El lobo

04 de setembro 2025

Historia de Pepy G. Clavijo sobre el lobo Ducarón que aullaba de pena a medida que se acercaba la Navidad

Allí estaba encima de la peña, como si quisiera despedir con sus aullidos al amigo que se iba.

Fue sólo un momento, aulló, miró para todos lados y se fue, ya volvería más tarde, cuando en la soledad de la noche pudiera acompañarlo mejor, no lo volvería a ver, pero sabía que en el mundo de los lobos nunca caería en el olvido.

El lobo siguió su camino, sabía que tenía un nombre, su amigo le llamaba siempre Ducarón, trepó de peña en peña aullando de pena, tenía que avisar a los otros lobos, a las otras fieras de los montes vecinos.

Ducarón recordaba los encuentros habidos a lo largo de los años, le hubiera gustado acercarse para que comprobara que los lobos sólo atacan cuando tienen hambre, pero nunca se atrevió por miedo a asustarlo, sabía de buena tinta, que no lo asustaría, que se sentaría a su lado y las caricias se sucederían, pero nunca quiso probar tenerlo demasiado cerca.

Llegó la Navidad, el monte se llenó de nieve y Ducarón tuvo que reducir sus paseos entre los peñascos, una mañana en la que un manto blanco cubría el lugar, salió el sol, brilló al principio de una forma tímida pero al poco rato sus rayos calentaban la piel de aquel lobo amigo. Y volvió al lugar.

Navidad triste, ya no tendría la visita deseada, ya no podía saludarlo desde el peñasco, pero él sabía que su espíritu estaba allí, acompañándolo en cada momento, por eso repitió una vez y otra vez su visita.

Los otros lobos acompañaban a Ducarón en su pena, lo mimaban, no querían que estuviera triste, habían oído decir que "nadie muere mientras se les nombra" por eso ellos hablaban del amigo constantemente.

Así un día y otro día Ducarón paseaba solitario recordando los buenos momentos, como aquel en que su amigo llevó al monte a unos niños una noche de luna llena, ellos estaban interesados en ver lobos, algo insólito entre las demás personas, Ducarón estuvo escondido entre las peñas hasta que lanzando uno de sus "cantos" se mostró a los niños, ellos quedaron felices de que un lobo los saludara, ahora lo recuerda con nostalgia, y todo fue gracias a la fe que su amigo tenía sobre su raza, sobre los lobos, sobre los "canis lupus". Y ese fue el nombre que le había puesto a su cafetería en Cangas, aquel amigo.