#2, 2026
Esta semana hablamos de…
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Los cuentos de George Saunders
Compro los Cuentos escogidos de George Saunders (Seix Barral) sorprendido por la más entusiasta reseña de un libro jamás leída, unas semanas antes en El Cultural. Y por otras razones.
Me gustó en su día Lincoln en el Bardo, única novela de Saunders, original y sensible; el cuento como género me resulta cada día más atractivo, un desafío para el escritor, una llamada a la acción para quien pretende serlo; y esas tapas, austeras, sin imagen alguna, capta mi atención enseguida.
Aguanto lo que puedo la imaginación y la postmodernidad de algunos de los cuentos (Guerracivilandia en ruinas o Descargando para la señora Schwartz), disfruto aquellos (La cascada o La infelicidad del peluquero) en los que sale a relucir la capacidad de Saunders para dibujar personalidades y colocarlas ante nuestro espejo, pero especialmente, me rindo ante Palos, un cuento portentoso que narra una vida entera en solo dos páginas.

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Arrebato, por fin
Hasta esta semana nunca había visto Arrebato (Iván Zulueta, 1979), película de culto por excelencia del cine español. Creo que ese podio lo disputa con Amanece que no es poco. Ambas, tan diferentes, disponen de capacidades, leyendas y seguidores para afrontar ese combate.
Es posible que el Cine Club Pontevedra la proyectase en una de aquellas sesiones nocturnas de los jueves de los 80 en el antiguo auditorio de la Caja de Ahorros. Recuerdo ver allí Pink Flamingos de John Waters, por mencionar otra joya del malditismo, pero no recuerdo ver la de Zulueta y desconozco si los cines de la ciudad la proyectaron. Por lo que se ve, la memoria cinéfila (títulos, intérpretes, directores) es la primera que empieza a fallar.
Aprovechada la oportunidad, uno sale de la sala sorprendido, en parte desconcertado, en ningún caso decepcionado. Creo que lo primero debe ser situarse en el tiempo en que se rodó el film y admitir la sinceridad e incluso la naturalidad de abordar esos temas (la heroína, la locura, la libertad sexual) que sobrevuelan todo el metraje, por mucho que sean secundarios ante el único tema real de la historia: el amor de su autor por el cine.
Toda la creatividad de Zulueta está enfocada a hablar de la fascinación por la cámara, por contar su voluntaria vampirización, tan desasosegante como poética. Y por ello, por ser tan osado en un país que salía del letargo, merece por lo menos un reconocimiento, envejezcan mejor o peor sus imágenes.
