"Cacho en Soria" decía un impagable Alfredo Landa en la piel del bandido Fendetestas durante el metraje de El bosque animado. En las altas esferas de lo que queda de este país se habrá repetido la frase por lo bajini, Mariano style. Lo sucedido con el exministro y sus funciones fue para enmarcar: aparece su nombre en los Panama papers e inmediatamente en todos los noticiarios (los no controlados, a los del telediario de las 9 se les olvidó...). Soria decide dar explicaciones a diestro y siniestro. Enfebrecido, inicia una compulsiva ronda de comparecencias en las que va corrigiendo, una vez tras otra, su declaración. La prensa, claro, dispara los teletipos hacia las contradicciones; en el gobierno no dan para secar el sudor, que ya empapa la moqueta. Los tics de hombro del futuro exministro y sus funciones son cada vez más visibles. Su mirada, abrumada, lo dice todo, adelgaza a cada hora. La puntilla la pone un papel con su firma como administrador de una empresa radicada en un paraíso fiscal. Hala, pa casa. Atrás quedan unos cuantos alzando la voz para recordar que no cometió ningún delito, que fue todo una cuestión de comunicación... o sea, retratándose.
Si uno se fija un poco en la reacción de algunas de las celebridades cuyo nombre apareció en los infames papeles, podemos establecer un vínculo entre ellas (las celebridades) y el modo de reaccionar. Lo cual es una perogrullada, claro, pero con algo hay que entretenerse. Imanol Arias, tranquilo e incluso sonriente, le comentó a la reportera, mientras abría el portal de su casa (Imanol, no la reportera) que él estaba al corriente con Hacienda. Sin más alharacas.
Almodóvar primero dejó que hablara el otro Almodóvar (su hermano) quien dijo que era culpa suya todo y tal. Días después, Almodóvar dijo que él también tenía culpa por no haberse informado como era su obligación. También sin alharacas.
Messi habló a través de su padre, ventrílocuo, quien dijo que mecago en tal y que iba a denunciar a tirios y troyanos y liliputienses. Y en eso quedó la cosa.
Bertín Osborne, no se lo van a creer: se puso chulo. Se enfadó y dijo qué pasa carajo no he cometido ningún delito, no estaba viviendo en España. El periodista, jugándose la vida, le pregunto si estaba viviendo en Panamá entonces... hubo unos segundo de silencio y nos temimos lo peor, por suerte Osborne decidió no embestir. Claro está que era una entrevista telefónica: ahí estuvo el truco. Yo esto lo cuento al final para lo del dramatismo y eso.
Un primer ministro paquistaní, cuyo nombre les ahorro, contestó esta machada: "éste es un modo legal de evitar impuestos innecesarios". Sí, sí: qué jeta, Montoro. A mi me quitas, pero ya, los impuestos innecesarios que me has endiñao.
Michel Platini, expresidente de la UEFA (suspendido durante ocho años por el Comité de Ética) también figuraba, como no, en los papeles. Pero a este hombre ya se le veía venir: tiene su residencia fiscal en Suiza desde hace nueve años. Dijo, claro, que lo suyo ya lo sabían los suizos.
Ya ven, así somos, así obramos. Y si les cabrea, sufridos contribuyentes, lo que oyen y ven, relájense leyendo El bosque animado, la fenomenal novela del fenomenal Wenceslao Fernández Florez, que además era paisano.