La pontevedresa parroquia de Tomeza celebró este 21 de abril, Lunes de Pascua, su tradicional romería de San Cibrán, que combina fervor religioso, tradiciones ancestrales y una adaptación a los tiempos actuales.
Lo que muchos visitantes desconocían es que este año la romaría estuvo a punto de desaparecer. La comisión de fiestas que hasta 2024 se ocupó de todos los preparativos abandonó el cargo y, casi in extremis, en el mes de febrero, un grupo de veinteañeros de la parroquia asumió estas funciones.
"Nos ha costado mucho poner en marcha todo esto en pocos meses, pero la gente y las empresas colaboradoras se han portado muy bien", expresaron Adrián y Rocío, dos de los jóvenes integrantes de la nueva comisión.
Cientos de personas acudieron a la capilla desde primera hora de la mañana, registrándose una alta asistencia en torno a las 13:00 horas, momento de la misa solemne, seguida de procesión y sesión vermú. Entre ellos, Rosa, una vecina de Pontevedra de 87 años, que lleva desde niña cumpliendo con la tradición.
Recuerda cómo, en su juventud, venían a pie, cruzando montes y caminos sin iluminación ni carreteras: "bailábamos aquí hasta que se iba la luz del sol y después ya volvíamos andando". En la actualidad, conduce su propio coche hasta San Cibrán.
San Cibrán también se actualiza. María del Carmen Ligero, Mari, la persona que cuida todo el año la capilla, explica que se han sustituido las piedras por gravilla para evitar accidentes, ya que anteriormente se utilizaban piedras grandes que en ocasiones provocaban heridas entre los participantes.
Estas piedrecitas, que estaban a disposición del público en un cesto en el lateral del templo. sirven para ir contando las nueve vueltas que hay dar alrededor de la capilla en sentido contrario a las agujas del reloj para, según reza la tradición, "espantar o meigallo".
A esta circunstancia, se añade la curiosa convivencia de dos santos en las procesiones: San Cibrán y San Cornellán.
Comenta la cuidadora de la capilla que San Cornellán, nombre por el que se le conoce popularmente y que Mari ignora si es o no oficial, fue durante años la única imagen de San Cibrán que salía en procesión. Pero, como no se parecía al santo de piedra que se venera en el interior de la capilla, un párroco anterior, Don José, decidió encargar una nueva más fiel al original.
Como la gente le tenía mucho cariño, se resolvió que ambos santos compartiesen procesión, dado que es la única época del año en la que abandonan su hogar, en la capilla de San Pedro.
Es costumbre pasar tres veces por debajo de los santos y portar un ramo con cinco hierbas. "El laurel para triunfar, la ruda para protegerse de envidias, el olivo para la paz, el romero para la buena suerte y la malvarrosa para atraer energías positivas", señala Mari. Estas hierbas permitirán mantener la casa a salvo de malas energías durante el resto del año.
Las misas corrieron a cargo del párroco de Tomeza y San José de Campolongo, Casimiro Fernández, quien explica que San Cibrán fue un obispo y teólogo cuyo legado incluso está inscrito en la Basílica de San Pedro en Roma y representa a un defensor del papado y de la organización de la Iglesia, además de haber muerto como mártir por su fe.
El fallecimiento del Papa Francisco apenas unas horas antes de las celebraciones de San Cibrán le lleva a reflexionar sobre la reconfortante coincidencia de fechas, en que "se mezcla la Pascua y la muerte del Papa, con lo cual nos ayuda a vivirlo".
Reconoce el párroco que "la muerte siempre que nos golpea, nos duele", pero al mismo tiempo, la fe en Cristo resucitado proporciona consuelo y esperanza.
En todas las misas del día se ruega por el alma del Papa Francisco, recordando que "hemos pedido siempre por su descanso eterno".
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