No hace tantos años —aunque por biología tampoco podrían ser demasiados— viví una de esas experiencias que dejan huella para siempre: tuve un programa de radio en la radio universitaria.
Era un espacio de cerca de una hora que se llamaba Conversarte, el arte de conversar. Y aquel programa nacía no solo de mi pasión por la radio y por la información, sino también de una necesidad profundamente humana: la de escuchar a quienes hacen de este mundo un lugar más habitable, más digno, más humano.
Porque la radio tiene algo que pocas cosas conservan hoy: la capacidad de acompañar sin invadir, de informar sin imponerse, de emocionar sin artificios. Y en mi vida, la radio siempre ha estado ahí.
Por eso, cuando en 2019 Àngels Barceló comenzó a presentar y dirigir Hoy por Hoy, para mí fue una noticia de inmensa alegría. Porque hay voces que no solo cuentan lo que ocurre: ayudan a entenderlo. Y Àngels pertenece a esa categoría.
El momento del día en el que más me acompaña la radio es, probablemente, el trayecto de casa al trabajo. Ese pequeño espacio cotidiano donde uno todavía tiene margen para pensar antes de que el día lo arrastre. Ahí, a través de la escucha, voy modulando mi opinión: desde la divergencia, desde la controversia, pero también desde el sosiego y la reflexión. Y hacerlo al calor de alguien como Àngels Barceló resulta más sencillo.
Porque Àngels ofrece una mirada que algunos dirían que no ofrece el "Madrid DF". Una mirada periférica, abierta, diversa. Una visión que no solo nace de su Catalunya natal, sino que entiende también a Galicia, Andalucía, Valencia y tantos otros lugares que muchas veces quedan fuera del foco central. Y eso, en un país tan plural como el nuestro, no es menor. Es profundamente necesario.
Debo reconocer también que no todo han sido amores. Me he enfadado en ocasiones. Porque cuando la información enfada al oyente, inevitablemente quien paga esa frustración suele ser el informante. Y no niego que alguna mañana, vencido por la desazón de la actualidad, he cambiado a Àngels y a su equipo por el anticuado gusto musical de mi playlist.
Pero también debo decir que siempre volvía. Volvía a las ondas, a la información, a Hoy por Hoy, a Àngels.
Porque durante estos años, Àngels Barceló me ha acompañado en las penas, en la rabia, en el enfado… pero también en la euforia, en la risa, en el análisis sereno y en el rigor. Y uno termina comprendiendo que las voces que realmente importan no son aquellas que nos dicen exactamente lo que queremos escuchar, sino las que consiguen acompañarnos incluso cuando disentimos.
Quizá por eso la radio sigue teniendo algo irreemplazable. Porque detrás de cada micrófono hay una manera de mirar el mundo. Y detrás del de Àngels Barceló ha habido, durante todos estos años, honestidad, sensibilidad y compromiso con la información y con quienes la escuchamos.
Y por todo eso, gracias. Gracias por acompañar, por incomodar cuando hacía falta, por emocionar, por preguntar y por seguir haciendo de la radio un espacio donde todavía cabe la conversación, la reflexión y la humanidad.
Y quizá por eso, cuando pienso en Àngels, me viene inevitablemente a la cabeza aquella canción de ABBA.
Porque hay voces que también bailan entre nosotros, que atraviesan el tiempo y las rutinas cotidianas haciéndonos sentir un poco más vivos. Y entonces, casi sin querer, uno podría imaginarla entrando cada mañana en antena mientras suena aquello de "You can dance, you can jive…".
Porque después de tantos años acompañándonos, informándonos y sosteniendo tantas mañanas de este país, hay algo evidente: Àngels Barceló sigue siendo, para muchos de nosotros, una auténtica Dancing Queen.
Javier Carballo de Jesús