Hay ideas que crecen dentro de nosotros como semillas rebeldes, tenaces. Sueños que nos acompañan durante años, proyectos que esbozamos en libretas o en conversaciones de café, y que a veces —solo a veces— vemos florecer en otra persona con una belleza tan rotunda que, lejos de la envidia, lo que sentimos es una alegría íntima, una especie de júbilo compartido. Eso es exactamente lo que me ocurrió con Mauro Lomba.
Arquitecto, sí, pero también creador de espacios culturales. Su estudio Nemonon es mucho más que un lugar de trabajo: es un espacio que respira arquitectura, arte y pensamiento. Un laboratorio estético y ético, donde la piedra, la luz y el silencio conviven con exposiciones, encuentros y experimentos creativos.
Mauro no solo diseña edificios: diseña formas de habitar, de mirar, de estar en el mundo. Y lo hace con ese talento raro que combina sensibilidad y rigor, visión y discreción. En una ciudad como Pontevedra, donde a veces cuesta hacer cosas nuevas sin pedir permiso, él ha levantado su propio universo, sin alardes, pero con profundo calado.
Sentarse a hablar con Mauro es como entrar en una casa bien hecha: todo encaja, todo serena. Y, de paso, aprendes a mirar el mundo de otro modo.
- Dime una pregunta que no te guste que te hagan.
Ninguna. Me gustan las preguntas diferentes.
- ¿Cómo es tu relación con Pontevedra?
Disfrutona y muy buena. Una ciudad de amigos y amigas.
- ¿Cómo te definirías?
Extrovertido, emocional-sensorial, tenaz…
- ¿En dónde te ubicas: generación baby-boom, X o millennial?
Pues me siento muy joven, un auténtico millennial (risas). Creo que nunca me voy a jubilar.
- ¿Cuáles dirías que son las características de tu generación?
Somos una generación que valora lo tradicional y conoce lo que es el sacrificio porque pudimos estudiar gracias al esfuerzo notable de nuestros padres.
- Hace unos meses reabrías, en una nueva localización, tu sala Nemonon, ¿cómo lo viviste?
Pues encantado porque me reencontré con muchos amigos y amigas a los que aprecio y además el nuevo espacio creo que se parece más a mí porque está a pie de calle, permite dialogar más con la ciudad.
- ¿Qué idea crees que transmite Nemonon?
Es un espacio tolerante abierto a la cultura. Creo que transmite una forma de pensar frente a la sociedad actual. Creo que con nuestras vidas y actividades tenemos el deber de transmitir un mensaje, cada uno desde su responsabilidad. Soy una persona a la que le gusta hablar y que cree que si tienes una buena idea y la sospecha de que puede funcionar, tienes que hacer algo.
- Como profesional de la arquitectura, ¿cómo ves Pontevedra?
Es una ciudad amable, en la que he criado a mis hijos y desde la que he desarrollado mi trayectoria profesional, pero urbanísticamente hablando, creo que no basta con la celebrada accesibilidad. Deberíamos aprovechar la oportunidad para poner en valor la calidad de los espacios públicos, proyectar las nuevas edificaciones atendiendo a las necesidades de las personas, pero sin olvidarnos de transmitir belleza hacia el espacio público. Respecto al casco histórico, está sin uso ni actividad económica, salvo la hostelería, y con una gran dificultad para ponerlo en valor si no hay voluntad política que favorezca y agilice su rehabilitación. Dentro de 50 años tendrán que estudiar nuestra aportación a la arquitectura y verán que lo único que hemos hecho ha sido discutir la conservación. No hemos aportado nada, porque además en lo que conservamos nos limitamos únicamente a eso; se obvia la segunda parte, que es mantener vivos los espacios.
- ¿Qué es la amistad?
Saber escuchar y apoyar siempre sin condiciones.
- Si pudieses viajar en el tiempo, ¿irías al pasado o al futuro?
Al Renacimiento a participar del bullicio.
- Una parte de tu casa que te apetezca intervenir, ¿por qué?
Ahora tengo que esperar a que se vayan de viaje en casa para poder hacer lo que tengo en mente (risas). Realmente siempre hay algo que mejorar. La arquitectura está viva y tiene que mejorar la calidad de vida partiendo de dos premisas que cualquier piso debería tener: sensación de refugio y visión en profundidad, crear hogar y poder ver la lejanía…
- Dime una canción que te emocione.
El Ave María de Caccini.
- ¿Frío o calor?
Frío.
- ¿Un libro?
El artesano de Richard Sennett.
- ¿Cuándo dijiste por última vez "te quiero"? ¿A quién?
A mi mujer muchas veces, pero soy más de abrazar que de hablar.
- ¿A quién te gustaría ver en esta sección?
Pues a Mario Diz, director de la Orquesta de la USC.
- Y por último, ¿qué vas a hacer en cuanto termine esta entrevista?
Pues tomarme un vino con dos amigos que estoy viendo desde aquí y que hace tiempo que no veía.
Para Mauro, Pontevedra sabe a algo poco intenso, huele a salitre, es de color piedra y madera y suena a pájaros de mar. Definitivamente, Mauro Lomba siente Pontevedra.

EL CUESTIONARIO
− Nunca salgo de casa sin… un pañuelo.
− En mi nevera siempre hay… salmón ahumado y champán.
− En mi armario destaca… el negro.
− La edad es… el espíritu abierto a adaptarse a los cambios.
− Siempre fui el ojo derecho de… muchas personas.
− Pontevedra tiene alma de… rincones amables.
− Creo en… la sociedad, la unidad, la bondad.
− El año que marcó mi vida fue… los primeros en mi casa familiar y cuando conocí a Maricarmen.
− El mejor regalo que me pueden hacer es… charla con un vino.
− Mi lugar en el mundo es… un claro en el bosque.
− Si no pudiese vivir en Pontevedra viviría en… una ciudad con mucha actividad.
− Mi momento favorito del día es… una tarde-noche con música.
− Pontevedra… mi casa.