Lucía Solla: "Nuestros referentes son igual de terribles que en los 90. La mujer siempre renuncia a algo para tener al hombre de su vida"

Marín
15 de noviembre 2025

'Comerás flores', la primera novela de esta escritora marinense, está revolucionando el panorama literario español. En ella, habla sin filtros de las relaciones desiguales y del maltrato psicológico

Lucía Solla, autora de 'Comerás flores'
Lucía Solla, autora de 'Comerás flores' / Marcos Mas - Libros del Asteroide

Cuando Lucía Solla (Marín, 1989) comenzó a escribir la que acabaría siendo su primera novela, Comerás flores (Libros del Asteroide), jamás pensó en que iba a convertirse en todo un fenómeno literario. "Estamos todos alucinando bastante con cómo está yendo", reconoce.

Su historia, la de una joven que conoce a un hombre veinte años mayor que ella y que irrumpe en su vida colmándola de atenciones y planes, no ha dejado indiferente a nadie. En ella, el duelo se convierte en amor tóxico, desembocando en una relación marcada por el maltrato psicológico.

A su protagonista, explica la autora en esta entrevista con PontevedraViva, le dio forma cuando "me senté con amigas y empezamos a hablar de experiencias pasadas". Ahora, acompañando al libro por ciudades de toda España, es consciente de que esta novela era necesaria.

Comerás flores va ya por su quinta edición. ¿Esperabas este éxito?

No. Y creo que la editorial tampoco. Estamos todos alucinando bastante con cómo está yendo la novela. El boca a boca está funcionando mucho. Estoy súper feliz.

¿Y cómo está siendo esta aventura para una escritora novel como tú?

Al principio, estaba muy disociada. Mi vida sigue siendo igual, pero de repente lo que más me gusta hacer lo puedo hacer y está funcionando bien. Ahora ya estoy más disfrutona. Soy capaz de pararme a pensar y de disfrutar. Me ayuda mucho hablar con la gente y que me cuenten cómo vivieron la lectura. Me encanta toda esa parte de acompañar al libro por las ciudades.

Ese feedback que te está llegando, me imagino, será muy bueno. Te estarás encontrando con historias, muy duras seguramente, pero también muy bonitas

Hay personas que me escriben simplemente porque les gustó, pero recibo muchos mensajes de chicas que vivieron algo parecido a Marina o de amigas de alguien que está en una relación así y que las quieren ayudar. Quieren regalarles el libro para mandarles una indirecta o simplemente para recordar que ellas están ahí.

Y cada vez recibo más mensajes, que son mis favoritos, de chicas que estaban a punto de iniciar una relación así o que estaban conociendo a un hombre como Jaime y que leyendo el libro se dieron cuenta de los comportamientos que estaban reproduciendo y los dejaron.

¿Y de hombres? Porque Comerás flores nos pone ante nuestro propio machismo

Es lo que menos recibo, por desgracia. Entiendo que quien llega a esta novela y que decide leerla y acabarla es porque ya tiene un trabajo hecho. A un hombre que todavía reproduzca los mismos comportamientos que Jaime no le va a interesar enfrentarse a esta lectura.

¿Crees que esta novela es, de alguna manera, una especie de retrato generacional?

Quizá más contemporáneo que generacional, porque me escriben mujeres de todas las edades. Al final, aunque dibujo un personaje bastante joven, lo que le pasa a Marina le puede pasar a una mujer de 60 años. Depende del momento en el que estés de tu vida y las vulnerabilidades que tengas.

¿Por qué consideras que sigue tan presente en la sociedad el mito del amor romántico como el que busca Marina en Jaime?

Creímos que eso estaba superado y por desgracia no es así. Si revisamos los referentes que tenemos todavía, sobre todo los cinematográficos, siguen siendo igual de terribles que en los años 90. La mujer siempre renuncia a algo para tener al hombre de su vida.

Siempre hay un hombre de su vida. El amor siempre pasa por eso, por lo romántico. Y está genial ese amor romántico, pero construido desde un vínculo sano. Hay que marcar límites y saber qué quieres. Ahí todavía fallamos.

Y eso que ahora tenemos muchísima más formación feminista. Pero, aun así, podemos sufrir igualmente esa violencia machista. Influye la formación, claro que sí, pero no depende tanto de eso como del momento en que estés en tu vida y por eso le puede pasar a cualquiera.

Esa urgencia por encontrar el amor guía la vida de Marina. Llega a decir "no busco un ojalá, busco un ya" ¿Es síntoma de cómo vivimos actualmente?

Desde luego. Nos precipitamos. Eso sí que es muy generacional. Vivimos en lo instantáneo. Nos están enseñando a obtener un placer y un subidón constante. Si las cosas van lentas, ya no nos gusta. No nos interesa, nos aburre. Parece que si el "te quiero" llega muy tarde o el compartir piso pasa, yo que sé, un año después, es que no les interesamos y no nos quieren.

En Jaime, vemos un perfil tipo de maltratador. Esa persona controladora, que hace de menos a su pareja, que la aísla de su entorno… ¿cómo construiste este personaje?

