Un "sobrecargado" Villa de Pitanxo se hundió por las maniobras "inadecuadas" del patrón

Marín
22 de octubre 2025
Actualizada: 20:30

La manera en que se produjo el abandono del buque, según el informe de la CIAIM, "contribuyó al elevado número de víctimas". Los técnicos concluyen que el capitán ordenó desalojarlo "demasiado tarde"

Imagen del Villa de Pitanxo tras su hundimiento

Los técnicos de la comisión permanente de investigación de accidentes e incidentes marítimos (CIAIM) lo tienen claro. El Villa de Pitanxo iba "sobrecargado" cuando se hundió en el Atlántico, a 250 millas de Terranova (Canadá) en febrero de 2022.

Y no solo eso. Tras analizar las causas del incidente, achacan al comportamiento del patrón, Juan Padín, las graves consecuencias del naufragio, en el que murieron 21 personas. Solo se salvaron el propio Juan Padín, su sobrino, Eduardo Rial, y uno de los marineros, el ghanés Samuel Kwesi.

Esas son las principales conclusiones del informe de la CIAIM, al que ha tenido acceso PontevedraViva, que solicitó el juez que instruye la causa, el magistrado Ismael Moreno, titular del juzgado central número 2 de la Audiencia Nacional.

En concreto, sostienen que el buque se hundió como consecuencia de la inundación "progresiva e incontrolada" de sus espacios interiores durante la virada del arte de pesca en medio de un fuerte temporal, algo que "le hizo perder flotabilidad y estabilidad".

La CIAIM considera que "lo más probable" es que el agua entrara, principalmente, a través de la tolva de desperdicios del parque de pesca, progresando a continuación por los entrepuentes de carga y por el resto de espacios interiores del barco,

Entre los factores que contribuyeron a que se produjese la inundación y, por lo tanto, la escora y hundimiento del buque, los técnicos coinciden en que el Villa de Pitanxo iba "sobrecargado" y su peso excedía los valores recogidos en su libro de estabilidad.

Si eso fue así, aseguran los expertos de la comisión, fue porque ni el patrón ni la casa armadora "controlaron ese mayor peso", porque se hicieron modificaciones en el buque para poder cargar más combustible y porque sus calados "eran mayores de los autorizados".

Esto provocó, en el momento de hundimiento, que el punto por el que entró el agua "quedase más cerca de la superficie del mar", causando que aumentasen la frecuencia de los embarques de agua y la cantidad que embarcaba en el Pitanxo debido al mal tiempo.

A ello suman que "no se tomaron medidas precautorias en el buque ante la posibilidad de tener que realizar una virada en condiciones meteorológicas muy adversas" y que no hubo "órdenes concretas" previas a la virada para garantizar la seguridad del buque.

Las maniobras ordenadas por Padín, continúa el informe de la CIAIM, para liberar la espichada en pleno temporal "aumentaron la inmersión de los puntos de posible inundación del parque de pesca y favorecieron que el fuerte oleaje alcanzase al buque por popa".

En esta última fase de la maniobra, el patrón habría hecho una valoración "insuficiente o inadecuada" de cómo se encontraba el buque y su orden, ya con el agua entrando, para retomar la navegación "hizo empeorar la situación a bordo" al aumentar la escora cada vez más.

Esta progresiva inundación originó que el buque zozobrara y que se parara el motor, facilitando con ello la entrada de agua a los espacios interiores por todas las aberturas posibles, lo que provocó su hundimiento en pocos minutos desde la orden de abandono.

Con respecto a esta orden para desalojar el barco, el informe apunta a que la manera en que se produjo el abandono del buque "contribuyó al elevado número de víctimas".

Juan Padín, según los técnicos del CIAIM, ordenó el abandono "demasiado tarde" y no adoptó medidas para prepararlo porque "no valoró correctamente la situación de riesgo a la que se enfrentaba" hasta que el motor del barco se paró y se quedó sin capacidad de maniobra.

Ya con el barco "totalmente inundado y perdido", relatan los expertos, "no hubo tiempo material" para un abandono "ordenado" o para que los marineros alcanzasen los puntos donde estaban las balsas con los trajes de inmersión y los chalecos salvavidas puestos.

Ninguno de los tripulantes que fueron al camarote a buscar el traje de inmersión pudo alcanzar la balsa salvavidas, salvo uno; y de los pocos que pudieron alcanzar esta balsa sólo dos llevaban el traje puesto: el capitán, que lo tenía en el puente; y su sobrino.

También subrayan que esta tardía orden de evacuación provocó daños en la balsa, lo que aceleró la hipotermia de los marineros que embarcaron y que, en su mayoría, acabaron falleciendo.

Censuran, por otra parte, que la configuración de las vías de evacuación en el buque y la localización de los trajes de inmersión "pudo dificultar" que los marineros se salvasen.

La CIAIM, en su extenso informe -173 páginas- también advierte de que en el Villa de Pitanxo no había procedimientos de trabajo "seguros y consolidados" o que no se ejercía una supervisión "eficaz" sobre las tareas de los tripulantes, diez de ellos "nuevos a bordo".

El barco, a mayores, "no estaba autorizado para navegar en zonas de formación de hielo".

Además, apuntan a una fatiga acumulada de los marineros por los "exigentes" horarios de trabajo o los "exiguos" tiempos de descanso, lo que "con seguridad afectó a su capacidad cognitiva", o que varios de ellos padecían covid-19 en el momento del naufragio.