La experiencia me ha llevado a creer que, la vida, después de unos hechos traumáticos, no es posible recuperarla tal cual se encontraba en el lugar y el momento donde se quebró. Ahora mismo siento que es improbable volver a retomar lo que era de forma que no se perciban profundos cambios. Las heridas emocionales provocaron un vuelco total y absoluto a la certidumbre sobre la que me apoyaba en ese transcurrir de mi existencia y ya nada me resulta lo mismo a mi alrededor. Lo que fui ya no es lo que soy y, honestamente, no creo que esto en sí suponga algo negativo, sólo es parte del proceso de aceptación de que lo sucedido, aunque doloroso, pasa a ser parte de lo que en esencia soy y seré.
Cuando creí perder a mi hija y tuve conocimiento del sufrimiento que padecía y que la llevó a intentar quitarse la vida, todo convulsionó y el dolor se apoderó de mí. Este aprendizaje, al que ojalá nunca hubiese tenido acceso, perdurará en mí para siempre, el miedo es y será parte del día a día y, a pesar de ello, toca volver, porque ella ha de hacerlo también y yo soy parte de su proceso.
Toca ahora demostrar que caminar es indispensable para reconectar en la búsqueda de motivos para sonreír y disfrutar de la belleza que está en cada paso y que la felicidad, hay que construirla, incluso, entre las lágrimas.
Toca aprender a gestionar lo que venga ya que, aunque sea confuso, ya sabemos que existen manos capaces de ayudarnos a pulsar el interruptor que enciende la luz durante los trayectos oscuros y, de esta forma, no dejar que la conciencia se vuelva a nublar.
Toca cambiar el prisma para que, donde antes veíamos caminos cerrados, hoy encontremos herramientas para abrirlos.
Toca volver sin dar pasos atrás, ajustando la mochila que llevamos para que el peso no nos haga daño y transformarlo en la fuerza motriz que nos haga sentir la vida viviéndola.
En definitiva, toca reiniciar donde pausamos y retomar proyectos que, paralelamente, pueden llevarse a cabo mientras continuamos sanando sin olvidar que el camino continúa lleno de incertidumbre y necesita de tiempo y terapia para lograr la cura de nuestro mal.