Carta a una corporación amodorrada

05 de maio 2025

La casa que fue de mis abuelos (descendientes de Benito Soto), ahora en ruinas, pero con propietario conocido y ustedes lo saben, acoge a un respetable ciudadano que saluda y pone muy nerviosa a la vecina que paga religiosamente impuestos

Hay algo en nuestro diario vivir que nos hace despertar de la monotonía rutinaria. Yo que soy una jubilada que trabajé toda mi vida bajo la dirección de personas en mi familia, en mis estudios, en mi Fe, y en mi vida ciudadana (no política), ahora estoy asistiendo a una nueva forma de entender el mundo que me rodea y que lo tengo que entender rápido.

La tan cantada Pontevedra en la que vivo, de la que soy amiga y no cambiaría por nada del tan visitado mundo, me despierta no por el ruido, que lo hay, sino por la noche, que me hace reflexionar.

Vivo en un barrio que dio tema a cantidad de historiadores, eso, historiadores . Con todo mi respeto a esas personas que profundizan en temas ya pasados, pero no olvidados .Yo leí muchas veces y disfruté de enterarme de las raíces de mi vida y aquí ya no aburro a los lectores. En mi barrio está una asociacion que surgió de una necesidad: invadían nuestro entorno, no nos dejaban crecer y especulaban con nuestro terreno.

Sólo Sabino, su primer presidente, con su tesón y buen hacer, supo reunir a personas que siendo de ideas distintas hicieron surgir una gran realidad: el bien común sin diferencias de clases.

Recordamos también a Pilar Pintos, Ángel, Manolo, Juan y todo un equipo que heredó ese buen hacer.

Señor Alcalde: nuestra ciudad ''Dormitorio'' es muy confortable.

Voy a empezar por mi barrio, hace cuestión de unos meses, la casa que fue de mis abuelos (descendientes de Benito Soto), ahora en ruinas, pero con propietario conocido y ustedes lo saben, acoge a un respetable ciudadano que saluda y pone muy nerviosa a la vecina que paga religiosamente: impuestos, basuras, garaje etc. y le pregunta, con naturalidad, si le puede cocinar...

Estos días tiene invitados y las noches se les hacen largas, conversan en alto y usan un vocabulario profundo, que ni los marineros más avezados utilizaban. Pero esa no es la cuestión, las charlas van acompañadas de gritos y agresiones entre ellos, que no es poco, lo grave está en que despiertan a niños asustados que preguntan ¿qué pasa?

Pero todavía hay más, duermen en un polvorín, cartones y más cartones y maderas viejas que prenden sin querer. No sería de recibo, que cuando se quemen las casas, dijesen: ¡no sé como fue!

Testigos somos de la deriva.

Ayer me enteré de que uno de esos vecinos se murió sentado en una de las muchas residencias en las que se han convertido los bajos de nuestra ciudad, y que algunos de los que paseaban , inmortalizaron el suceso con sus móviles. No eran pperiodistas, ni siquiera familiares, eran personas con una absoluta falta de sensibilidad.

Fui colaboradora en ''Calor y café'' y me admiraba de la cordialidad y sencillez con que las personas que lo dirigían acogían a los asiduos y también del rechazo de los que allí podían cenar y preferían marchar.

Sé que es una tarea difícil, que desde mi comodidad puedo ser exigente, pero, señores, ¿a ustedes no les molesta el sillón cada vez que se reúnen para tirarse bolas de papel que no resuelven nada?

Yo, como maestra, tuve que vivir careciendo de luz y agua, con dificultades higiénicas y caminando kilómetros para poder llegar a mi destino de trabajo y no me sentí maltratada, pero cómodo no era. Pero ahora en este cursillo que me queda por hacer, estoy terriblemente asustada, porque la sociedad, la convivencia y la familia sufren un cambio que a mí me cuesta asimilar.
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Por favor, no se miren unos a los otros a ver quién pone el cascabel al gato... es sólo un gato.

 

Una vecina de San Roque