Y ha llegado mayo casi sin avisar porque la lluvia se presenta y ya está. Por eso, que el paraguas no falte en el bolso; menos mal que ahora los hay tan pequeños que no molestan.
También el “Día de la Madre”, aunque para mí seguirá siendo el 8 de diciembre. No sé por qué lo cambiaron en los años 70, tal vez por algún asunto comercial (como todo). Sin embargo, en el Reino Unido la celebración tiene lugar en el mes de marzo, o eso es lo que me ha dicho mi nieta, que vive allí.
No nos olvidemos de que mayo es el mes de las flores; por eso, en Córdoba se adornan los patios, a cual más bonito. Los cuidan todo el año, pero en estas fechas los muestran al público.
Y, hablando de flores, hace algunos años se oía una canción que decía: “Hay medio mundo esperando // Con una flor en la mano // y la otra mitad del mundo // por esa flor esperando”. ¡Qué mal está repartido el mundo! Unos con mucho y otros con nada.
Hay multitud de personas que esperan ilusionadas a que tú te canses de “tu flor” para poder recoger alguna de sus hojas.
La pobreza es consecuencia de las injusticias de los habitantes de la Tierra, procedan de cualquier continente. Esas personas que, cuanto más tienen, más quieren tener, sin pararse a pensar que, con un poco de lo que les sobra, otros podrían cubrir sus necesidades.
Y, siguiendo con las flores, las hay multicolores, de ventura, de luz, algunas marchitas, pero flores al fin y al cabo.
Con sus aromas y colores alegran nuestras vidas cuando la tristeza invade un corazón herido.
El personaje de “Doña Rosita la soltera”, de Federico García Lorca, el tío, tiene un invernadero con muchas flores, entre ellas “la rosa mutable”, que es roja por la mañana, blanca por la tarde y se deshoja por la noche.
Cuando se abre en la mañana
roja como sangre está
abierta en el mediodía
es dura como el coral.
Y cuando toca la noche
se comienza a deshojar.
Precioso poema, como todos los suyos.