Juan Tallón: "Tenemos que pensar qué vamos a hacer para salvarnos. No podemos vivir esclavizados por los móviles"

Pontevedra
07 de noviembre 2025

El escritor ourensano ha presentado en Pontevedra, en la Librería Cronopios, la novela 'Mil cosas'. Un retrato generacional. Una reflexión sobre cómo seguimos adelante cuando todo nos sobrepasa

Juan Tallón
Juan Tallón / Cristina Saiz

Solemos creer que hay cosas que, a nosotros, no nos pasarán. Nunca. No como a otros. Hasta que nos pasan. Exactamente como a los demás. Sobre esa idea gira Mil cosas (Editorial Anagrama), la nueva novela de Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975).

Antes de presentarla ante sus lectores en la Librería Cronopios, Tallón ha conversado con PontevedraViva para desgranar una historia sobre el peso de lo cotidiano, sobre ese estilo de vida "en el que no tenemos tiempo para nosotros o para hacer las cosas que nos gustaría hacer".

Lo hace a partir de una pareja ahogada por el estrés y la ansiedad del día a día y que, a medida que va avanzando la trama, "se ve envuelta en una especie de bola de nieve que cada vez va más deprisa". Como gran parte de una sociedad que vive, según el autor, "demasiado acelerada".

¿Dirías que Mil cosas es una novela sobre la cotidianidad?

Es un libro sobre una cotidianidad perniciosa. Una parte importante de la sociedad está instalada en la aceleración, en una vida absolutamente demandante de acción. Nosotros parece que nos estamos limitando a dar cumplimiento a una orden que no está claro dónde nos llega.

Quizá es el sistema capitalista. Nos dicen haz, consume, produce y entretente. Pero, sobre todo, no permanezcas de brazos cruzados, no pienses... Y así se va destruyendo nuestra capacidad para distinguir las cosas que nos proporcionan placer o que nos dan tranquilidad.

Ya no sabemos dónde está lo importante. Arrecian tantas cosas sobre nosotros cada día que intentamos dar respuesta a todo. Todo tiene el marchamo de importante, de urgente, de vida o muerte y no es así. Pero como ya no sabemos distinguir, tenemos que sacarlo todo adelante.

¿Vivimos en una sociedad que nos anestesia como ciudadanos?

Sí, porque nos tiene permanentemente desconcentrados y cada pocos segundos atentos a una cosa diferente. Son tantos 'inputs', tantas cosas que demandan nuestra atención, que a nada le podemos dedicar el tiempo que requeriría. Vamos pasando de una a otra.

Ese exceso de atención en realidad es una forma de desatención, porque cuando estás atento a todo no estás atento a nada. Estamos obnubilados por esa oferta descomunal que tenemos. Estamos anestesiados por el modelo de consumo y de producción del que nos hemos dotado.

Los protagonistas de esta historia, la pareja formada por Travis y Anne, son personas a las que la inercia les dirige la vida, ¿no? Se van dejando llevar por lo que ocurre a su alrededor

Son como esa bolsa de plástico de 'American Beauty'. Azotados continuamente por algo. Son incapaces de detener ese ritmo frenético de su vida diaria. Por eso creo que es fácil que nos identifiquemos mucho con cualquiera de los dos, porque estamos viviendo de la misma manera.

Estamos instalados en ese estilo de vida en el que no tenemos tiempo para nosotros o para hacer las cosas que nos gustaría hacer. Los dueños de nuestro tiempo son otros. Estamos en esa inercia de atender a todo y nos quedamos expuestos a que nos pase cualquier cosa.

Juan Tallón
Juan TallónCristina Saiz

Ellos mismos se sorprenden cuando se apartan de ese camino 'de lo correcto', de lo que se espera de ellos, y estallan. Su primera reacción es sentirse mal...

Al vivir tan exasperadamente, los personajes tienen reacciones intempestivas. En otra situación no reaccionarían así. Además de no saber cuáles son las cosas importantes, tampoco saben cómo hay que encarar determinadas situaciones. Por eso reaccionan de forma equivocada.

¿Crees que nos desborda el ritmo actual de vida que reflejas en esta novela?

Sí, creo que estamos absolutamente desbordados. Y sin necesidad de estar haciendo cosas extraordinarias. Estamos desbordados por la acumulación de pequeñas cosas a las que decidimos, a veces no voluntariamente, hacer frente. Llegar al final del día es dificilísimo.

En el caso de los personajes, a pesar de que al día siguiente comienzan sus vacaciones y todos conocemos esa sensación de que 'nada de lo que pueda ocurrir hoy me va a afectar porque mañana empieza lo bueno', resulta que ese recorrido es demasiado largo, incluso inacabable.

Convivimos a diario con el estrés y la ansiedad. ¿Los hemos normalizado como parte de nuestra existencia?

Sobre todo en los ámbitos más urbanos en donde, además cumplir con todo lo que tenemos que dar, están los desplazamientos, las cargas familiares o una relación cada vez más problemática con el trabajo. De eso hablo en la novela. De cómo nos relacionamos con nuestro trabajo.