Para mi desgracia, fue muy fácil. Cuando se me ocurrió que quería escribir sobre el maltrato psicológico y hablar sobre algo que apenas somos capaces de verbalizar, o incluso de reconocer, me senté con amigas y empezamos a hablar de experiencias pasadas.

Lo hicimos desde un entorno seguro, donde no nos íbamos a juzgar. Empezaron a salir cosas horribles, la verdad. Y si no todas, casi todas, habíamos vivido alguna de las cosas que hace Jaime. Yo quería dibujar a un personaje que estuviese a la altura de las expectativas de Marina.

Parece que hay como un manual no escrito del maltrato. Siempre nos dibujan a una víctima muy específica, sin recursos, sin formación, sin una red de apoyo y a un hombre también como muy bruto. Y Jaime es un intelectual. Es como un hombre muy formado y maravilloso.

No deja ser así el perfil del maltratador, ¿no? Una persona con dos caras…

Sí, totalmente. Lo que pasa es que los medios siempre tienden a eso, al arquetipo, a caricaturizar a los dos, a la víctima y al maltratador. Y creo que hay que romper con eso.

Ese maltrato psicológico es el más invisible, el más sibilino. No hay violencia explícita y es difícil de detectar, no solo por la víctima, sino también por su entorno

El entorno ya vive totalmente fuera de esa realidad. Les cuesta reconocerlo. Normalmente, esa relación se vende como algo maravilloso y porque es lo que se ve desde fuera. Quien sí lo detecta, como es Pilar -la amiga de Marina- en esta historia, es a la primera que aíslan porque es la que hace que corra peligro la relación.

Y luego desde dentro, como Jaime la castiga con silencios o rompe la comunicación, de repente la premia y de repente la castiga... ella no entiende qué es lo que está bien y lo que está mal. Y ahí se pierde. Ahí lo fácil es echarte la culpa a ti.

En el caso de Marina introduces también un trastorno de la alimentación. ¿Por qué esa decisión?

Me interesaba porque ella no está cegada del todo. Se va dando cuenta de dónde está y de las cosas que está pasando por alto. No es que no se dé cuenta hasta que alguien la rescata. Ella sí es consciente y es muy común, por desgracia, que dentro de este tipo de relaciones se desarrollen esos trastornos.

Por la violencia que ejercen, por ese sometimiento que también es físico. Muchas víctimas sienten que eso es lo único que pueden controlar y como eso es, aparentemente, decisión de ellas y es una violencia que ejercen ellas contra sí mismas, lo traducen en control sobre sí mismas.

Quería plasmar eso y que quedara claro que, desde el primer momento, ella es consciente de lo que está haciendo. De hecho, lo busca en Google, que es algo terrible. Me interesaba jugar con esa consciencia de estar metida en una relación así que te está destruyendo y que tú lo estás viendo.

La novela arranca con la muerte del padre de Marina. ¿Querías con ello mostrar a una mujer más vulnerable?

Se me ocurrió casi al final. Empecé a escribir por el final. Lo tenía muy claro después de escuchar a mis amigas y de revisar también mis relaciones. Yo estaba llena de rabia, de culpa y de todas las cosas que también siente Marina en algún momento. Me estaba juzgando y no me estaba perdonando.

Haciendo un poco de trabajo y de introspección entendí eso. Que le puede pasar a cualquiera, pero que hay momentos en tu vida en los que estás más débil, que estás más vulnerable y que es más fácil que cedas a romper ciertos límites por el objetivo que tengas.

Cuando ya tenía resuelto el final y tenía que comenzar a escribir el principio, rebuscando un poco en mi vida, le regalé el duelo que yo viví hace muchos años con mi padre. Me apetecía hacerle ese homenaje a mi padre. Esa primera página fue de las últimas que escribí. Como abre el libro es como yo lo cerré.

O  sea que para ti, en cierta manera, también fue terapético, ¿no?

Sí, sobre todo con lo de mi padre. Yo pensaba que ya estaba el duelo completísimo hasta que lo empecé a escribir. Al plasmar los recuerdos que tenía y dárselos a Marina, ahí sí lo cerré.

Y sobre la diferencia de edad entre Jaime y Marina. ¿Por qué crees que la sociedad sigue viendo mejor una relación entre un hombre mayor y una chica joven que al revés?

Yo creo que romantizamos que una mujer joven esté con un hombre mayor porque significa protección, estabilidad, responsabilidad emocional... Como que todo es positivo y para él también. Se le ve como un triunfador. Tiene un trofeo. Al revés, se pone el foco también en ella pero para ridiculizarla.

Yo quería poner el foco en esa diferencia de edad y en cómo, una vez más, recae la culpa sobre ella y no sobre él. Siempre nos cuestionan a nosotras, pero a ellos nunca les preguntan, "¿qué haces con una chica de la edad de tu hija?" o "¿por qué te interesa estar con una chica a la que sacas 20 años?".

Al final, todo se reduce a tener poder sobre esa persona. Es imposible, o muy difícil al menos, establecer una relación igualitaria cuando tú tienes 20 años más de experiencia sobre ella y, por lo tanto, pues tienes más recursos de todo tipo.

