Pepón Montero: "¿Qué hay más real ahora mismo que el problema de la vivienda? Era inevitable tocarlo en Poquita fe"

Pontevedra
28 de diciembre 2025

Está nominado, con Juan Maidagán, al Premio Feroz al mejor guion. Este viernes participó en la proyección de la serie y en un debate en el Teatro Principal de la programación previa de los galardones

Pepón Montero, en el Teatro Principal de Pontevedra
Pepón Montero, en el Teatro Principal de Pontevedra / Bea Ciscar | Concello de Pontevedra

Pepón Montero (Madrid, 1963), está nominado, con Juan Maidagán, al Premio Feroz al mejor guion de una serie por Poquita fe.

Como cocreador, este viernes visitó Pontevedra y participó en la proyección de la serie y el debate organizados en el Teatro Principal dentro de la programación previa a la entrega de los galardones en la ciudad. Le acompañó Julia de Castro, nominada como actriz de reparto.

Dos temporadas y las dos con nominaciones en los Premios Feroz. ¿Qué tiene Poquita fe para gustar tanto? 
Es un misterio, no sabemos qué ha pasado. El propósito primero fue hacer una de risas, de verdad. Siempre lo dices cuando escribes comedias, pero dijimos: vamos a forzarnos a hacer risas. Y eso creo que lo hemos conseguido. Y la risa es super agradecida, lo notas, la gente nos tiene cariño. Y, luego, creo que Raúl Cimas y Esperanza Pedreño tienen una química, una ternura entre ellos... que les quieres. Eso no es del guion, es de ellos. Creo que es la mezcla de las dos cosas, que te rías y que les quieras. Cuando terminó la primera, la dejamos un poco en el aire, ellos se quedan dando vueltas en la boda rumana, y la gente nos decía en los pases: "Pero no se separan, ¿no?". La gente no quería que se separaran.

El hecho de ser ellos dos, que los dos son grandes cómicos, ¿ayuda a la hora de trabajar? 
Claro, se agradece un montón. No hacen morcilla, no añaden nada a los diálogos, pero cómo enriquecen, las miradas, las pausas...

Vamos, que han dado su toque personal.
Eso. Pero ellos dos y todos los demás, los suegros; Marta Fernández Muro; Julia de Castro; el vecino; los de la delegación, que son un mundo... todos. Además, cada uno es de su padre y su madre y a mí siempre me ha gustado eso en los castings, en los elencos. Mezclar, que no sean monocordes, que no sean de la misma escuela.

Al margen de los actores, los personajes en sí, José Ramón y Berta, ¿por qué atrapan al espectador? 
Creo que hay tanta maldad en el mundo, tanta mala leche en el mundo en el que estamos, está todo el mundo como hirviendo, que dos personajes tan pánfilos, tan cándidos, que no tienen un mal sentimiento, que son muy buena gente, funcionan. Y creo que se echa de menos la buena gente en el mundo.

Los ingredientes son sencillos, una pareja y su día a día. Sin embargo, pues de la normalidad lográis hacer algo extraordinario.
Cuando dicen "vaya dos personajes grises y todos los que les rodean qué mezquinos", pues yo digo que creo que me reconozco en ellos dos. Todos tenemos un poco de ellos y creo que que eso también es lo que los hace muy cercanos. Y luego el día a día que creo que es algo que traemos de fábrica, Juan y yo, de cómo mirar la realidad. Si te fijas, en cualquier detalle, vas a comprar el pan y miras a la señora que tienes detrás, a la hija del panadero… Si tú estás con un ojo abierto, la realidad es super rica y si te fijas, es absurda y está llena de momentos. Todos los días, si te fijas, siempre hay momentos absurdos. 

Esas escenas, entonces, ¿salen de momentos del día a día que vivís vosotros?
No están copiadas, todas son inventadas, pero sí, la inspiración viene de ahí. Y hay personajes que son del barrio.

Como actriz de reparto está nominada Julia de Castro. Su papel a veces es delirante. ¿Os inspiráis en alguien? 
No, los personajes son inventados también. Tú tienes referencias y, cuando escribes, al final tiras de tu vida, pero yo no la identificaría con nadie que conociera, igual es una mezcla de todo. Cuando nos inventamos la serie, el personaje era un chico, era un cuñado en vez de una cuñada, y nos dimos cuenta de pronto que tenía mucha más gracia la rivalidad entre hermanas. Cuando hay una pareja, siempre es el niño el mimado, pero, entre dos chicas, que la mimada sea una de ellas, nos hizo mucha gracia.

