No haga caso. No existen los creadores de empleo. Son fake news las noticias que divulgan ese concepto por el simple procedimiento de enunciarlo.
Existen, eso sí, los emprendedores: esas personas que ponen en marcha una iniciativa industrial y/o comercial, del calibre que sea, con el muy respetable fin de ganar un dinero. Si después, por el camino, y con el fin de ampliar el negocio para ganar más, precisan contratar personal, no dudarán en hacerlo. Al igual que procurarán deshacerse de ese lastre si se tuerce su fortuna. Y no por ello los llamaremos destructores de empleo. Todo correcto, pero conviene llamarle a las cosas por su nombre, porque si no algún desconfiado puede llegar a pensar que se está intentando desvencijar el sentido común para colocar en su lugar una falsedad interesada.
El creador de empleo es un trampantojo que se sacó de la manga algún mangante, hábil, eso sí, con el lenguaje, para desviar la atención: hagamos que la gente se fije en los puestos de trabajo que he tenido que crear para conseguir incrementar mi patrimonio, en lugar de reparar en la codicia que impulsa todo el tinglado.
"Afán excesivo de riquezas" dice la RAE que es la codicia. Detecto redundancia: me parece excesivo todo afán de riquezas. Es decir, no creo que exista un afán no excesivo de riquezas. Tal vez un emprendedor piense de otro modo. En todo caso, el creador de empleo no es más que un animal mitológico, como una sirena o un basilisco. Nadie se levanta eufórico una mañana y, mientras le quita el envoltorio a una magdalena, piensa que va a dedicar la jornada a crear empleo. O sale de su casa, de camino a un lugar que no concretaremos, y al pasar por delante de una oficina del INEM se le remueve algo dentro (la conciencia, un curasán en mal estado) y decide intervenir para reducir el número de desempleados.
Si coincidimos en que ninguno de los seres humanos que puesto en marcha iniciativas que han dado lugar a la creación de empleo tenían otro motivo primordial que la generación de cuantos más dividendos mejor, podemos también estar de acuerdo que solamente estaban actuando de acuerdo con los mecanismo del sistema económico vigente. Y que, si cumplen con la legislación aplicable a cada caso, su intención es tan lícita como elogiable, puesto que no hay que olvidar que la puesta en marcha de iniciativas empresariales conlleva un riesgo en la inmensa mayoría de los casos. A veces un riesgo considerable. Pero, claro, la cosa se hace pensando en los beneficios, que no nos venda la moto.