Aroa

09 de junio 2025
Actualizada: 8:12

Carlos Regojo Solla narra la experiencia con su nieta en los primeros años en la escuela de primaria

"Los sucedidos", (Luis del Olmo llamaba así a los acontecimientos tempranos cuyos titulares recibirían esa misma mañana el tono distendido y la chispa del absurdo humor de "Tip" y "Coll" en su programa de radio "Protagonistas"), puntualmente emitido cuando llegaba a la altura del aeropuerto, en las cercanías del C.P.I. en el que yo trabajaba.

Por entonces disfrutaba de su presencia en mi aula, gracias a una carambola de Jefatura de estudios, cada una de las jornadas que conformaron aquella larga etapa educativa de tres ciclos de dos años cada uno a la que el tiempo despojó de los matices intermedios entre las dos personalidades nieta/abuelo, surgidos a cada instante, sobre todo cuando comíamos en el parque cercano donde, casi siempre, encontrábamos un motivo ocasional del cual aprender, dando sepultura a un pajarito aparecido muerto con su pata negra estirada lejos de su plegado cómodo en el interior de un plumaje íntimo acogedor; aquel inolvidable corazón grabado en un árbol...

Pero el tiempo, su paso, acabó en aquel sexto nivel de Primaria y, como si de un Big Bang se tratase, nos catapultó a cada uno a destinos distintos hasta el momento en que volvimos a vernos, yo con mis rutinas procurando actitudes positivas repitiendo la letra de valores perdidos entre la chatarra moral de algo que aún llaman IA que aún no sé qué es, ella conduciendo un genuino Mini Morris (recordad: "el más grande") para contarnos que había terminado con éxito la carrera que más le había gustado: TRABAJADORA SOCIAL.

En este pequeño referente, justo en el curso siguiente cuando mi AROA marchaba hacia la E.S.O., comenzábamos ciclo, en el listado de alumnos me encontré con una nueva alumna llamada AROA. A ella y a su madre, ambas de eterna sonrisa, dedico una página en blanco que nunca podré escribir.