El articulista no debiera admirarse de que yo concedía gran importan á la afirmación de D. Fernando Colón, hijo y primer biógrafo del insigne navegante, el cual dice categóricamente. que su padre «quiso hacer desconocidos e inciertos>> su origen y patria. Esta afirmación se hala corroborada, pues resulta que las dos familias de Colón, la legitima y la de Beatriz Enriquez, ignoraban en qué pueblo había nacido el almirante, hasta el punto de que Pedro de Arana, buen amigo de éste y hermano de aquella dama, en la información de un expediente de las ordenes militares, declara con respecto á Cristóbal Colón que «ha.oído decir que es genovés, pero el no sabe de dónde es natural». El mencionado articulista prescinde de estos antecedentes, como también prescinde de que Colón no dejó ningún escrito en italiano, y, en cambio, llamaba «nuestro romancen» á la lengua castellana ocho años después de venir á España; de que los cronistas italianos de la época del descubrimiento, el genovés Gallo y el obispo Giustiniani, dicen que Bartolomé Colón nació en Lusitania; de que ningún escritor de aquellos tiempos determina el lugar del nacimiento de Colón ni da la menor noticia acera de su vida anterior á la presentación, en Castilla, sobre cuyo punto existen las mayores tinieblas, mientras que están bien conocidas las vidas de varios personajes italianos más antiguos y menos famosos que el gran navegante, y, en fin, prescinde asimismo de otra multitud de hechos que omito pana no cansar á los lectores,
Pero entonces, ¿qué es lo que tiene importancia para, el articulista de Il Secólo en la cuestión, que se discute? Pues, simplemente, la mencionada declaración heráldica de Colón de haber nacido en Genova y, además, un documento especial, conocido y estudiado por el distinguido escritor norteamericano Mr. Vignaud, fechado en dicha ciudad á 25 de Agosto de 1479 y descubierto recientemente; papel, curiosísimo por todo extremo y que, según veremos, debiera acompañar á otros que se guardan en la Casa municipal de aquella incomparable población, con respecto á los cuales, en cuatro libros diversos:, dice el acreditado colombófilo Harisseí, también yanqui, que están al lado del violín dé Paganini. Mencionaré dos detalles del citado documento: primero, que Colón nació en 1452, y segundo, que en 1479 era todavía ciudadano tejedor de Génova. Pues bien; ambos resultados son sencillamente inaceptables, á juzgar por siguientes datos históricos: primero, Bernáldez, gran amigo de. Colón, en su «Crónica de los Reyes Católicos», dice, y se comprueba, por otros datos, que el almirante falleció á los setenta años, «senectude bona»; y una real cédula, expedida en Febrero de 1506, concede permiso á Colón en vista de su «ancianidad» y enfermedades, para viajar en mula ensillada y enfrenada (Asiento,«Cristóbal Colón», tomo I, páginas 212-213). Nacido el almirante en 1452, tendría cincuenta y cuatro años al fallecer en 1506; jamás en ninguna parte se ha llamado. ni llama á esa edad Senectud ó ancianidad.
Segundo cuando Colón se presentó en Castilla, año 1484, era viudo y le acompañaba su hijo Diego, niño de ocho años, nacido en 1476. ¿Cómo podía ser ciudadano de Génova y tejedor de lanas el insigne marino, que se habría casado en Lisboa por lo menos en 1475 y consultado entonces su gran proyecto á Tosconelli desde la misma ciudiad? Pensando, pues, piadosamente, resulta. sólo que el Cristóforo Colombo de ese documento de 1479 no era el mismo Cristóbal Colón descubridor de América el cual consigna, en. una carta á los Reyes, incluida en su «Libro de las Profecías», que en 1501 contaba cuarenta años de navegación, y reatando los ocho que permaneció en España antes de su primer viaje, resultaría que, nacido en 1462, como quiere el papel de que se trata, habría empezado á navegar, poco más ó menos… ¡antes de tener un año de edad! Siendo muy común en Italia el apellido Colombo, nada tendría de particular que en aquel país hubiere, un Cristóforo Colombo distinto del gran marino, del mismo modo que hubo otro Cristobo de Colón en Pontevedra. durante el siglo XV.
