Tres días a la semana se recogen los residuos orgánicos, dos días a la semana se recogen los envases, un día a la semana el vidrio, otro el papel y otro la fracción resto. Esa es la organización de la recogida de basura que se realiza en el ayuntamiento de Sort en Cataluña, uno de los ejemplos de éxito en la gestión de los residuos que conoció este miércoles a comitiva de los concellos Revitaliza en su viaje de formación.
Según explicó el director de Planificación Estratégica de la Agència de Residus de Catalunya Francesc Giró a los representantes de la provincia, la decisión de eliminar la recogida diaria de la basura en contenedores y pasar a una recogida periódica y alterna de las diferentes fracciones es la clave del éxito para conseguir los objetivos de reciclaje obligados por la Unión Europea.
En los ayuntamientos que se hace así en Cataluña se llega a cifras que superan el 85% de reciclaje, una cifra muy superior al 50% que la Unión Europea exige para este año 2022 e incluso a la que será obligatoria en 2035. Los datos de los municipios que siguen con los contenedores en la calle u otros sistemas de recogida bajan al 45%. La situación de estas localidades catalanas choca, a día de hoy, con los concellos de la provincia de Pontevedra, donde los mejor situados gracias al Revitaliza rozan el 40%.
Giró habló en concreto de la situación del Consello Comarcal de Pallars de Sobirá, 15 municipios con una población de 7.000 habitantes que en verano llega a 500.000. Allí se implantó el sistema de recogida Puerta a Puerta, se facilitó al vecindario un caldero para sacar a la calle los biorresiduos y otro caldero de mayor tamaño para sacar el resto de las fracciones de manera diferente cada día. Antes del cambio de sistema el consejo comarcal estaba en la cola de Cataluña, ahora está entre las cinco zonas con mejores datos.
Además de recibir explicaciones técnicas, la comitiva pontevedresa pudo ver cómo en la noche de ayer la ciudadanía sacaba a la calle el caldero que correspondía a la fracción de envases y lo dejaba en la puerta. Esta mañana también observaron ‘in situ’ como hacían la recogida los operarios, haciendo lecturas de los chips identificativos (cada vivienda tiene un código asignado) al echar la basura en el camión: el sistema tecnológico permite saber cuanta cantidad de residuos echa cada persona y se cumple con el reciclaje como corresponde o hay alguna incidencia.
CASETAS CON CONTROL DE ACCESO PARA ZONAS DISEMINADAS
Por su parte, el responsable técnico del Consejo Comarcal del Solsones Toni Jiménez, explicó como "dio la vuelta a la tortilla" con el cambio de los sistemas tradicionales al retirar los contenedores de la calle y pasar a una recogida calendarizada por fracciones.
Destacó que en la planta de compostaje en la que trabajan anteriormente se trataban 9 trincheras de residuos orgánicos mezclados con otros residuos y solo tres de orgánica pura, mientras que con el cambio a la 'Puerta a puerta' a fracción resto mezclada cayó a apenas un cuarto de la cantidad anterior y la orgánica pura se duplicó, pudiendo hacer un compost de mayor calidad.
Para las zonas más diseminadas, apuntó, se está trabajando para retirar 40 de las 81 islas de reciclaje que hay en las zonas rurales y sustituirlas por casetas con recogida 'Puerta a puerta' e identificación de usuario mediante un control de acceso. "Tenemos la vista puesta en la tasa justa, que cada persona pague por lo que genera. Todo ve encaminado a eso", apuntó.
La comitiva pontevedresa siguió por la tarde hacia la Mancomunidad de La Plana, donde tuvieron una bienvenida institucional del presidente Ferrán Teixidor, el vicepresidente Xavier Rierola y la gerente Imma Codoni. Las explicaciones técnicas sobre la gestión de los residuos en la zona recayeron en el jefe de área de Medio Ambiente Francesc Molist, quien hizo una llamada a los políticos pontevedreses a "creer y apostar" por un modelo 'Puerta a puerta' cuyas cifras hablan por sí solas: en la mancomunidad formada por 14 municipios (35.000 habitantes) los datos pasaron a superar el 88% de recogida selectiva con una media del 83,4% anual. "El objetivo es que la fracción resto no supere el 10%" apuntó.
En la zona los representantes de los concellos Revitaliza conocieron como se aplica el alta tecnología de los calderos con chips de alta frecuencia y también las mejoras que se están introduciendo en la planta de compostaje de Malla, que pretende tratar una capacidad de 2.500 toneladas de biorresiduos anual. "Aquí el recibo de la ‘basura’ está entre los 140-150 euros al año. Debería dar para cubrir los costes del servicio, algo que ya es obligatorio por ley para 2025. Si se mancomunan costes puede haber precios competitivos, pero claro está que hay que ir al pago por generación desde el origen", subrayó.