De coches entiendo lo justo, pero ayer vi un Porsche Carrera y lo reconocí. No tiene mérito, porque lo tenía delante y ostentaba esos nombres en un tamaño de letra que hasta yo fui capaz de leer sin gafas. Era blanco y transitaba, transitábamos, por una calle de la ciudad, a velocidad de tortuga porque había bastante tráfico. Era como un galgo en la cola del super. Si no ha visto ningún galgo en la cola del super, no se preocupe, todo se andará. Los coches deportivos son una sobrada de cuidado cuando tienen que atravesar una ciudad, que es frecuentemente, porque hay ciudades por todas partes y todas desempeñan, con eficacial, el papel de destino de cualquier vehículo. Lo compensan con la humildad de su reducida altura (los deportivos, no las ciudades). La verdad es que debe ser frustante: vas al volante de un vehículo que cuesta un ojo de la cara, o sea, eres un tuerto presumido al volante de un deportivo y te pasa al lado un patinete eléctrico y su dueño parece un gigante, te mira desde arriba desdeñosamente y te adelanta para colocarse donde le da la gana porque para eso se ha comprado un patinente eléctrico: para colocarse donde le da la gana. Y tú allá abajo en tu asiento de cuero, cambiando de emisora en el equipo de música que vales más que la Panorama al completo, por disimular. Y avanzando a razón de cinco metros al cuarto de hora.
Habría que escribir un tratado sociológico sobre los dueños de coches deportivos. Y psicológico. Y entomológico, ya puestos. Supongo que un porcentaje altísimo de los dueños de ese tipo de coches poseen también otro tipo de automóviles más: un turismo, un todoterreno… puede que hasta un patinete eléctrico, para compensar los desaires de los usuarios de patinete eléctrico reseñados arriba.
El deportivo se usa para fardar. Es su función principal y la cumple a la perfección. La gente los ve por la calle de una ciudad cualquiera y se motivan para escribir artículos sobre ellos, no digo más.
El día que se descubra a un dueño de coche deportivo que no farda de él igual se lo confiscan y le retiran el carnet durante un año. O más. Aquí somos así. O deberíamos ser así: deberíamos ser coherentes con lo que compramos y para qué lo compramos.
Ni usted ni yo nos vamos a comprar jamás un Porsche Carrera (vamos a terminar esto de forma contundente). No porque no nos guste fardar, sino por el precio desorbitado. Y a lo mejor porque tampoco es que lo necesitemos. Eso no quita que cuando nos encontremos con uno por una calle cualquiera, se nos pasen por la cabeza una cantidad de ideas que nos resulten de tal manera interesantes (o no) como para considerar fructífero tal encuentro.