Leucoíña, qué maravilla

24 de marzo 2026
Actualizada: 10:25

La Sociedade Coral Polifónica de Pontevedra, con su solvencia habitual, su empaste admirable y su capacidad para dotar de densidad expresiva a cada pasaje, firmó una actuación de las que permanecen

Hay noches en las que una ciudad no sólo acoge un concierto: se reconoce en él, y eso fue lo que ocurrió ayer en nuestra ciudad con la interpretación de Leucoíña, o canto das augas, una propuesta de enorme aliento poético y simbólico que volvió a demostrar que la Sociedade Coral Polifónica de Pontevedra no es únicamente una institución musical de referencia, sino una formación llamada a ocupar, por derecho propio, un lugar de prestigio entre las grandes entidades corales del panorama internacional.

Pontevedra no asistió simplemente a una cita con la música. Pontevedra acudió a mirarse en su ría, en su memoria, en su lengua, en sus mitos y en ese vínculo íntimo, sentimental y profundo que esta ciudad mantiene con el agua, con la belleza y con una manera muy nuestra de entender la vida. Lo que ofreció ayer la Polifónica fue mucho más que una ejecución brillante: fue una celebración de lo que somos.

Desde el mismo título, la obra se presentó como una invocación: una cantata para coro y orquesta que bebe del imaginario gallego y del latido emocional de la ría para construir un viaje artístico de una extraordinaria fuerza evocadora. La sucesión de escenas —desde "A ría canta" hasta "Memoria de auga e pedra"— fue desplegando un universo sonoro de gran delicadeza y ambición, un relato musical en el que la emoción y la identidad caminaron juntas.

Y si la obra tiene ya en su concepción un poder indudable, la interpretación de ayer la elevó a una dimensión verdaderamente conmovedora. La Sociedade Coral Polifónica de Pontevedra, con su solvencia habitual, su empaste admirable y su capacidad para dotar de densidad expresiva a cada pasaje, firmó una actuación de las que permanecen. No es casualidad que la Polifónica siga ocupando un lugar central en la vida cultural pontevedresa: pocas entidades han sabido sostener con tanta dignidad, durante tanto tiempo, una idea tan noble de la música como patrimonio compartido. Y todavía menos pueden aspirar, como esta, a ser vistas no sólo como orgullo local o gallego, sino como un referente de talla mundial, una agrupación capaz de dialogar, por calidad, sensibilidad y personalidad artística, con cualquier gran institución coral de Europa.

Concerto da Sociedade Coral Polifónica de Pontevedra coa Orquestra Sinfónica
Concerto da Sociedade Coral Polifónica de Pontevedra coa Orquestra SinfónicaGuillermo M. Meijón-Corujo

Mención especial merece su directora Nanette Sánchez, cuya dirección aportó sensibilidad, inteligencia musical y una profunda comprensión de la obra, y por supuesto también, Brais González, su compositor y pianista, por una propuesta de gran riqueza expresiva, capaz de unir memoria, territorio y emoción colectiva. Completaron la velada la soprano Pilar Baamonde, que añadió un brillo singular, y la Orquestra Sinfónica de Pontevedra, que dotó a la interpretación de profundidad, color y amplitud.

Pero si hubo una protagonista silenciosa, permanente, casi sagrada durante toda la velada, esa fue Pontevedra. Porque esta ciudad no es un mero decorado para la cultura: es una ciudad que la siente, la sostiene y la honra. Pontevedra tiene ese aire inconfundible de ciudad CAPITAL que no necesita exhibirse para imponer respeto; una capital elegante, serena, orgullosa de sí misma, donde la vida cultural no es un accesorio, sino una forma de estar en el mundo. Hay ciudades más grandes, más ruidosas o más pretenciosas, pero muy pocas poseen la autoridad moral, la finura y la identidad de una Pontevedra que ha sabido convertir la escala humana en una forma superior de sociedad.