Bertín Osborne, con otros socios, ha lanzado una empresa de telefonía. Española de Telefonía, como no podía ser de otra forma, una compañía "de derechas" porque se siente muy español y le gusta todo muy español.
Para demostrarlo, y para defenderse de las críticas, nos ha deleitado con unas perlas xenófobas que le hacen conectar con su mercado potencial, con toda esa gente que lleva la pulserita con la bandera de España en la muñeca aunque luego tengan la cuenta en Suiza o defrauden a Hacienda, como el propio Bertin, que solo debe ochocientos treinta mil euros al fisco.
Bertín sabe perfectamente a quien se dirige, a gente incoherente e hipócrita como el. A gente descerebrada que no piensa y se deja influir por el mantra del "España es de los españoles", un menaje tan vacío como falaz. Ya saben, Española de Telefonía, su compañía xenófoba, llena de prejuicios y con doble rasero por un tubo.
Norberto Juan, al que siguen llamando Bertín porque su cerebro sigue siendo el de un bebé, sigue dando lecciones de patriotismo, aburrido de decir que se siente orgulloso de ser español, de mirar por España y los españoles. Todo de boquilla. ¿No sería más coherente pagar lo que debes a Hacienda si quieres tanto a tu país?
Resulta contradictorio escuchar tantos discursos sobre lo importante que es España y el orgullo de ser español, mientras apareces en la lista de los mayores defraudadores a España. Mucho discurso patriótico pero cuando llega el momento de arrimar el hombro se escabullen como las ratas. Unos defraudan a Hacienda, otros no han hecho la mili, ese es el patriotismo de pacotilla al que nos tiene acostumbrada la gente de ultraderecha.
Y más grave si cabe. Al parecer está previsto que Norberto participe en un programa de la televisión pública española. Imagino que será sin cobrar o que, cuando menos, se le pueda ir restando de la deuda que tiene.
Que cada uno que sus propias conclusiones, pero el patriotismo no consiste en darse golpes en el pecho ni en llevar la bandera en la muñeca, el patriotismo es el que demostramos quienes cumplimos con nuestras obligaciones con el país, empezando por pagar los impuestos que se utilizan para costear los servicios públicos de los que disfrutamos todos, también ellos.