Uno no se acerca lo mismo a una noticia ofrecida por la radio, televisión, prensa en papel o digital. El periódico de palabras escrito tiene la ventaja de detenerse el tiempo que se quiera.
Uno va leyendo o repasando la prensa escrita digital, un poco a ver lo que se encuentra. Los que somos nativos lectores de periodismo en papel, quizás tengamos la costumbre de primero ver los titulares de la portada; después, quizás, si existe algo muy preocupante para nosotros o para el mundo, vamos hacia esa sección y terminamos de perfilar la noticia, datos en que se basa, argumentos, interpretaciones posibles. Y, sobre todo, calculamos si esa información tendrá consecuencias para nosotros como individuos o colectividad.
Otro modo es siempre el mismo: empezar por la portada y, si no hay nada interesante, de ahí la eterna lucha de titulares que denominan atractivos para acercar al lector/a. Pues, generalmente, después cada uno va a su sección. Aunque fuesen distintas marcas de periódicos, más o menos tenían las mismas y casi en el mismo sitio: Nacional (algunos Actualidad), Internacional, Cultura, Sociedad, Economía, Pasatiempos, Televisión, etc. Así, cada uno entraba en la sección que más le interesaba. Por lo general, la Opinión estaba al principio, siguiendo a la sección de España.
Así, si te fijabas un poco cuando las personas esperaban en el café de la mañana o de la tarde a que otro lector terminase de leer, conocías un poco a la persona por la sección en la cual entraba. También tenías otro criterio si se fijaba mucho y se notaba que leía con profundidad dentro del ruido de los vasos y de las conversaciones de tirios y troyanos, y según la personalidad “voceril” de los camareros.
Viendo y observando cómo leía el otro el periódico en papel, incluso cómo lo cogía, te dabas cuenta de algo de su personalidad. Por ejemplo, algunas personas mayores ya jubiladas; alguna hubo que estaba casi toda la mañana en dicho bar. Tenía allí su mesa. Los dueños y los camareros ya lo tomaban con familiaridad. Una persona en concreto, que ya supongo sabe si existe Dios o no existe porque ya era bastante mayor, uno deducía e inducía por sus costumbres que habría tenido un oficio liberal, quizás abogado en algunas de sus formas o maneras o materializaciones; estoy hablando de hace cuatro décadas.
Cuando iba o entraba por las mañanas, siempre estaba sentado en el mismo lugar: un bar alargado, a la derecha la barra y a la izquierda cinco o seis mesas. Esta persona estaba en la primera a la izquierda; tenía ventana a la calle, aunque no sé si se podría ver algo. El bar, cambiando de dueños y de patrocinadores, sigue existiendo. En aquel tiempo tenía mucha nomenclatura y fama. Estaba situado en el centro; supongo que lo habría creado una familia, tenía nombre de familia, Seis Hermanos; creo que ha continuado siendo y teniendo la misma marca, fórmula y ecuación en la pared. Pues este hombre se pasaba toda la mañana allí; estaba bien pensado, mejor allí que no le gustaría visitar los lugares comunes de la tercera edad.
Supongo que consumiría varias veces algún líquido, echaba de vez en cuando a la tragaperras. Y era un hombre muy afable, tranquilo, sosegado. Como alguien que ha vivido muchos años. A estas personas yo me decía que eran de la generación de la posguerra, los que estudiaron los oficios liberales en las universidades a partir de los años cuarenta. No conocí nunca su nombre ni los apellidos. Pasaba y lo saludaba, y el hombre respondía. Bueno, aquí he hecho un retrato psicomoral superficial de algunos detalles de una persona que jamás pensaría que este escribiente era un escribano y que un día, sin preverlo, le he hecho un retrato. No conocí más de él, no conocía más de él. Pero aquí mi pequeño homenaje.
Pero ahora la situación del periódico en digital ha cambiado: tienes que ir moviendo la pantalla, sea tableta, sea ordenador o sea móvil. En el papel veías de una mirada —ya sabían cómo tenías que recorrer con los ojos el papel— toda la portada. Ahora tienes que bajar hacia abajo o hacia arriba. No sabes muy bien lo que te vas a encontrar. Antes, en papel —ya indiqué que de vez en cuando adquiero un periódico en papel, quizás por nostalgia, quizás quién sabe por qué, por eso de la melancolía literaria y cultural—. Uno, aunque se introspeccione a sí mismo, intente entrar en su corazón, carne y alma, uno siente que solo toca los bordes. Bueno, pues también sucedía lo mismo en las secciones: si bebían y buceaban en Cultura, tendría unas dos o tres páginas, veías los titulares y te detenías en lo que querías… Veías de una mirada; ahora, en digital, no se puede hacer.
En estos días estoy volviendo a oír, escuchar y beber de dos conferencias que, hace un año aproximadamente, un experto (no recuerdo el nombre) nos ha regalado sobre Larra en la Fundación March. En el Canal March invito a usted a que entre en este lago de sabiduría que es este canal de docenas de temas, dándonos su saber egregios y notables voces y nombres de la cultura. Ya llevan cinco décadas haciendo este trabajo cultural; ya llevan cinco mil vídeos o audios…
Siempre que hablamos de articulismo, de prensa y de columnismo de opinión, tenemos que volver a Larra, que parece ser que en doscientos o doscientos veinte artículos de opinión nos cambió y fijó el género aquí en España. Aunque muchos dicen que Larra es el abuelo del articulismo literario y de opinión en España, hay que decir que hubo bisabuelos en España, cosa que muchos creen que es casi el primero.
Segundo, que un siglo antes en Inglaterra, Addison y otros fueron los pioneros, hasta el momento actual, hasta que se encuentren otros. Ya he escrito otra vez un artículo sobre este tema. Pero eso no quita el valor de Larra —uno de los grandes escritores de nuestro terruño—. Siempre se dice que el romanticismo, los amores y la libertad como elementos esenciales en este autor.
Me pregunto si, parece ser, su padre se casó con una primera mujer —él es hijo de la segunda— y dicha primera esposa falleció ella y fallecieron siete hijas que llegó a tener; supongo que tendría algún problema de incompatibilidad de sangre. Pero, en fin, de medicina no sé casi nada. Pues me pregunto si los expertos deberían estudiar esta realidad: que siete medio hermanas de Larra fallecieran antes que él naciese. Se deberían fijar si esto constituyó un elemento esencial en su forma de ser y estar en el mundo, de escribir y de percibir la realidad, además de ser “liberal del ala radical”, se diría hoy.
Lea usted prensa, que es lo mismo que decir: lea usted datos que se convierten en noticias y que llevan o deben llevar argumentos, razones, verdades; también bondad en la verdad. En definitiva, realidades. Pero eso sí, tenga usted cuidado y sea prudente: que no le engañen, mientan, manipulen, tergiversen... Usted tiene derecho al máximo grado de verdad, de veracidad y de bien. También el articulista tiene derecho a equivocarse, aunque no hacerlo adrede.