Fue corrigiendo 'La biblioteca de fuego' - Premio Azorín de Novela 2022 -, cuando la protagonista de 'La fábrica de ángeles' se le metió en la cabeza "y ya no la podía soltar", dice la autora de ambas novelas, María Zaragoza. A pesar de haber publicado ya doce títulos "el lanzamiento de esta novela me ponía más nerviosa que ninguna otra" confiesa. Así que entramos en esas confesiones en el podcast 'Cara a cara'.
"Es íntimamente mía, hay muchas obsesiones personales y me estoy dando cuenta que nunca las había explotado", continúa diciendo esta narradora y guionista. Subimos otro peldaño para conocer esas obsesiones que ha llevado al papel: los años veinte del pasado siglo, los libros malditos y con leyenda, los incendios, las pioneras del cine mudo...
Dado que llegados a este tercer párrafo todavía no se ha escrito la coletilla 'thriller histórico', queda señalado. En 'La fábrica de ángeles' la historia arranca con el hallazgo del cadáver de la Sirenita de Ampurias, que aparece en el escenario del cabaré en el que trabajaba. Su propietaria, Adoración Venecia, colaborará con el inspector Kobler y el forense Miralles para esclarecer éste y otros brutales asesinatos que se están sucediendo.
Nos detenemos en aquella década: "es mi época preferida de todos los tiempos, en cuanto a arte, diseño, cine mudo, las cosas que empezaban a bullir y reivindicarse, la ropa… y es verdad que los he tocado muy poco en mi obra, salvo alguna referencia concreta", explica.
Reseña igualmente que también era un contexto temporal "de desigualdades muy grandes y palpables". Dualidad que se encuentra en la novela al entrar en esa noche madrileña de brillo y éxito y también del inicio de un mercado negro de drogas: "en aquel momento se había prohibido adquirir cocaína, heroína u opiáceos sin receta en farmacia porque unos cuantos ricos se habían muerto de sobredosis" anota.
Pasando a otra de esas obsesiones, ¿de qué libros malditos habla?. "Me temo que muchos libros enloquecen a las personas antes de haberlos leído, eso es parte de su magia. A pesar del esfuerzo de abrirlos y leerlos, incluso cerrados, hay quien los ve amenazantes" argumenta.
Una novela negra, aunque de sus palabras se extrae que no es su objetivo al escribir: "no las escribo habitualmente porque necesito que eso justifique que esté contando otras cosas". Y esas otras cosas que alberga 'La fábrica de ángeles' es la necesidad de unas mujeres por estar y ser libres.
Estar y ser libres también de violencias múltiples: "está la violencia evidente de los crímenes a mujeres. Hay otra menos evidente, la violencia de género, en aquella época integrada como algo normal, aunque alguna de las protagonistas no lo ven así. Y las violencias sutiles, que serían todas las que tienen que ver con aplastar la libertad de la mujer" .
"El pie del que parte esta novela es el momento en que ese grupo de mujeres intenta ser libre, no de una forma organizada, sino intuitiva, un poco salvaje. Muchas se vincularon con el espectáculo para hacer otras cosas por detrás, porque deseaban hacerlo. A veces la libertad es la expresión de un deseo si no haces daño a nadie", explica Zaragoza.
Mujeres de ficción bocetadas a través de quienes sí vivieron, como las bailarinas y mitos eróticos Carmen Tórtola y Anita Berber, o el artista transexual Flor de Liss. Éstas cruzan líneas en la novela con la fotógrafa Silveria Fañanás y su marido, Ramón y Cajal, con la escritora María de la O Lejárraga, o con la norteamericana Anna Coleman, escultora que fabricó máscaras hiperrealistas para soldados con rostros mutilados.