Cristina Andreu Cuevas (Casablanca, 1960) es pionera con mayúsculas. Fundadora y presidenta siete años de la Asociación de mujeres cineastas (CIMA), empezó a hacer cine cuando la industria no se escribía en femenino y ayudó a cambiar el sector y sentar las bases de las que beben las nuevas generaciones de creadoras.
Su primera película, Brumal, una adaptación al cine de la novela de Cristina Fernández Cubas Los altillos de Brumal, estuvo nominada a los Premios Goya y este sábado se proyectó en el Teatro Principal de Pontevedra dentro del ciclo Pioneras de la programación de los Premios Feroz. Antes de conversar con la periodista Teresa Cuíñas, concedió esta entrevista a PontevedraViva.
Vienes a Pontevedra para participar, junto a los Feroz, en el ciclo Pioneras. ¿Te sientes así, una pionera dentro del cine español?
Me encanta lo de pionera porque soy pionera desde hace muy poco. Es una cuestión de edad y me alegra porque antes las pioneras eran Josefina Molina, Pilar Miró y Cecilia Bartolomé. Josefina y Cecilia, grandes amigas. Yo empiezo a ser pionera, pero me hace ilusión, porque así mi película se puede empezar a ver. Ya empiezas como en otra etapa.
Brumal fue tu primer largometraje. ¿Qué recuerdos tienes de aquella época?
Yo era muy joven. ¿Qué recuerdos tengo? Por un lado, la valentía, la inconsciencia de querer hacer una película tan difícil como es el relato en el que está basado. Y me parece ahora increíble que me atreviera a hacer eso, supongo que es la juventud. Yo creo que hay un problema que sigue existiendo, que no tenía el presupuesto adecuado para hacer una película y ahí lo podemos juntar con que las mujeres tienen menos presupuesto siempre para hacer sus películas y, claro, eso, sin querer, lastra un poco; el público no tiene la culpa de que las películas tengan más o menos presupuesto. Pero yo lo recuerdo muy bien, muy segura, con algunos problemas, como pasa en todos los rodajes pero tengo muy buen recuerdo.

Por lo que relatas, fue complicado sacarlo adelante.
Sí. Fue complicado. Muchas mujeres hicimos películas en esos años y la mayoría de ellas, como yo, no seguimos haciendo cine. La única que siguió fue Isabel Coixet y las demás nos fuimos quedando en el camino. Ahora, con las cuotas que hay, todo eso no está pasando, pero el año que me nominaron, éramos tres mujeres, Ana Díez, que lo ganó; Isabel Coixet; y yo. Fue increíble para ese momento de la industria. Había muchísimas menos mujeres, por supuesto, por eso fue muy extraño que estuviéramos nominadas las tres. La verdad es que era muy complicado ser mujer y hacer cine.
Entonces no era habitual ver a una mujer tras la cámara. No había prácticamente referencias. ¿Tuviste que soportar muchos prejuicios?
Yo antes había dirigido un capítulo de una película que se estrenó en los cines y había trabajado de ayudante de dirección o de script, normalmente era la única mujer. Estaba maquillaje y vestuario, pero era la única mujer. No es que mis compañeros fueran prejuiciosos, es que era así la sociedad. Me acuerdo de una película en la que era ayudante de dirección y entonces dije: silencio. Y se calló todo el mundo. Y se me acercó un director de producción, que sí era machista, y me dijo: “Cristina, así no te va hacer caso nadie, tienes que gritar: coño, silencio”. Y digo: “pero es que yo he dicho silencio y se me ha callado todo el mundo”. Y él dice: “sí, pero no te van a respetar”. Y sí que me respetaban, porque se callaban. Pero había toda esa manera de trabajar, que una de las cosas que es bueno que las mujeres dirijamos es que hay otro ambiente en los rodajes.
Afortunadamente, ahora el panorama parece haber cambiado. Cada vez son más las mujeres que dirigen, crean o producen cine. ¿Es un buen momento?
Sí, yo he sido fundadora de CIMA, he sido presidenta siete años y durante mi mandato hemos conseguido unas cuotas increíbles y eso hace que ahora los productores busquen mujeres para dirigir. Yo me acuerdo que la primera vez que se implantaron las cuotas, no tanto las de dirección o guión, sino para las jefaturas técnicas, había hombres de la profesión que me decían que no había directoras de fotografía buenas, que no había compositoras buenas, que no tenían talento y yo decía ¿y cómo puedes medir el talento si no les das una oportunidad? ¿cómo sabes que tienen talento o no? Me parece terrible que digan que no tenían talento y, de pronto, ahora la mayoría de las compositoras y directoras de foto que conozco no paran de trabajar. Tenían talento. Lo que pasa es que faltaba que le dieran esa oportunidad. Espero que no revierta.

