La expresidenta de la Airef era una de las pocas personas independientes que quedaban en las instituciones patrias, independencia que se fraguó a través de informes y controles sobre distintos aspectos económicos y fiscales que despedían un profundo aroma de democracia y esmero. Un asunto similar a la pérdida de la excelencia analítica del equipo del anterior presidente del Banco de España, alta institución ahora convertida en otra posición okupada que, por tanto, ha abandonado cualquier tipo de análisis independiente para entregar datos cocinados, nueva cocina, embutida de promoción gubernamental. Pues bien, una vez finalizado su mandato en la Airef acaba de ser sustituida. Por lo que parece y apunta, por una especie de terminal informático que no ejecuta aplicación alguna ni almacena datos localmente, un terminal sin ninguna actividad autónoma que sirve para transmitir lo que le envíen desde otras instancias. Por su parte la expresidenta ha confirmado lo que es más diáfano que el agua clara: en todo su mandato no ha podido firmar convenios con Hacienda y Economía para facilitar acceso a la información relevante de ambos ministerios, es decir, de la economía de la Nación. Nunca he tenido la menor duda sobre el acorazado castillo: encierra mazmorras, pasadizos, cuevas, pozos y prisioneros atados a herrumbrosas cadenas porque el silencio y la omertá es indispensable, quien se lo salte va de candidato a los Monegros. Y no porque se trate de esconder nada, sino porque fuera del discurso gubernamental nada existe, el control es absoluto: no hay explicaciones ni se dan desde el minuto uno en tiempo, lugar y forma, en sede parlamentaria; tampoco hay modificaciones si algo va mal o muy mal con total evidencia, ley del sí es sí, p.ej.; no se producen dimisiones en ningún caso, bajo ningún concepto y aunque la negligencia provoque 46 ciudadanos muertos y el tráfico de alta velocidad haya descendido en una tercera parte, por miedo; no se admiten reclamaciones ni se clarifica nada porque se aparta la prensa no adicta; no se produce comparecencia parlamentaria continua, rigurosa y democrática porque todo queda reducido a tuits y postureo: con lo que queda de la degeneración institucional y parlamentaria se acochan a decretos como a sagrado y a seguir, sin presupuestos y lo que sea menester. Una higa.
Todo se deriva al mirífico logro estadístico del incremento del PIB, y tal noticia venturosa se desparrama a continuación en el discurso del crecimiento con el cual se van matando pájaros de un tiro: por un lado, mucho más de la mitad de la gestión gubernamental puede quedar amparada de forma positiva y, por otro lado, cualquier asunto que ponga en tela de juicio la situación económica de inmediato se redirige al asunto único y central, que de añadido tiene como derivada formar parte esencial del corpus de la eficiencia económica de la sociedad.
Indudablemente la actividad inversora privada sigue activa: el PIB no tendría señales de incremento si las empresas y los ciudadanos no empujasen la economía. Por su parte la administración pública lleva años regando dinero -propiedad, esfuerzo y trabajo de la ciudadanía- en primer lugar, a sí misma. Fagocita inmensas cantidades de dinero anual de los contribuyentes sin que su destino sea una inversión productiva a la altura del tamaño de la población actual y de la estructura de la sociedad: sin inversión en vivienda, sin inversión en infraestructuras, sin inversiones en el mantenimiento de todas esas infraestructuras... con la calidad en los servicios públicos en retroceso continuo. El gasto público improductivo acapara y asalta el presupuesto generando ese proceso de crecimiento y dilatación de las hechuras de un Estado que debería ser dinámico -que nunca lo ha sido-, para convertirse en los últimos años en un Estado fangoso, costosísimo, el Estao, cuyo bienestar descansa en la pesadez con la que cae sobre la actividad productiva, sobre la inversión, sobre el empleo y la renta personal machacando fiscalmente a empresas, trabajadores y especialmente deteriorando la situación de los jóvenes de hoy: sobre todos ellos descansa el pago del despilfarro, la corrupción más implacable por su inutilidad manifiesta para el control, el cálculo y los costes. Cierran la tapa con retrógadas medidas que van consiguiendo tener subsidiados a un montón de gente como en cualquier régimen sudamericano que sueña con darle a todos una paguita peronista para hacerlos dependientes definitivos y cobrarles en votos para mantenerse en el poder: al otro lado del charco le dan a la máquina de imprimir billetes para pagar lo que se han gastado sin haberlo producido hasta que llega la crisis financiera que los traga. Aquí, todos los que dependen de un sueldo público o una renta pública reciben dádivas, aguinaldos y recompensas por sus perseguidos votos futuros, particular asunto con cargo a Deuda, butrón de la Política contra el bienestar de la ciudadanía que recoge la montaña de riqueza que no han sido capaces de producir pero que igualmente gastan una vez emitidos los mendaces papelitos.
Creo que el gobierno entró en el 2018. En ese año la recaudación fiscal por IRPF era poco más de 82.000 millones. En el 2025 es un 72% más: 142.000 millones. El crecimiento de la población ha sido de más de 3 millones de personas: de 46 millones en 2028 a 49,6 millones hoy en día, un 7/8 %. El incremento del coste de la vida ha sido de algo más de un 22%, teniendo en cuenta que en Alimentación el IPC recoge un incremento del 48%. ¿Cuánto han subido los salarios desde el inicio del período? En términos nominales entre un 17 y un 22%. Aplicada la inflación los salarios no han subido. Lo demuestra un análisis de la OCDE que ha elaborado una lista de 38 países en la que somos los cuartos por la cola en SALARIOS REALES. Dice el organismo internacional que el incremento de los salarios reales en España a lo largo de TREINTA AÑOS ha sido del 2,76 %. ¿Por qué? Porque en lugar de producir riqueza en forma de empleos e inversión que son los únicos capaces de sostener un Estado eficiente, lo que producimos es gaseosa, palabrería, gas de la risa: un Estado ineficaz en muchas áreas por intervención ideológica, desmesurado en otras, manirroto, que hay que pagar y además sobre las mismas espaldas e inda por riba hay que sostener otra desmesura ideológica, una Deuda gigantesca, que cae sobre la ciudadanía, hoy, y sobre todo caerá mañana sobre la renta y condiciones de vida de los jóvenes que van a soportarla.
Snchz, cuerpo, marisú, yoli, sumar y restar, o bloque... El robo fiscal a los ciudadanos desde la izquierda y el nacionalismo en el poder supone un asunto crucial en el nivel de vida de todos y determinante en los resultados de la Nación en su conjunto: no saben lo que son recursos escasos ni quieren saberlo, no se atienen a los hechos jamás porque tampoco miden resultados. No trabajan al servicio de todos sino al servicio de su opción política y del poder ocupado sin entender lo que son las sociedades libres. La izquierda aplica una ideología rancia que limita, cercena y recorta la independencia económica de todos y cada uno de los ciudadanos para, de forma inapelable, empobrecernos. Quienes tienen aprendida perfectamente la lección son todos los países que han vivido bajo el comunismo en los que hoy la izquierda no pinta nada y que están construyendo sociedades capitalistas exitosas, dinámicas, democráticas y con crecimientos fenomenales de las clases medias. Como la Transición en España hasta la crisis del 2008, crisis que ahora siguen excavando el socialismo, el nacionalismo y el comunismo para llegar a su nueva era: la decadencia de los charlatanes a cien mil per capita.