No os limitáis en esta serie a lo políticamente correcto, desde luego. ¿Crees que puede ser también clave del éxito?
A mí, en principio no me gusta ofender a posta, pero tocar un poco los huevos a ciertos sectores, me parece bien. También me gusta ver a todo el mundo con sus vulnerabilidades, sus debilidades, aunque sea un hijoputa. Por ejemplo, en la segunda temporada, el chaval que pinta el graffiti, dije: a mí me resulta más gracioso y más cercano un chaval normal que se le ve que está perdido en el mundo y que lo único que ha encontrado es esto. No tratamos de ser políticamente correctos o no. Cuando tratas, por ejemplo, el tema de la homosexualidad de la cuñada, lo puedes escribir como un panfleto a favor o en contra, pero a mí me gusta encontrar a la persona. En la comedia tienes que buscar a las personas. Ella no es una lesbiana que representa a nadie, sino a ella misma.Y yo creo que por ahí se consigue más verdad que de la otra manera.

¿Es más complejo hacer humor de lo absurdo o de lo cotidiano?
Es que yo creo que lo cotidiano es muy absurdo.

En la segunda temporada, uno de los hilos conductores es el problema para conseguir piso. ¿Por qué habéis querido traer este tema?
No sé cómo estará en Pontevedra, pero en Bilbao, en Barcelona, en Valencia... están mal en todas partes y en Madrid es un tema muy urgente ya y creo que está en el aire y está en la vida de todos y si no te afecta a ti en concreto, seguro que tienes un hermano, un primo, un vecino, unos padres o unos hijos. Esta serie va de la vida de verdad. Aunque sea surrealista, absurda, es real. ¿Qué hay más real ahora mismo que el problema de la vivienda? Era inevitable. 

¿Retractáis la realidad del año de 2025 o incluso os quedáis cortos? 
Yo creo que cortos. No sé cómo estará en Pontevedra, pero, desde luego, en Madrid, nos hemos quedado cortos. No sé de qué manera, pero va a explotar.

El formato varía en la segunda temporada un poquito con respecto a la primera, ya no es un capítulo por mes. ¿por qué cambiar lo que funcionaba? 
Porque me aburría. Jajaja. Igual que si hacemos tercera, vamos a cambiar otra vez. Le dije a Movistar: tengo la intuición de que no haría lo mismo otra vez. Y la comedia a veces funciona intuitivamente y te dejas llevar. Creo que también eso nos ha forzado a que los capítulos tengan una velocidad mayer, son un poco más veloces, más cortas las tramas, se intercambian más. La gente no se da cuenta, pero es así. Y por eso creo que igual ha funcionado, porque hay algo nuevo aunque no se note, aunque sea lo mismo. 

¿Y por qué este formato breve de capítulos tan cortos? 
Porque primero dimos con la forma de contar. Hace un montón de años escribimos unos sketches para Film Commission de Miami que luego no se hicieron y uno de ellos era un making off falso y estaba contado así. Dijimos: algún día haremos eso. Y un día nos pusimos y nos lanzamos. Primero fue la forma de contar y luego buscamos qué historia contar.

Es inevitable pensar en Cámara café. ¿Qué hay de un proyecto en el otro? 
Nosotros solo escribimos la primera temporada de Cámara Café. Aquello era casi un teatrito donde lo importante eran los diálogos y yo creo que hicimos un ejercicio bueno que fue escribir diálogos rápidos y contar historias en muy poco tiempo y esto creo que es una evolución del lenguaje, de la narrativa. Por fortuna hemos avanzado.

¿Cuál es el siguiente reto profesional que te marcas? ¿Seguirás con Juan Maidagán? 
Sí. Ahora, si hacemos la tercera, seguro que sí, lo que no sé si vamos a hacer la tercera. Y luego me gustaría encontrar algo que fuera un reto que no me aburra.

¿Tenéis algo en cartera? Ahora, con este éxito, lo tenemos más fácil que otras veces.
A mí me gustaría hacer una película. Si todo sale bien, haremos la tercera y ya llevamos dos temporadas de Justo antes de Cristo y ya estoy un poco harto de series. Cambiaría de registro. O teatro.

No podemos terminar sin preguntar. ¿Es tan absurda la vida como la que ponéis en la pantalla? 
Ya te digo que sí. Hoy he estado en la estación de Chamartín, que está en obras, y ves a la gente entrando, saliendo, todo en obras... Es que, si te paras a pensar un momento, esto es un disparate. 

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