Hay determinadas momentos en que uno se obsesiona con algo. Llevo una temporada en que las composiciones visuales de la comida me llevan a la cartografía. El camarero pone el plato de lentejas con chorizo sobre la mesa y las semillas en forma de disco me recuerdan a los habitantes de la franja de Gaza, el chorizo colocado estratégicamente en los extremos y en el centro del plato a los integristas judíos que agreden, matan y ocupan ilegalmente el espacio vital de los palestinos. Dos ingredientes que casan perfectamente, mi mente los transforma en algo negativo.
Sentados en la misma mesa, a la misma hora, un hijo y su madre, él un hombre fornido con el cutis anaranjado, provisto de una gorra roja, luce un buen reloj, varios anillos, uno de ellos que parece ser de oro con un sello prominente. Su madre enfrente muy abrigadita, taciturna, callada. Él lleva la voz cantante, ella responde con monosílabos, la voz entrecortada. Para ella siempre pide el menú del día, él "funciona a la carta", una botella Ribera del Duero, salsa picante y más sal, al final café bien cargado con chupito y para hacer la digestión un copazo de whisky del bueno, ¡faltaría más!
Al acabar el festín, pasea hablando con los otros comensales de las restantes mesas, mientras ella permanece durante largo tiempo en la silla. En el momento de pagar la cuenta accede al bolso de su madre y abona el montante con tarjeta, ella ronronea algo y él la recrimina, recitando un refrán a los cuatro vientos ¡dinero en la bolsa, hasta que no se gasta, no se goza!
Durante el camino hasta el coche, él siempre delante, ella detrás arrastrando los pies, postura encorvada, bolso negro grande que le cuesta portar y un bastón que le ayuda a desplazarse con suma dificultad. Observo ya de lejos el momento en que la empuja para que proceda a sentarse en el asiento del copiloto. Estas escenas me llevan a un personaje como Trump y a Europa. Donald, piensa que el mundo gira en torno a él, se aprovecha de los más débiles, menosprecia a los demás, en definitiva, carece de empatía. Su madre semeja Europa, perdóneme la señora (las comparaciones son odiosas), sumisa, dejando que nos imponga los aranceles, que nos insulte.
De segundo hoy sirven codorniz escabechada, da pena comerla y me viene a la cabeza la silueta del mapa de Afganistán parecida a la de un pájaro volando. Después der muchos años de guerra con invasión de diferentes países. Las mujeres y niñas han sido "cazadas por el régimen talibán". Nadie se acuerda de ellas Les prohíben trabajar, ven restringida su educación, la libre circulación. En definitiva no les permiten volar.