Ventana indiscreta: Integración

21 de mayo 2026

José Antonio Gómez Novoa narra la historia de mujeres migrantes que, pese a enormes sacrificios y dificultades laborales, buscan una vida mejor para sus familias, mostrando cómo la emigración responde a necesidades económicas

Bien hubiera podido decirse que Yerena está hecha con todas las partes de una roca. Fue madre con 16 años víctima de una pareja que lo más suave que le decía era que "era muy floja"; abandonada, tuvo que emigrar a España a finales de los 90, dejando a su hijo con la abuela. Trabajó hasta que consiguió regularizar su situación en la "zona oscura", en casas particulares limpiando 16 horas al día y, compartiendo piso con 4 compañeras. Cuando tuvo los papeles compatibilizó una residencia de ancianos con la limpieza de oficinas, con prisas, sin pausa, comiendo rápido y durmiendo poco. Enviaba dinero a su hijo y a la abuela. 20 años así, viajando cada 3 años a su país Ecuador un máximo de 10 días. Con lo que ahorró pudo comprarse una casita de 3 plantas y regresar con su familia. Alquiló las dos plantas inferiores y empezó a vivir.

Cuando hicimos un delicioso viaje por ese maravilloso país. Al contactar, nos pidió que le lleváramos nolotil, ya que allí era difícil conseguirlo y si era posible algún paquete de arroz de una marca conocida. Al entregarle los presentes en Quito, nos hablaba de lo maravillosa que era España, de la calidad de vida a nivel de seguridad y sanitario.

Esta historia no se aleja de lo que vivieron nuestras familias cuando emigraron de forma masiva en los años 70/80, la mayor parte de ellos fueron con una mano delante y otra detrás, sin contratos, con muchas penurias. Como mucho un amigo o familiar que les hablaba de las posibilidades laborales que tendrían en países tan dispares como Suiza, Alemania, Argentina, Venezuela. ¿Quién lo diría?, ahora personas originarias de esos dos últimos países hacen ahora el "viaje de vuelta".

Pero acerquémonos a la actualidad, pareja latinoamericana con hijo. Ella limpia casas y vive en un piso de alquiler compartido con su hijo. Su marido está en un pueblo a bastantes kilómetros de distancia, trabaja "en negro" 24 horas los 365 días del año, cuidando a un abuelito dependiente. Cobra 1.300 euros y la familia de la persona que cuida le da 300 euros "a mayores" para la alimentación de ambos. Ese presupuesto le alcanza para combinar desayunos de leche con pan y alternar arroz o patatas con pavo o pollo o pescados congelados, eso sí combinándolos con las salsitas más populares de su tierra, el hogao, salsa tártara y los domingos con suerte ají picante.

Los políticos reaccionarios tienden a demonizar la emigración, a través de estereotipos y prejuicios, identificándolo como un problema y no como una solución. Esa movilidad humana se produce por la búsqueda de una vida mejor. Nosotros los necesitamos para que cubran aquellos puestos de trabajo en los que somos deficitarios. Habrá problemas, porque para ellos al igual que para los nuestros que emigraron, la adaptación al idioma, a la cultura requiere todo un proceso de integración complejo. ¿Se lo debemos poner más difícil?