solo se celebraron actos religiosos y apenas se sumaron puestos de venta de productos típicos en los alrededores de la ermita, tampoco hubo charangas ni orquestas ni carpas para disfrutar del pulpo.
La ausencia de una comisión de fiestas provocó que solo un centenar de fieles se acercara hasta esta zona para espantar el "meigallo". El párroco acompañado por un músico con una guitarra llevó a cabo la eucaristía en el exterior de la capilla para, a continuación, celebrar la procesión.
En esta ocasión, el paso debajo de la figura del santo se hacía dentro del templo y también se vendían en el interior las hierbas que, según la tradición, son necesarias para conjurarse contra el mal fario.
Algunos de los fieles que asistieron a la celebración sí cumplieron con el lanzamiento de las piedras por encima del tejado del santuario a la vez que se dan nueve vueltas.