En la novela también poco sobrevuela esa idea de que el amor puede ser tanto un refugio como una trampa...

Sí, claro. Marina busca ese amor urgente que cree que le hace falta. Y en realidad, el amor de su vida ella lo tiene a su alrededor. Es su amiga Diana, sus hermanos, su madre, el recuerdo de su padre también. Ella está rodeada de amor, pero ella compró el relato de que lo que le hace falta es el amor romántico.

¿Crees, sobre todo viendo a las nuevas generaciones, que hemos vuelto a normalizar cierto tipo de conductas que estaban superadas?

Creo que ahora nos están vendiendo otra vez los comportamientos y hasta la estética de los años 50 o 60. Las 'tradwives', el ponerse un mandilón, el cocinar muchísimo para tu pareja. Eso es bastante peligroso, la verdad.

Y dentro de este escenario te preguntaría, ¿es posible un amor sano?

Sí es posible construir una relación sana con sus altibajos y con todo, igual que con tus amigas o con tus hermanos. Como cualquier tipo de relación, tiene momentos de conflicto y no pasa nada. El caso es construirla bien. Si a tu amiga no le permitirías X cosas, a tu pareja tampoco. Y si a tu amiga o a tu amigo no le cedes el 100% de tu tiempo, pues a tu pareja tampoco.

Tienes que tener un espacio y un tiempo para seguir viendo a tus amigas y amigos. Hay como una jerarquía de relaciones en la que en el top siempre está el amor romántico y no tiene por qué.  Puede estar igual, al mismo nivel que otras, o sí, más si es lo que te apetece. Pero siempre conociéndote y sabiendo exactamente lo que quieres y no cediendo cuando hay cosas que te hacen daño. 

Esta novela surgió de una residencia artística. ¿Tenías clara la historia que querías contar?

Yo siempre quise escribir, pero no lo había hecho nunca. No sabía cómo empezar una novela. De repente, se me atravesó este tema. Entendí que, desde lo que me importa y lo que me emociona, iba a escribir mucho mejor. Escribí un par de párrafos y lo dejé un año ahí en un archivo.

Me apunté en el taller de escritura de Marta Giménez Serrano. Ahí lo empecé a trabajar y un año después entré en la residencia de la Cidade da Cultura. Ahí fue cuando ya entendí que esto iba un poco más en serio, que quizá podía intentarlo hasta el final.

Pero sí, tenía clarísimo que era ese tema. No tenía ningún otro en la cabeza. No tengo la suerte de tener varios temas y trazar varios escenarios. Mi cabeza no funciona así. De hecho, ahora me está pasando igual.

¿Siempre te gustó escribir entonces?

Sí, desde pequeñita. Y tuve la suerte de que en mi caso también lo valoraron siempre y no me dijeron esto es una ocurrencia de la niña y ya está. Siempre me tomaron en serio y creo que eso me ayudó también.

¿Y tuviste, como le pasa a muchos escritores noveles, ese síndrome del impostor?

Eso me pasó todo el rato. Me pasó en la residencia y me pasó cuando la editorial me llamó. Firmé el contrato y después de firmarlo pensé, tengo que llamarlos y decirles que lo rompan porque se van a arrepentir. Que este era el peor libro de su catálogo y que yo estaba desquiciada.

¿Escribir este libro en primera persona lo hizo más duro para ti?

Yo disfruté mucho escribiéndolo. Es raro porque es muy duro, pero el ejercicio de escribir en sí yo lo disfruto un montón. Al principio, mi idea era hacerlo en segunda persona, pero no tenía mucho sentido. Lo pasé a primera porque siendo una historia tan dura, necesitaba que quien lo leyese simpatizase con Marina. Es mucho más fácil si te lo cuenta la persona directamente, así que decidí ir por ahí.

Me imagino que eso ha provocado muchas preguntas sobre cuánto de Lucía hay en Marina y viceversa...

Fui consciente de eso y dije, pues ya está, lo aclaro y para adelante. No pasa nada. Pero me interesaba generar empatía y que, aunque tú sepas lo que va pasar o conozcas cómo es Jaime mucho antes que ella, entiendas a Marina y decidas darle la mano. Luego ya yo voy explicando que no todo me pasó a mí y ya está.

Y dentro de esta vorágine en la que estás, ¿ya tienes alguna otra idea en la cabeza para otra novela?

Sí. Tuve la suerte de empezar otra antes de enviar esta a la editorial. Lo hice con cero expectativas ni pretensiones, que es como mejor se trabaja. Cuando me llamaron por este libro, les dije que la segunda era mejor. Ahora, como esta está gustando tanto, ya lo dudo.

¿Está bastante avanzada?

La empecé en octubre del año pasado, pero ahora la tuve que aparcar un poco. Espero retomarla pronto.

¿Y estará, como Comerás flores, ambientada en Pontevedra?

Sí, eso me sale solo. Aunque ya llevo mucho tiempo viviendo fuera, cuando sueño sueño con Marín, con Pontevedra, con Santiago... con todos esos sitios que me marcaron. No es que lo decida, es que realmente me sale así.