Escuchar cantar a Leonard Cohen "You want it darker" poco antes de su muerte, grabación que realizó en silla ortopédica, es una experiencia que nos muestra hasta qué punto se puede expresar la fragilidad y el dolor como una parte muy importante de nuestra condición como hombres. Antes nos había contado que "Hay una grieta en cada cosa". A través de esa grieta - el dolor -entran la belleza y la luz en la existencia de cada uno de nosotros. Cohen ya había descubierto el deseo no únicamente como una pasión física sino como un "anhelo perfecto".
La descripción de que el deseo nace de la carencia y la búsqueda, y el dolor surge de la falta de realización del deseo no es tan simple. Nos ponemos a buscar en la literatura y Schopenhauer - ¡nada menos! - afirma que la vida oscila, cual péndulo, entre el dolor – cuando no conseguimos lo que deseamos – y el aburrimiento cuando – conseguido – el deseo se acaba. Pero hay también una perspectiva psicológica que asevera que el deseo no es siempre carencia sino también una fuerza motriz que influye positivamente en ayudarnos a no sólo soportar sino también a sobrellevar el sufrimiento.
El dolor y el deseo comparten circuitos neuronales y liberan neurotransmisores, como la dopamina o endorfinas que pueden transformar el dolor en placer. Hay, naturalmente intensidades de dolor que para cualquiera resultan insoportables, basta pensar en una intervención quirúrgica. La Anestesia, como especialidad médica, cambió completamente la historia de la cirugía. La reciente utilización de mórficos de síntesis como el fentanilo - imprescindible con el control adecuado en el quirófano - en el mundo de la drogadicción, ha revolucionado en los últimos tiempos el ámbito de los drogadictos. Lo mismo sucede también con la Ketamina. Excelente controlada por profesionales y peligrosa en el uso de las adiciones.
El deseo es una motivación muy importante en la vida. Orienta muchos de nuestros actos. Creo que Freud ya decía que nunca se satisface el deseo enteramente. Pero los deseos físicos, intelectuales, sexuales, han sido impulsores en la evolución humana.
Sería imperdonable, hablando de deseo y dolor, no hacer referencia al Marqués de Sade. Son el núcleo de su obra literaria y, como consecuencia, filosófica. Llega a afirmar que el dolor más intenso y la liberación erótica se logran causando dolor a otra persona: la crueldad como búsqueda del placer. Asegura Sade que la naturaleza no es bondadosa y se basa en la destrucción, la violencia y la muerte. Esta "filosofía enferma" seguiría las reglas de la naturaleza. Para Sade el deseo se vincula con el poder. En su "Filosofía en el tocador" nos muestra que el placer es el único Dios. El libertino refuerza su existencia a través del sufrimiento que infringe a sus víctimas. Simone de Beauvoir precisó que Sade, en algún sentido, parodiaba y que en sus interesantes opiniones las víctimas sufrían de verdad.
Cómo no pensar en estos tiempos que estamos viviendo, en que sin duda -en muchos de los grandes dirigentes actuales hay quién ha sido catalogado de criminal de guerra a nivel mundial – el deseo de ejercer un poder incontrolado nos ha llevado a esta terrible situación de sociedades arrasadas, aniquiladas por poderosos que duermen tranquilamente olvidándose de sus víctimas.
El tema es extensísimo. A mí - ¡pobre de mí! - sólo se me ocurre sugerir. Y si empezaba con un poema de Leonard Cohen nada mejor que, para terminar, invitar a escuchar un poema de Baudelaire, para quién el dolor era la única nobleza , en la voz de Léo Ferré. Se titula "A une passante".
A una transeúnte
Ágil y noble con sus piernas de estatua
Yo bebía crispado cual desequilibrado,
En sus ojos, cielo lívido donde germina el huracán
La dulzura que fascina y el placer que mata.