Tampoco ayuda el hecho de que estemos hiperconectados, ¿no? Que todo lo tengamos a mano con un teléfono móvil. Que contestemos llamadas o correos de trabajo a todas horas

El trabajo ha desbordado el espacio y el tiempo laboral. Podemos seguir haciendo cosas desde cualquier sitio. Ha sido como una mancha de aceite que se ha ido extendiendo. Nuestra oficina puede llegar a ser el simple teléfono que llevamos con nosotros en el bolsillo.

Ya lo decía Rafael Argullol. Internet y el teléfono móvil son dos grandes inventos que, cuando se han unido a través del 'smartphone', nos han esclavizado absolutamente. Pensábamos que poder hacer todo desde el teléfono, sin estar atado a un oficina, a un horario o a lo que sea, nos iba a facilitar la vida. Y lo que ha conseguido es precisamente lo contrario.

Vivimos sometidos y alienados por el teléfono. Nuestras manos ya no necesitan la orden de la cabeza para ir hacia él. Lo buscamos casi como una parte más de nuestro cuerpo. Tenemos que estar consultándolo todo el rato, ver qué es lo que pasa, lo que nos llega... Hay una parte de nuestro cerebro que se deslinda siempre hacia el teléfono móvil.

Juan Tallón
Juan TallónCristina Saiz

Y llegados a este punto, ¿crees que podrá haber vuelta atrás?

No vamos a volver a cuando vivíamos plácidamente sin estar conectados todo el tiempo. No vamos a convertirnos de pronto en individuos de los 80. Pero tenemos que pensar qué vamos a hacer para salvarnos. No podemos seguir viviendo esclavizados por el teléfono móvil.

Es un poco desalentador que la capacidad para hacer algo sea una acción individual. Creo que la única forma de salvarnos es tomar decisiones que nos liberen como sociedad. Que nos hagan no estar absolutamente conectados al teléfono o enganchados a las redes sociales y perdiendo miserablemente nuestro tiempo. Eso hace que al final del día no hayas conseguido nada.

En Mil cosas sobrevuela también la idea del despido, pero desde una doble visión. Él, temeroso. Ella, casi como una liberación

Con el trabajo tenemos siempre una relación de miedo. Hay un miedo fundamental a perder el trabajo. Es un fantasma que nunca desaparece. Y no solo porque lo puedas perder, sino también porque te estanques. Y hay miedo a trabajar y que, pese a ello, vivamos en la pobreza porque el coste de la vida cada vez es más alto. Eso le pasa, sobre todo, a Travis.

Creo que Anne está menos atosigada. Está menos alienada por su trabajo. Es capaz de plantearse que quizá el trabajo que tiene no es el que quiere ni el que le hace sentirse bien consigo misma. Hay entra la pregunta, ¿se puede cambiar de vida?

Es el sueño recurrente de todos cuando no estamos a gusto con nuestra situación profesional o incluso personal. ¿En qué medida puedo romper con todo y comenzar de cero? Porque necesitas cierta seguridad económica. Ese miedo nos atenaza. Somos muy conservadores en ese sentido.

A lo largo de toda la novela hay una sensación de tensión creciente. Sabes que algo va a estallar, pero no sabes qué. ¿Fue buscada o salió a medida que ibas dando forma a la historia?

Sí, sin duda. El lector no puede conformarse con una novela en la que no esté pasando nada. Mil cosas está escrita para que el lector sospeche que, cuando no está pasando nada, en realidad se está fraguando el espanto, guiados por esa enorme velocidad a la que transcurren las cosas.

Acabas envuelto y formando parte de una especie de bola de nieve que cada vez va más deprisa. Es inevitable que el lector sienta esa ansiedad. La novela avanza en una dirección que, al acabar, resignifica todo lo que ha estado pasando.

Juan Tallón
Juan TallónCristina Saiz

Y, sobre todo, entender que muchas veces pensamos que determinadas cosas a nosotros nunca nos van a pasar. Hasta que ocurren

La novela está construida sobre esa pregunta. ¿Qué tiene que pasar para que las cosas que nunca imaginaríamos que nos pudieran pasar a nosotros, sucedan? Pues, en el caso de esta historia, tiene que pasar todo eso que nos ha estado contando el narrador.

Escribiste esta novela del tirón, en apenas veinte días. ¿Necesitabas experimentar esa sensación de estrés para abrazar esta historia?

Forma parte un poco de las consecuencias de querer contar la vida acelerada de los personajes, de poner la técnica y el modelo narrativo al servicio de esa velocidad. Que tú escribas también sobre esa ansiedad del día a día. Creo que se unió todo. Mi forma de escribir, la propia narración y la vida de los personajes. Por eso la novela se resolvió en tres semanas.

Y ya, a nivel personal. ¿Tú has predicado con el ejemplo? ¿Has logrado bajar el ritmo?

Yo creo que comparezco con esta novela como un testigo de la velocidad, no como una víctima de ella. Yo viví así. Viví alienado y un poco esclavizado por el ritmo de trabajo durante algunos años. Con distintos golpes de suerte y una asunción de riesgos, conseguí salir de ahí.

Ahora soy el dueño de mi tiempo. Yo ejerzo el control. Yo decido cómo me organizo, cuánto le dedico al día a escribir una novela o una columna. Me puedo distraer, puedo cruzarme de brazos, puedo perder el tiempo... En ese sentido, asumo que soy un privilegiado.