Bartolomé de las Casas, uno de los cronistas más relevantes en la historiografía de la conquista, escribía en el primer volumen de su Historia de las indias (obra terminada en 1561 pero publicada por primera vez en 1875):
“[…] según tengo entendido, que cuando determinó encontrar un príncipe cristiano que le ayudase e hiciese espaldas, ya él tenía certidumbre que habría de descubrir tierras y gentes en ellas, como si en ellas personalmente hubiese estado (de lo cual cierto yo no dudo)».
Para Bartolomé de las Casas está claro que Colón tenía certezas sobre las indias que no compartió y que cuando propuso su empresa lo hizo: «dando razones y autoridades para que lo tuviesen por posible, pero callando las más urgentes».
Hernando Colón escribió sobre las razones que motivaron a su padre al descubrimiento de las indias en su obra póstuma Historia del Almirante Don Cristóbal Colón (la había escrito antes de morir en 1539 y no fue publicada hasta 1571). Bartolomé de las Casas tuvo acceso a su contenido mientras permanecían inéditas y lo utilizó para su Historia de las indias, que paradójicamente terminó siendo publicada después. Esas razones eran, principalmente: el conocimiento de la esfericidad del planeta y la unicidad del océano y, por tanto, la posibilidad de navegar desde la costa europea hasta el extremo oriental, interpretando la cosmografía de autores como Pierre d’Ailly, Marino de Tiro, Ptolomeo o Alfagrano (quien creía que el tamaño del planeta era menor que otros autores), así como la obra de Aristóteles, Heródoto, Plinio o Marco Polo, y especialmente, las distancias establecidas por Toscanelli.
Tanto Hernando Colón como Bartolomé de las Casas, recogen los testimonios que el almirante había escuchado sobre la aparición en alta mar y en las playas portuguesas. De maderas labradas y cañas muy anchas no conocidas en Europa ni en África, que podrían venir arrastradas por el viento y el mar desde alguna isla desconocida, y que el mismo Rey de Portugal se las mandó mostrar; la aparición en la Isla de las Flores de dos cadáveres: «que parecían tener las caras muy anchas y de otro gesto que tienen los cristianos», así como algunas canoas en las costas de las Azores.
Hay dos teorías sobre el prenauta o protonauta. En las dos el causante fue una tormenta que los desvió hacia las Antillas. En el primer caso, se trataría de un barco que se dirigía de canarias hacia Madeira y fue desviado por una tormenta a las costas americanas. Esto podría ser por los vientos alisios que en esas latitudes van de este a oeste, pero la leyenda dice que volvieron por la misma ruta a Canarias, algo incomprensible, ya que, en esas latitudes no hay vientos alisios de oeste a este.
Fernández de Oviedo, que fue quien puso por primera vez esta historia por escrito en su Historia general y natural de las Indias (1535), y nos cuenta:
«Unos dicen que este maestre o piloto era andaluz; otros le hacen portugués; otros, vizcaíno; otros dicen quel Colón estaba entonces en la isla de la Madera, y otros quieren decir que en las de Cabo Verde, y que allí aportó la carabela que he dicho, y él hobo, por esta forma, noticia de esta tierra. Para mí, yo le tengo por falso, y, como dice el Augustino: Mejor es dudar en lo que no sabemos que porfiar lo que no está determinado».
La otra leyenda es la Alonso Sánchez de Huelva, esta fue formulada en 1609, por el Inca Garcilaso de la Vega. Aporta a la leyenda localizaciones concretas, nombres y apellidos. En sus Comentarios reales de los Incas identifica al piloto como Alonso Sánchez, natural de Huelva, y sitúa su decisivo encuentro con Colón en torno a 1484, asegurando que esto se lo había contado su padre y los contemporáneos de este, quienes se habían relacionado con los primeros conquistadores. A partir de entonces, los historiadores posteriores acuñaron esta información a la leyenda, por más que, como del resto de ella, no existiese prueba documental alguna.
Crítica a la Leyenda del Prenauta:
Desde un punto de vista técnico, la leyenda de Alonso Sánchez de Huelva carece de sentido. Es físicamente imposible que un temporal arrastrara su nave 3500 millas hasta las Antillas, ya que ninguna tormenta atlántica con origen en Europa sigue una trayectoria constante hacia el oeste-sudoeste; tal deriva contravendría las leyes meteorológicas fundamentales.
Además, un navío de madera sometido a semejante castigo habría sufrido daños estructurales críticos —pérdida de mástiles, velas y vergas— imposibles de reparar en tierras desconocidas sin astilleros ni herramientas adecuadas. Si una tempestad lo hubiera impulsado mar adentro desde las costas europeas, la calma habría retornado tras recorrer unas 500 millas. A esa distancia, el destino lógico habría sido las Azores o el litoral africano, pero jamás el continente americano.
Incoherencias en los Datos Náuticos del Prenauta
Resulta inverosímil que Alonso Sánchez recopilara la información que supuestamente entregó a Colón. En aquella época, los marinos españoles no utilizaban habitualmente el astrolabio ni el cuadrante en alta mar; fue el propio Colón quien introdujo su uso técnico en 1492. Para un simple viaje comercial de cabotaje, es improbable que Sánchez portara instrumentos tan complejos y costosos, o una carta del Atlántico.
Es técnicamente imposible que un navegante arrastrado por un temporal aportara datos tan precisos como la latitud, la longitud estimada, el error del compás o la declinación magnética. La leyenda atribuye a Sánchez la entrega de un portulano detallado y un registro de corrientes y rumbos de una travesía accidental, cuando carecía de las herramientas y el conocimiento para cartografiar una derrota que ni siquiera él mismo controlaba.
Perfil y Capacitación de Cristóbal Colón
Las opiniones sobre la formación académica de Colón son diversas: desde quienes lo consideran un marino de escasa escuela hasta quienes le atribuyen una cultura notable. Sin embargo, su pericia técnica es indiscutible. Como navegante, dominaba instrumentos esenciales como el astrolabio, el cuadrante y las ampolletas (relojes de arena), además de poseer la habilidad de estimar la velocidad del buque y predecir el tiempo mediante la observación de los astros. En su faceta de cartógrafo, era experto en el trazado de cartas mediante el sistema de proyección plana.
Este método, perfeccionado bajo la influencia del Infante Don Enrique de Portugal, «el Navegante», fue el estándar de su época, tal como atestigua el cronista Fernández de Oviedo, quien fue contemporáneo de sus mayores logros.
«Su primer viaje dejará dicho mucho de su gran capacidad en el mar, fue quien enseño a los marineros a navegar con instrumentos, conocía astronomía». Que en esa época era la cosmografía, matemáticas y trigonometría y geometría:
«En lo social se codeó con la nobleza de Portugal y de España, su comportamiento era el de una persona fina y educada, en los menesteres de la alta sociedad era muy leído. En autores clásicos, tanto filósofos, como científicos, en sus libros escribía notas marginales dando a conocer sus opiniones y su pensar acerca del tema tratado en él». Aparte de lo que nos dice Fernández de Oviedo, Colón tiene otros méritos:
* Observó la digresión de la Polar, que acertó con una precisión que no sería superada por marino alguno hasta la invención del sextante,
* Descubrió la declinación magnética,
* Realizó importantes observaciones sobre vientos y mareas,
* Fue el primero en describir las calmas tropicales y los ciclones,
* Observó las diferencias de las mareas respecto a Europa,
Predijo Eclipses lunares.
También es cierto que cometió errores en cuanto a la estimación de la latitud, en su primer viaje.
Pero en los viajes posteriores fue afinando mucho sus cálculos.