El reloj marca las 11.00 horas del miércoles 22 y tres usuarias de la Residencia Campolongo dibujan y leen la prensa en una sala de descanso de este centro de atención de mayores después de haber recibido la tercera dosis de la vacuna anticovid. Los profesionales sanitarios les han pedido que esperen quince minutos para detectar una posible reacción, pero Humberina Leirós, de 91 años, manifiesta con tranquilidad que no ha tenido problema ni con esta dosis ni con las anteriores: "Yo no me enteré del pinchazo. No me dolió nada. Eu encóntrome como sempre" asegura señalando que tenía muchas ganas de que le administraran esta dosis.
Humberina es una de las 510 personas que a lo largo de esta jornada recibirán su dosis tanto en la Residencia Campolongo como en Soremay, de Pontevedra; en la residencia de Vilaboa o en la de Ribadumia, en O Salnés, según los datos facilitados por el departamento que coordina la vacunación en el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés.
Juan José López Peña, director de la Residencia Campolongo desde hace dos meses y medio, asegura que la mayoría de los usuarios recibieron con entusiasmo la noticia de la inoculación de esta tercera dosis: "aplaudieron todos porque significa volver a la normalidad cuanto antes, porque hace falta ya".
Esa euforia es transmitida por la usuaria Dolores Tirado, que este mes cumplirá 83 años, al expresar su estado de ánimo tras recibir la dosis: "encantadísima, jolines. Aínda queriamos ir de vacacións á aldea, porque teño unha casiña alí e non fomos porque tivemos que estar aquí encerrados. Agora estou encantadísima por todo, pola saúde e por estar tranquilas".
UN RECHAZO, POR CAUSAS RELIGIOSAS, A LA VACUNA
De las 89 personas que se encuentran en esta residencia pública pontevedresa, solo una mujer, seguidora de los Testigos de Jehová, rechazó la administración de la vacuna contra la pandemia alegando motivos religiosos.
El director del centro señala que "no podemos hacer nada porque no es una persona incapacitada. Mostramos el máximo respeto y mantenemos restricciones de contacto con los demás porque ella toma esa decisión libremente y hay que aceptarlo. Nosotros tenemos que tomar algunas decisiones de cara a mejorar y mantener la salud de los demás", indica exponiendo que esta usuaria se encuentra sola en una habitación situada en una zona más aislada y asumiendo otras restricciones: "tiene que comer apartada de los demás, aislada y el contacto con los internos es el que mantiene fuera, porque aquí está muy limitada", comenta Juan José López.
Desde la comunidad de Testigos de Jehová, el delegado local Josué Tizón, manifestaba que esta usuaria, según los datos que han recogido, no pertenece a esta confesión y, en todo caso, señala que se trata de "una postura personal" y nunca basada en motivos religiosos porque los Testigos de Jehová colaboran con las autoridades sanitarias del gobierno y no están en contra de las vacunas.
Esta situación es respetada por otras usuarias que, en algún caso, ofrecen visiones negacionistas respecto a la pandemia. Carmen Míguez, de 85 años, aduce después de que le hayan inoculado la tercera dosis que la vacuna "no hace nada. Yo de médico, nada; pero yo pienso que no hace nada, ni bien ni mal" y sostiene que el coronavirus "es un cuento" para, a continuación, afirmar que "si hay que vacunarse otra vez, me vacuno. No hay problema ninguno" con la esperanza puesta en que se levanten las restricciones después de un año y medio de limitaciones que ha asumido con paciencia.
CON BUEN ÁNIMO
López Peña asegura que se trata de una generación inigualable: "nos van a dar lecciones hasta el último día. Estar aquí, sin poder salir, sin poder contactar con familias... y se lo han tomado, encima, con buen carácter, con buen ánimo, sin poner pegas, sin grandes ataques de ansiedad", afirma con orgullo recordando que los usuarios se ven obligados a comer solos en una mesa, sin poder hablar con los demás tranquilamente, con las complicaciones que supone el uso de la mascarilla en personas de edad avanzada y siempre asumiendo las restricciones de higiene y salud.
Juan José López Peña: "nos van a dar lecciones hasta el último día. Estar aquí, sin poder salir, sin poder contactar con familias... y se lo han tomado, encima, con buen carácter"
"Un tercer pinchazo es estar más cerca del final" reconoce el director de la Residencia Campolongo, que cuenta con 90 profesionales a su cargo que, a través de un complejo sistema de turnos, atienden a los 89 usuarios "las 24 horas del día los 365 días al año".
En este edificio es necesario someterse a una prueba de temperatura corporal antes de entrar en las instalaciones y cada "poco tiempo" realizan pruebas PCR y de saliva para mantener el control sobre todas las personas que acceden a las plantas que, según Juan José López, ofrecen una garantía plena de asepsia y desinfección. Por este motivo, señala, la Residencia contó con muy pocos casos covid y todos los registrados se produjeron por "un vector exterior, básicamente familiar y entre personas que compartían habitación o cuarto de baño". El centro cuenta también con una zona específica para mantener "muy controlados" los posibles contagios que se detecten. "Ahora llevamos mucho tiempo libres de casos covid", indica el director esperando que hoy, con la tercera dosis, quede un día menos para la vuelta a la deseada normalidad.