Torquemada

26 de noviembre 2025

Nos informan los papeles de un torquemada que, para las celebraciones y fastos de conmemoración del centenario de la Generación del 27, va a censurar al torero Sánchez Mejías, lo aparta

A mediados de los 50’ el actual Colegio del Sagrado Corazón estaba a punto de dejar de ser Villa Lucía, propiedad de una familia pontevedresa que desde principios de siglo mantenía con el Coso de San Roque una relación directa: fueron apoderados de la plaza de toros durante años. Y bien por la falta de hoteles o bien por la generosidad familiar allí pernoctaban los toreros y cuadrillas que pasaron por Pontevedra en la década de los años 20 en adelante. Yo era un gran amigo del torero Ignacio Sánchez Mejías, recordaba Alberti. Me decía que como poeta me iba a morir de hambre, que los poetas no ganan nada. ¡Te voy a nombrar banderillero de mi cuadrilla y te voy a pagar muy bien, aunque de pronto no pongas banderillas! En 1927 torearon en Pontevedra y Alberti y Sánchez Mejías pisaron el albero de San Roque: afortunadamente los gallegos, encantadores, no entendían mucho de toros porque Ignacio me dio un traje naranja y negro, el que se había hecho de luto por la muerte de su cuñado Joselito... salí, hice el paseíllo y me dijo: 'métete en ese burladero'. Y de frente sale un toro como la catedral de Burgos y se vino hacia mí. Le dio una cornada al burladero, pero no lo rompió, afortunadamente. Estuve viendo la corrida en el burladero, ante la burla de Ignacio, que me hizo pasar ese susto. ¿Qué mejor que Sánchez Mejías y su banderillero poeta una vez finalizada la corrida hubieran pasado el día en Villa Lucía?

Sánchez Mejías asistía a las reuniones y conferencias que podía de todo aquel grupo de amigos que se arremolinaban en torno a la poesía y la literatura. Participa también en la creación literaria e intelectual pues llega a publicar varias obras de teatro y pronuncia conferencias: es el mecenas que hace posible el Homenaje a Góngora que se realiza en el Ateneo de Sevilla y que funda la Generación del 27. Difícil es conocer cuántos de aquellos saraos estuvieron financiados por el torero. Cuando muere en 1934 su figura queda ensalzada poéticamente por sus amigos, Miguel Hernández y por Alberti, pero es el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca el que lo hace universal. La tauromaquia y el flamenco son las dos aficiones principales de la Generación y pueblan abundantemente la vida española y los poemarios, artículos y memoriales de escritores y poetas.

Todo esto lo heredamos nosotros, las generaciones actuales. Nos podemos considerar depositarios de todo lo que han hecho y creado las generaciones anteriores, somos herederos de todas las ramas que han crecido en el gran árbol de la sociedad que nos identifica y que nos cobija. Corresponde a cada época crear su propio patrimonio cultural y material para engrandecernos sumando a lo que viene de atrás. Mirar hacia adelante, crear, construir. Con mayor responsabilidad deben hacerlo y favorecerlo los que tienen responsabilidades en la cabeza de la nación. Pero nos informan los papeles de un torquemada que, para las celebraciones y fastos de conmemoración del centenario de la Generación del 27, va a censurar al torero Sánchez Mejías, lo aparta: un burócrata sectario sentado bajo el flexo de su ideología decidiendo sobre millones de personas, forma y manera de las sociedades autoritarias, que no crean, destruyen. La desaparición más célebre que tenemos a mano es aquella memorable fotografía de Lenin en la tribuna y Trotsky de pie frente a la cámara, que unos pocos años después y procesos de Moscú 1937 mediante hizo desaparecer a Trotsky de la fotografía, de la vida pùblica y de la vida terrenal, y junto a él desaparecieron también miles de supuestos trotskistas en toda la geografía soviética. (Torquemada, tú tienes que saber de esto. Tu magnífica preparación sin que jamás hayas osado poner un pie en la empresa privada, no vayas a enfriarte, debe aportarte algo más que esa burda censura, Censor). Por su familia, conoce bien el PSUC, el Partit Socialista Unificat de Catalunya. Gregorio López Raimundo era su secretari en los años 70/80, al que recuerdo perfectamente. Pero mucho antes, en la guerra civil, cuando George Orwell bajaba por Huesca y por otras partes del frente de Aragón, comenzó a gestarse un libro que debería interesarle y debería analizar: 1984. No tengo fundamento alguno, pero estoy seguro de que la idea de ese libro nace y comienza en la Cataluña de la guerra civil cuando los comunistas del PSUC, obedeciendo al Moscú soviético, se lanzaron sobre el POUM y la CNT en uno de los episodios más impresionantes de terror comunista que en el mundo han sido. Todo esto lo vivió nuestro amigo inglés, pues Orwell estaba enrolado en las brigadas del POUM y lo vivió directamente: Homenaje a Cataluña. Y de paso, ¿dónde está Andreu Nin, eh? (Devora, Censor, 1984, vuelve a la conmemoración del centenario de la Generación de 1927, mira a ver si tienes que extenderla a la otra generación del 27, la de los humoristas, Mihura, Jardiel y demás, sin olvidarte de las Sin Sombrero. Y luego te lees el Cossío).

El colmo de tu indignidad es que has condenado a un funcionario a tres años sin empleo y sueldo. En mayo de 2022 el Instituto de Patrimonio Cultural de España, dependiente del Ministerio de Cultura, decidió cambiar el sistema de climatización del edificio que lo alberga, en Madrid. Este cambio supuso causar daños irreversibles a 12.000 placas fotográficas del siglo XIX, el catálogo de Laurent incluído, por ejemplo, condiciones que quedaron acreditadas por la Fiscalía Provincial de Madrid... pero ¡¡¡ha prescrito el delito!!! Un trabajador había planteado denuncias contra la dirección del Instituto, por corrupción contra sus superiores y finalmente le montaron un expediente disciplinario que has firmado. El condenado a galeras ha solicitado la protección urgente que se le ofrece a los que denuncian irregularidades, una vez que el funcionario denunció que el acta de recepción de la obra de climatización fue firmada por los superiores como correctas.