En mi citado libro patentizo el valor que puede concederse al texto de ciertos. documentos; pero no terminaré este punto sin dedicar algunas palabras á la carta en castellano, que se dice de Colón, conservada en la Casa Municipal de Génova, á fin de que por esa muestra los lectores y el articulista milanés se enteren de que singulares detalles que ofrecen aquellos. En esa carta, fechada «á 2 de Abril de 1502» Colón participa al magnífico Oficio de San Jorge que manda á su hijo D. Diego destine el diezmo de toda la renta de cada año á disminuir los impuestos que por las vituallas comederas se satisfacían á su entrada en Génova, dádiva verdaderamente espléndida. Ahora bien; nos encontramos aquí con una contradicción enorme porque antes de emprender el cuarto viaje, el almirante dió á su heredero un memorial de mandatos, á manera de disposición testamentaria, que comunicó á su íntimo amigo Fr Gaspar Gorricio «dos días después» de la fecha de aquella carta, esto es, «en 4 del mismo mes y año», en cuyo memorial, analizado minuciosamente y comprobado por el Sr. Fernández Duro en su «Nebulosa de Colón», no aparece, como tampoco en ningún otro documento, semejante concesión á Génova, ni consta que de ella se hayan preocupado poco ni mucho las autoridades y el vecindario de aquella ciudad. En la misma carta, Colón añade que «los reyes me quieren honrar más que nunca», precisamente cuando se le negaba el ejercicio de los cargas de virrey y gobernador de los países, que había descubierto y se le imponía, para dicho cuarto viaje, la. bochornosa condición de no desembarcar en la isla de Santo Domingo: he aquí cómo se le honraba más que nunca. ¿Qué concepto, pues, merece esta carta? Creo que esta bien colocada al lado del falso y desatinado codicilo militar del almirante.
En Italia, se comprendió la absoluta necesidad de probar que la madre de Colón era italiana; pero por ninguna parte apareció el apellido Fonterosa. Por fin surgió un gran recurso para salir del atolladero: habiéndose encontrado documentos acerca de personas que tenían el apellido «Fontanarubea», una de ellas, padre de cierta Susana, se le traduce cómodamente convirtiéndolo en: «Fontarossa», con el pretexto de que ambas palabras tienen el mismo significado. De manera que siendo los italianos los únicos mortales que en este mundo pueden aspirar á la infalibilidad, sin duda, el articulista de Il Secólo juzga, que la tergiversación mencionada es incontestable; y así, hay desahogo y manga ancha para la teoría colombina de Italia, mientras que para la coloniana, de España son las dificultades y los escrúpulos.
Mucho tendría que decir aún sobre esta interesante cuestión; pero no debo abusar de la hospitalidad que El Imparcial me concede. Concluiré, pues, haciéndome cargo de la manifestación final de Il Secolo. Dice que «genovés ó pontevedrino, Colón no habría arribado á su maravilloso descubrimiento si no le hubiese abierto camino el buen Pablo Toscanelli. cuya nacionalidad no constituye, ni ha constituido jamás, un punto histórico oscuro». Esta reivindicación tiene el aspecto de una retirada, puesto que ya trata de disminuir el mérito de Colón; perfectamente, pero conste que Toscanelli, en su correspondencia con el futuro almirante, considera á éste natural de Lusitamia. Se ve, por consiguiente, que en 1474 ó 1475 Colón; no decía que era genovés, ni aparentaba serlo, sino que se fingía portugués. Cierto es que Mr. Vignaud, citado por Il Secólo, califica de apócrifa la mencionada correspondencia, sin presentar justificantes adecuados, en su libro titulado «la carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las Indias por el Oeste», criterio que ha refutado La Ilustración Española y Americana me dispensó merced publicar. Sí yo fuera. sistemático en mi teoría coloniana, hubiera aceptado y secundado ese criterio, porque de semejante superchería ó falsedad se deduciría lógicamente que, siendo de mano del propio almirante la copia de la carta de Toscanelli hallada por Harrise en las guardas de un libro que había pertenecido a Colón, éste presentaba al cosmógrafo florentino bien enterado de que la nacionalidad del temerario proyectista no era italiana.
Por último, el distinguido articulista de Il Secólo censura sarcásticamente al sabio doctor Horta y Pardo (que posee, en efecto, muchos títulos honoríficos y científicos) por encargar á los lectores de su notable folleto que, en vista de los fundamentos que expone, tengan fe en la nacionalidad española del inmortal descubridor del Nuevo Mundo. Esa censura es injusta. Por mi parte tengo fe absoluta y «razonada» en, que la gloria de Colón pertenece integra á España.
Celso García de la Riega.