¿Quedan todavía ámbitos en el audiovisual en los que cuesta que la mujer encuentre su sitio?
Empezaron a asumir puestos como de montaje, algo que no se salía al rodaje, pero directoras de foto, compositoras, directoras de sonido… yo creo que falta mucho todavía.
Desde CIMA habéis trabajado mucho por esa igualdad que vislumbramos. ¿Sin este esfuerzo colectivo habría sido posible?
No. Lo bueno que tenemos las mujeres es que nos ayudamos unas a otras. Lo de la famosa sororidad ha sido un esfuerzo de muchas mujeres empujando para conseguirlo. Yo creo que es lo que pasó cuando te hablaba del principio, de cuando yo empecé a hacer cine, es que, aunque nos conocíamos, no había ese colectivo de mujeres que empujara y era mucho más difícil. Te sentías muy sola, trabajando, empujando. Yo la verdad es que fui la primera mujer en la que dieron ayuda en la nueva ley de cine, la ley de cine de Pilar Miró. Fui la primera porque Pilar Miró no pudo, era la directora general. Me acuerdo que estaba Fernando Méndez-Leite, que es ahora presidente de la Academia del Cine, y yo le dije: ninguna mujer ha tenido subvención hasta ahora. Era diferente y me dieron subvención, si no, no hubiera sido posible.
Siempre has sido firme defensora de cuotas y subvenciones. ¿Crees que todavía siguen siendo necesarias para avanzar hacia la igualdad?
Sí. Hasta que no consigamos la igualdad, las cuotas son necesarias. Yo escribí un artículo que se llama ‘Sin cuotas, no hay democracia’, que parecía muy fuerte, pero es verdad. Imagínate tú cómo sería el hemiciclo si no hubiera listas cremallera. Las cuotas son muy importantes. Lo único malo es que la Ley de Cine no se ha aprobado todavía. A mí lo que me preocupa es que se revierta. Nosotras siempre teníamos a una mujer, Anna Serner, que fue presidenta de la academia del cine de Suecia, que era nuestra referente porque había conseguido la igualdad. Hablé con ella cuando cambió el gobierno y me dijo: “Cristina, ha ido todo para atrás”. En la Ley de Cine hay tan solo un párrafo, que es el porcentaje que tiene que ir del presupuesto para las mujeres, pero al menos…

¿Hablas de qué puede pasar si no se aprueba ahora ante un futurible cambio de gobierno?
Claro, ante un futurible. Hay gente que te dice que las leyes se pueden cambiar, pero no es lo primero que va a hacer... Me parece que la ley de cine tendría que estar. Es una ley que protege la filmoteca, protege muchos otros estamentos, pero, sobre todo, me parece que es importante porque sale el porcentaje que tiene que haber para financiar a las mujeres. Y creo que no va a salir en esta legislatura. Eso es lo que me preocupa mucho. De todas maneras, me preocupa menos en el sentido de que, como ya hay tantos productores que han trabajado con mujeres, tampoco van a ir hacia atrás. A lo mejor no apuestan por nuevas mujeres, pero las que están yo creo que ya se quedan.
¿En general, el cine es un lugar seguro para las mujeres?
Yo creo que en estos momentos es bastante seguro porque hay muchas mujeres. Pasa como en todo, los lugares donde hay muchas mujeres son lugares seguros. Como ahora hay muchas más mujeres en los rodajes, me parece que es mucho más seguro. Antes no, porque no había casi mujeres. Es como cuando hablas de las ciudades. ¿Qué ciudades son seguras? Aquellas que tienen mucha población. ¿Qué barrios son los más inseguros? Aquellos en los que no pasa nadie. Además, me parece que, comparado con otros colectivos de mujeres que realmente son precarios, dentro de lo que cabe, las mujeres tenemos en el audiovisual más armas, más herramientas. Porque imagínate tú las mujeres que cuidan a personas mayores, las de los supermercados… muchísimos lugares donde, además de ser mujer, eres precaria. Y eso me parece terrible. Ahí sí que me parece que tendría que estar el foco. Por eso creo que las medidas de seguridad para las mujeres deberían ser transversales para todos los ministerios.
"No ha salido el 'Me Too' español y no sé por qué"
Comentabas hace dos años, en el Festival de San Sebastián, que el ‘Me Too’ español estaba a punto de llegar. ¿Ha llegado? ¿Hemos visto la punta de Iceberg nada más?
Pues no ha llegado.
¿Y por qué?
No lo sé. No ha salido el Me Too y no sé por qué. Que yo sepa, ha salido de lo de (Carlos) Vermut y un productor catalán y nada más. Es verdad que a las mujeres nos cuesta muchísimo denunciar porque si denuncias, ¿tardas cinco años en que salga el juicio? Eso no puede ser. Estaba todo el mundo esperando que saliera y yo de verdad que no puedo decirte el nombre de nadie, no lo he visto, estoy segurísima. De todas maneras, yo he cambiado un poco mi discurso, soy una persona que dudo todo el rato y me parece que, en este momento, tal como estamos viendo que piensan los hombres jóvenes, y tal y como yo creo que tenemos que pensar en el feminismo, o lo hacemos con los hombres o no lo podemos hacer. Tenemos que decirles a los hombres que no están excluidos de nuestro movimiento, que son nuestros compañeros, sobre todo la gente joven, a los de mi edad es más difícil. Hay que decirles: vamos a hacerlo. Yo creo que el feminismo ayuda muchísimo a los hombres, creo que hay que explicarles que se van a liberar con el feminismo.
Más allá del talento, que es evidente, ¿esa mirada femenina y feminista qué le aporta al cine?
Me parece que es fundamental porque en el cine o en la literatura, que me gusta mucho leer, siempre hemos leído lo que pensaban o lo que decían los hombres. Yo he sido lectora en una época en la que mis referentes todos eran hombres y conocía muy bien eso. Ahora las mujeres pueden contar desde su punto de vista y en las cosas que nos representan a las mujeres. Es muy importante porque si los hombres nos conocen a nosotras, como nosotros hemos conocido a los hombres, eso es fundamental para que la sociedad sea mucho más democrática.
¿Qué le dirías a las jóvenes que quieran entrar ahora en la industria? ¿Qué consejo le darías?
Lo primero, que no vayan solas. Nunca. Que se rodeen de otras mujeres. También de otros compañeros, pero, sobre todo, otras mujeres que quieran también hacerse camino. Porque sola es muy difícil hacerlo. Con productoras, directoras de fotos, guionistas… trabajar conjuntamente. Y que no desfallezcan, que las necesitamos.
